Detalles y memorias del canal que modificó la vulnerabilidad de la ciudad
La autoría de la obra fue disputada por Domingo Mercante, gobernador, y Juan Domingo Perón, presidente, y puso fin a 70 años de repetidas inundaciones.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Un canal de hormigón cruza la ciudad desde hace casi 80 años, entre el parque de Mayo y el estuario, casi como una herida absurda. Sigue un trazado recto, alejado del cauce sinuoso del arroyo Maldonado que le dio origen. Es el resultado de una obra de ingeniería ideada en 1948 por la Dirección de hidráulica de la provincia, buscando poner punto final a las inundaciones provocadas por los desbordes del arroyo Napostá cuando se registraban lluvias en su cuenca.
El canal es parte de un proyecto inconcluso, considerando que la propuesta original incluía el embalse del Napostá a la altura del puente Canessa.
Lo que sigue son algunos rasgos, curiosidades y detalles de una obra que puso punto final a las inundaciones y que ahora triplicará su capacidad para tener capacidad de respuesta ante un fenómeno similar al del 7 de marzo de 2025.
Legado de Mercante, obra de Perón
El canal Maldonado es una obra justicialista. A lo largo del siglo XX la municipalidad realizó decenas de gestiones ante la provincia solicitando una obra que pusiese punto final a las inundaciones provocadas por la imposibilidad del Napostá de evacuar el agua de las lluvias importantes registradas en su cuenca.
El Maldonado como arroyo no colaboraba en nada. Era un cauce insignificante, que permanecía cerrado en el tramo que cruzaba del parque de Mayo y que no servía como aliviador, ni como brazo auxiliar, ni como nada.
Cuando en 1948 la provincia presentó una propuesta hídrica, la misma consistió en reconvertir al Maldonado en un gran canal, dragar y embalsar el Napostá a la altura del puente Canessa, en el camino La Carrindanga.
El gobernador Domingo Mercante sacó inmediato provecho de la obra como mérito de su gestión, un logro de la provincia. Sin embargo el presidente Juan Domingo Perón, desde Nación, dejó en claro que el logro era producto de su política. Cuando Eva Duarte, primera dama, visitó la ciudad en noviembre de 1948, dejó en claro que era más un aporte de Nación que de la provincia. Los textos de la época dan cuenta de esa doble lectura.
“Se puede apreciar el beneficio que reportará el canal Maldonado una vez completado con el embalse que permitirá el aprovechamiento de sus aguas y que será un factor de progreso. Habrá que agradecer al gobierno del primer estado argentino, a cargo del coronel Domingo Mercante, que ha impreso a su labor un ritmo dinámico y revolucionario que lleva a consagrar estas magníficas realizaciones”.
Por otro lado, se mencionaba que los 10 millones de pesos destinados a la obra “llevan el sello revolucionario de todo lo encarado por Juan Domingo Perón, el conductor de La Nueva Argentina, realizador y patriota, constructivo a inspirado gobernante. Bahía Blanca tiene la obra que necesitaba porque los mandatarios viven y sienten los anhelos del pueblo”.
El diseño del derivador en el parque –terminado en 1951-- también generó una lectura sobre la autoría del trabajo. “El vertedero permitirá que los caudales excepcionales sean derivados al canal. Quedan así protegidas de las inundaciones las villas y poblaciones con esta magnífica obra del general Perón que cumple una vieja aspiración de esta gran ciudad, tras haber sufrido por más de 50 años el desborde del manso y a la vez artero Napostá”.
Costos y paseos
Cuando en 1948 comenzó la construcción del canal, el presupuesto era de 10 millones de pesos, equivalentes a 2,2 millones de dólares. Fue el año en que el presidente Perón ninguneó a la moneda norteamericana al pronunciar su célebre frase: "Dicen algunos que no tenemos dólares. Yo les pregunto, ¿han visto alguna vez un dólar?”. Cuando en julio de 1951 la obra quedó terminada, el dólar cotizaba a a 24 pesos, con lo cual el presupuesto se disparó a 52 millones de pesos.
La idea de generar un paseo a partir del canal fue parte del diseño original. “El canal ya tiene su base de cemento entre el balneario Maldonado y la calle Rio Colorado (hoy Don Bosco), habiendo comenzado el hormigonado de los taludes. La canalización incluye obras de arte y puentes, más dos avenidas laterales que partiendo del parque de Mayo llegarán hasta el mar, las cuales serán arboladas y mantenidas en buen estado, sumando un hermoso paseo”.
Cuando las excavadoras llegaron a la avenida Alem, se habían extraído 120 mil m3 de tierra, de los cuales 80 mil fueron utilizados para rellenar las calles de los barrios aledaños, a pedido del propio vecindario. Esa tarea de excavación demandó un exigente trabajo.
