Agregar valor a los granos, una oportunidad que no debería dejarse pasar
El país cuenta con producción, tecnología, capacidad industrial y puertos estratégicos. La falta de infraestructura, financiamiento y políticas de largo plazo aparece como el principal obstáculo para dar el salto.
La cadena agroindustrial en Argentina emplea a unos 4,2 millones de trabajadores, lo que representa aproximadamente el 22% del empleo privado total del país.
Esta cifra abarca no solo el trabajo rural primario, sino toda la red de valor que va desde la producción de insumos hasta la comercialización final.
Visto desde otro ángulo, la producción primaria ocupa el 33%, el comercio el 27% y la industria de transformación sólo el 22%.
Por ello, hay que tener claro en donde se tiene que enfocar el esfuerzo para aumentar este número clave para la generación de riqueza: en la Industria de Transformación.
Argentina se destaca por tener liderazgo en ciencia y tecnología aplicada al agro, y tiene grandes núcleos logísticos como la zona Santa Fe–San Nicolás, Necochea y Bahía Blanca, en donde se realizan las tareas de transformación, que podrían incrementarse significativamente.
Es probable que lo que falta es una política de estado que aliente a este segmento tan importante, más en momentos en que una crisis mundial, sin precedentes desde la post guerra, nos ofrece una oportunidad única para colocar alimentos en el mundo.
Es cierto que hay temas, de los cuales mucho se habla y poco se ha hecho, que hacen un cuello de botella al aumento de producción e industrialización. En primer término, los costos logísticos, al tener la prioridad del camión sobre el ferrocarril, con el costo superior que esto significa, encarece el traslado hacia los puntos de proceso o de exportación.
Se habla de mejorar los ferrocarriles de carga, pero muy poco se hace. Ahora parece que el Belgrano cargas sería una prueba para verificar si se hace algo al respecto. Los demás ferrocarriles graneleros siguen con sus porcentajes de carga transportada congelados por años por la mala situación de las vías y la obsolescencia del material rodante.
También una solución sería instalar plantas cercanas a la producción y trasladar el producto terminado, bajando el costo de fletes.
La presión impositiva, de la cual al estado le cuesta mucho desprenderse porque es una caja de alto valor y de fácil recaudación, le quita a Argentina competitividad en comercio exterior porque en otros países se apoya a la producción, y, hasta en algunos casos, se la subvenciona. Se habla de reducciones progresivas, pero hasta el momento poco es lo visto.
Y hay un tema importante al momento de pensar en invertir. El acceso al crédito a largo plazo para la compra de bienes de producción, maquinaria pesada y silos de última generación es muy limitado y caro. Esto debiera encararlo el estado, con políticas de aliento en programas de largo plazo.
En cuanto al proceso industrial en sí, nuestro país posee instalaciones para procesar más materia prima que la que se produce. Hay alta capacidad ociosa en las plantas, casi todas instaladas en las cercanías de los puertos de exportación.
La soja es la que manda en el volumen procesado, seguida por maíz y girasol, todos productos de alta demanda mundial y de los que Argentina tiene grandes excedentes. Se transforma el poroto en harina proteica, aceite y subproductos de alto valor. A diferencia del maíz y el trigo, el procesado de la soja está masivamente volcado a los mercados globales mediante el proceso de crushing.
El trigo se industrializa para harinas tipificadas, premezclas industriales y subproductos para nutrición.
Con el maíz se hace molienda seca para alimentación e industria cervecera y alimenticia y molienda húmeda para aceite, alcohol, jarabes de alta fructuosa para la industria de bebidas y alimentos procesados.