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Es el policía del pueblo, comparte equipo con su hijo y superó los 100 partidos en Pacífico de Cabildo

“La de ayer fue una tarde soñada, inolvidable, el mejor regalo que me dio el fútbol”, contó, emocionado, Juan Pablo Molina, uno de los máximos referentes del plantel superior del Tifón.

Fotos: Gentileza Matías Salvador y Facebook Pacífico de Cabildo

“Fue un día soñado, imposible de describir en palabras, el mejor regalo que me dio el fútbol y un premio que Dios tenía destinado para mi y mi familia”.

La emoción lo hacía hablar más de la cuenta y dio mil vueltas para definir lo que sentía. Pretendía contar todo al mismo tiempo y por eso le pedí, a modo de consejo, “Tranqui, no nos corre nadie”.

Y ahí calmó la ansiedad. Ayer, Juan Pablo Molina, referente de Pacífico de Cabildo experimentó una tarde muy distinta en una cancha de fútbol, que le quedará grabada a fuego en el alma y en el corazón por el resto de su vida.

El “Tifón” venció 3-0 a Dublin, consiguió su segundo triunfo en la temporada (el otro fue por la fecha 12 del Apertura, 2-1 a Olimpo), “Juanpy” marcó un gol y el club lo reconoció con una camiseta y el N° 100, que es la cantidad de partidos que cumplió y también superó --lleva 119-- en el verde.

Aunque el mayor estado de exaltación lo iba a tener en el vestuario, horas antes del encuentro y cuando sabía, después de “pucherear” al momento de ver la lista de convocados, que se iba a cambiar al lado de su hijo Thiago (17 añitos), convocado por primera vez al plantel superior (estuvo en el banco y no ingresó) que hoy orienta técnicamente Gabriel “Oaky” Ginder.

“Soy y somos privilegiados, son imágenes que recorrerán mi mente muy seguido hasta que se conviertan en recuerdos inolvidables. No salí campeón nunca, pero esta sensación es lo más lindo que me pasó como jugador”, indicó el cerrense de 39 años, que siempre jugó de punta hasta que empezó a retroceder en el campo: volante creativo, después de contención y ahora lateral por la derecha.

Sus inicios fueron en las infantiles de Sansinena, entidad donde jugó su padre Juan Carlos y su hermano “Juanchi”, después pasó a las menores de Olimpo, en 2004 se puso de novio con Pamela Barreiro, en 2005 dejó de jugar cuando se enteró que iba a ser papá de Abril (hoy futbolista de la Liga Universitaria) y en 2006 empezó a hacer el curso como aspirante a la Policía de la provincia de Buenos Aires.

“Ese mismo año me fui a vivir a Cabildo, en 2009 nació Thiago y cuando la vida me dio cierto respiro, volví a jugar en 2014, en Pacífico, de donde no me fui nunca más”, sostiene el “Sheriff” del pueblo, como lo suelen llamar aunque él prefiere silbar bajito y ser el “policía del destacamento cabildense”.

--En algún momento, ¿te tocó ir a cubrir algún partido como parte de un operativo?

--¿En Cabildo? Sí, varias veces. Y me he preguntado “¿Qué hago acá?”, quería estar adentro de la cancha, agarrar la pelota, porque siempre estuve bien físicamente y en esas épocas me seguía sintiendo futbolista.

Juan Pablo es nieto del famoso “Rompe huesos”, histórico casero y canchero de Sansinena, y primo hermano de los Flores (Caito y Darío) y los Fierro Molina, otros que dejaron una sentida huella en el club “tripero”.

“A mediados de este año tenía pensado retirarme, pero el fútbol me tenía otra sorpresa. Igualmente, por más que con Thiago hablamos siempre, porque le decía que le siga metiendo, que ya le iba a tocar, nunca imaginé que se iba a dar en la segunda fecha del Clausura. Por algo Thiago me insistía para que no largue todo, je, je”, relató mientras repasaba la foto del abrazo con su hijo.

“A todos los apasionados de este deporte les digo que ojalá tengan un segundo para vivir lo que viví yo, casi a los 40 años y con la responsabilidad de llevar adelante una familia y un trabajo con mucho compromiso humano y social”, argumentó entre risas, preguntando “¿En serio?” cuando le manifesté que en Cabildo, muchos, antes de llamar al 911 se comunican primero con él.

“Es cierto, pero siempre les digo que hay que llamar al  911 para que quede la conversación grabada”, deslizó desde el punto de vista de servidor social.

--Vamos a lo futbolístico, ¿mejoró el Tifón con la llegada de Ginder?

--Si, bastante. Es un entrenador de la vieja escuela, habla poco y es sencillo, pero se sabe hacer entender. Me felicitó por todo lo que viví, pero no me quiero olvidar del cuerpo técnico anterior, el de Gabo Dietrich y Silvio Pagalday, ellos hicieron mucho por la Primera del club.

--¿Vas a seguir?

--Hasta fin de año seguro, después veremos. En 2027 se vienen los 100 años del club y quiero estar, pero ahora el deseo pasa por terminar este campeonato y ver cómo me puedo preparar para lo que vendrá.