“Para la rotura de la tosca se gastaron 60 mil kilos de explosivos. Fue inevitable la destrucción de árboles, unos 500 ejemplares en el parque, mientras que en los 7 kilómetros del canal fue necesario quitar unas 3.500 plantas, tamariscos en su mayoría”.
El canal y sus momentos
Que el mantenimiento del canal corresponda al estado provincial fue siempre un problema, porque la provincia nunca tuvo un plan periódico de tareas en ese sentido. Por eso eran habituales situaciones como las de las fotografías, con las malezas creciendo en el fondo y en los taludes, avanzando entre las juntas, fisurando las placas y provocando que sean presa fácil del agua.
En la mayoría de los casos era personal municipal el que se encargaba de mejorar esa situación.
La cantidad de agua que transporta el canal a lo largo del año es casi nula, apenas un hilo. Es poco habitual que supere el 20% de su capacidad. Si bien hubo propuestas para generar un embalse y así disponer de un caudal que permitiera realizar algunas actividades “náuticas”, eso nunca ocurrió. Sin embargo, en algunas épocas, los pequeños se las ingeniaban para disfrutar del agua.
En las décadas del 60 y 70 la posibilidad de captar agua del surgente que desagotaba en el canal era aprovechada por los vecinos ante la carencia de agua de red. Una maniobra que exigía cierta destreza y equilibrio, apoyados en el talud sosteniendo un balde. Si hay miseria que no se note.
El canal nunca tuvo una protección lateral demasiado confiable. En más de una ocasión, hasta nuestros días, se ha producido la caída de algún vehículo en su interior. En este caso, década del 70, una Estanciera, la inolvidable camioneta todoterreno producida por Industrias Kaiser Argentina (IKA), ha quedado volcada en su fondo.
El trazado y los puentes
Cuando en 1950 las excavadoras ingresaron al parque de Mayo para abrir el canal, entidades y vecinos cuestionaron la intervención ya que la misma exigía que se talaran unos 500 árboles en el sector del parque Municipal. Por eso plantearon a la provincia un trazado alternativo, el cual fue debatido durante meses. Por cuestiones técnicas, operativas y de costos finalmente se mantuvo el trazado tal cual lo conocemos hoy.
La mayoría de los puentes sobre el canal son fundacionales, construidos con la obra original. Salvo los ejecutados a mediados de los 80, durante la administración de Jaime Linares. Uno de los que resistió los embates de la crecida de 2025 y se mantiene operativo data de esta época: es el que está a la altura de calle Zelarrayán. Una fotografía de 1987 muestra el paso de un Citröen 3CV. Al fondo se ve el cartel de una gomería que todavía sigue operativa y cuyos encargados se han ocupado de colocar gomas para indicar el sentido de circulación del lugar a partir de la catástrofe.
Dos puentes ferroviarios cruzan el canal, con la particularidad de ser anteriores a su construcción, es decir que su diseño se ajustó al cauce original del arroyo. Uno es de 1899 y corresponde al ferrocarril a Neuquén, el otro de 1905, construido por el Bahía Blanca al Noroeste. Este último fue cuestionado en varias ocasiones al detectarse que conformaba un obstáculo al escurrimiento del agua.
Si el canal ha sido descuidado a lo largo del tiempo, no fue menor el estado calamitoso que supo tener la zona del partidor, más parecido a un bosquecillo que a un embalse. Si bien no se tienen todavía precisiones del proyecto a desarrollar con la ampliación del canal, la provincia ha anticipado su voluntad de generar en el lugar una suerte de embalse de carácter recreativo.
Final
A principios de año comenzó la readecuación del canal, de modo de triplicar su capacidad. Al igual que en 1948, se comenzó desde el estuario hasta calle Don Bosco, en la denominada Etapa II. Se trata de una obra compleja, que incluye nuevos puentes, la reconstrucción completa del revestimiento y un particular tratamiento paisajístico que incluye la construcción de plazoletas sobre el canal y 15 nuevos puentes.
Si se cumplen los pasos previstos, si no hay problemas con la financiación de la obra por parte del estado provincial, si se cumplen en tiempo y forma las cuatro etapas que faltan, el nuevo conducto podría estar terminado en 2032. Una situación preocupante ante cualquier lluvia importante en la cuenca del Napostá –al estar el canal en obra--, un riesgo que debe asumirse para estar en condiciones de soportar un fenómeno como el ocurrido el 7 de marzo de 2025, el cual, señalan los especialistas, es esperable para el año 2125, aprox.