Lomos de burro: se mejoran unos, se quitan otros y se agregan nuevos
Los nuevos reductores son del tipo “lomada”, en vez de los serruchos o mesetas que se usaban anteriormente.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
La municipalidad comenzó la adecuación de 74 lomos de burro ubicados en distintas calles de la ciudad, los cuales tiene hoy un diseño considerado inconveniente. Los mismos serán transformados en lomadas más amigables que funcionen como reductores de la velocidad.
La intervención incluye además la demolición de 11 lomos existentes y la construcción de 15 nuevos.
La obra tiene un presupuesto oficial de 176,6 millones de pesos y un plazo de ejecución de 60 días.
La adecuación se relaciona con la reciente ordenanza del Concejo Deliberante que modifica la normativa que rige en la materia, estableciendo cuestiones técnicas relacionadas con el diseño de los lomos.
Los reductores serán del tipo “lomada” –no serrucho o mesetas como los actuales-- con una altura máxima de 7 cm en su punto medio, un ancho de cuatro metros y una pendiente suave transición al pavimento.
Deberán estar demarcados con pintura vial amarilla y con una cartelería que anticipe su presencia.
Los lomos
Criticados por los automovilistas, cuestionados por especialistas, pedidos por los vecinos y hasta mencionados como elementos anticonstitucionales, los lomos de burro siguen siendo uno de los recursos más frecuentes a la hora de buscar reducir la velocidad de marcha vehicular.
En vías y arterias con significativa presencia de peatones, estos elementos logran reducir la velocidad hasta 20 km/h, mientras que otros de forma más robusta pueden llevar a la detención total.
La normativa considera ahora distintas formas de acuerdo a la calle en la cual se construyen. Los habrá de forma de lomada con senda peatonal y los que presentan pasos sobre elevados.
Bumps y Humps son los modelos propuestos por el CD. Los bumps son más pequeños, tienen de 30 a 60 centímetros de ancho y exigen una interrupción brusca de la velocidad. Los humps, por su parte, tienen un ancho de 4 metros y permiten ser atravesados a una velocidad más controlada y suave. La elección entre uno y otro depende de la cantidad de tráfico y de la velocidad deseada.
Las lomadas ya materializadas mejoran sustancialmente el paso de los vehículos, al no generar una respuesta dañina para el vehículo, al tiempo de obligar a reducir la marcha.
Los lugares
Se está materializando la modificación o retiro de 88 reductores, de las cuales 74 corresponden a serruchos o mesetas. La calle con más elementos a reformar es León de Iraeta, en el barrio Palihue, con nueve lomos.
La siguen Avenida Buenos Aires, con siete, Zelarrayán, con seis, Parera, Pilmaiquén y Tres Sargentos, con cinco cada una, y las avenidas Fortaleza Protectora Argentina y 14 de Julio, con tres cada una.
Se colocarán nuevos reductores en Fortaleza Protectora Argentina al 700, 14 de Julio al 3600, Parera al 3200, Cruz del sur 30, Castelli 1900, Vieytes 1800 y Sixto Laspiur 1800, y se eliminarán los existentes en León de Iraeta 280, los tres existentes en la avenida Buenos Aires y el de Sixto Laspiur 2085.
La obra totaliza la demolición de 560 metros cuadrados (m2) de lomos existentes, la construcción de 2.889 m2 nuevos con el uso de 360 toneladas de asfalto en caliente.
Las opiniones
Los lomos de burro siempre están en el ojo de la tormenta. Algunos especialistas los consideran útiles en zonas sensibles y aseguran que cruzarlos no daña los autos si se los atraviesa a baja velocidad.
Las críticas más frecuentes se refieren a que pueden provocar pérdida de control del vehículo si se los encuentra de forma inesperada y generar interrupciones al tránsito, sobre todo si están mal construidos.
Por eso deben tener dimensiones adecuadas, estar bien pintados y señalizados con anticipación, que el conductor pueda verlos con tiempo para reaccionar.
Manuales internacionales de tránsito y urbanismo establecen criterios muy estrictos sobre cuándo y cómo usarlos. Se recomiendan para calles residenciales o con mucho tránsito peatonal, zonas escolares y parques. Se sugiere no usarlos en avenidas principales y en calles usadas por ambulancias o bomberos.
Las alternativas a los reductores de velocidad son la posibilidad de contar con calles más angostas, generar chicanas o curvas artificiales, rotondas pequeñas, cruces peatonales elevados o colocar aparatos para fotomultas.
Muchas calles urbanas anchas y con largas rectas invitan a circular rápido. El lomo de burro aparece entonces como “una corrección” a un diseño inadecuado que favorece la velocidad.
Otra lectura que hacen los urbanistas es que cuando una ciudad recurre a muchos lomos de burro es porque sus calles fueron pensadas para ir rápido en lugares donde se debería ir lento.