Terremoto en Venezuela: ¿puede suceder en Bahía Blanca?
“Al encontrarse ubicada en un margen tectónico pasivo, la ciudad está ajena a un evento de esas características”, dijo el Dr. Martín Turienzo, investigador del Conicet y profesor de la UNS.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
“No hay ninguna posibilidad de que en Bahía Blanca ocurra un sismo de las características del recientemente sucedido en Venezuela. ¿Por qué? Porque la ciudad se encuentra ubicada en un margen tectónico pasivo”.
El Dr. Martín Turienzo, investigador del Conicet en el Instituto Geológico del Sur (Ingeosur); profesor de Geología Estructural en la Universidad Nacional del Sur (UNS) y especialista en geología estructural y tectónica andina, fue terminante en la definición.
“Un margen pasivo es un borde de placa que no registra actividad tectónica importante, y que se va trasladando durante el movimiento de esas placas”, amplió. También sostuvo —en diálogo con La Nueva.— que Sudamérica posee un margen pasivo en el lado Atlántico, al este, y un margen activo en el Pacífico, al oeste, donde ocurre la subducción entre dos placas (una se hunde debajo de la otra).
“La corteza terrestre está dividida en muchas placas que se mueven. En los sectores donde convergen o chocan hay deformación y sismicidad, pero los que son trasladados únicamente no tienen esa actividad interna y, por lo tanto, no es frecuente que haya sismos”, añadió Turienzo.
—Una inundación como la trágica del 7 de marzo de 2025 era improbable en la ciudad, pero sucedió. ¿La experiencia puede trasladarse a un terremoto?
—No creo que esa situación sea exactamente transferible. Los aspectos climáticos son muy variables en corto tiempo, en tanto conocemos con bastante información que la sismicidad y actividad tectónica en nuestra región es muy baja. Esto no descarta, de todas maneras, la posibilidad de que ocurran eventos sísmicos menores.
—¿Existen antecedentes de terremotos en Bahía Blanca?
—Sí, están relacionados con actividad de dos diferentes formas. Por un lado, cuando ocurren sismos de gran magnitud en la región cordillerana que, por ser un margen tectónico activo, es muy frecuente que sucedan, a veces se registran leves temblores y oscilaciones, sobre todo en los edificios más altos de la ciudad. “Por otro lado, en el subsuelo de la provincia de Buenos Aires, y también en la costa Atlántica, debajo del mar existen algunas antiguas fallas geológicas que en algún momento pueden sufrir pequeños movimientos de ajustes y generar sismicidad, pero la mayoría de las veces son imperceptibles para nosotros y solo se detectan con instrumental adecuado.
“Sin embargo, ocasionalmente pueden ser más importantes y generan leves temblores en la superficie, como el sismo del año pasado frente a Mar del Plata, pero este tipo de eventos no suele ocasionar ningún tipo de daño en nuestra zona”.
—¿Incide la formación del Sistema de Ventania para ocasionar un eventual sismo?
—No, el sistema de Ventania es una zona con rocas altamente plegadas y fracturadas, pero el evento tectónico que causó esa deformación ocurrió hace millones de años. Fue a fines de la era Paleozoica, aun antes de la aparición de los dinosaurios, y ya no se encuentra activo.
—¿Podría incidir la geografía costera?
—En las regiones tectónicamente activas la geografía de las costas puede influir en el modo que es afectada por un sismo o por un tsunami, pero en nuestra región, insisto, por estar en un margen tectónico pasivo, no se crea ningún riesgo adicional.
—¿Cuál es la región de la Argentina más expuesta?
—La zona con mayor actividad y con eventos de gran magnitud es la región cuyana, principalmente la provincia de San Juan y el norte de Mendoza.
“Ese sector de mayor peligrosidad sísmica, respecto a los otros segmentos de la cordillera de los Andes que también registran actividad pero en general de menor importancia, se debe a que la placa oceánica del Pacífico, la de Nazca, se hunde por debajo de la Sudamericana pero con una inclinación muy baja, lo cual ocasiona una fricción adicional que conlleva al desarrollo de mayor sismicidad”.
—¿Existen herramientas para saber con antelación si se está por producir un terremoto?
—Lamentablemente no existe instrumental que permita anticipar la llegada de un sismo en el momento exacto, ya que son eventos geológicos que ocurren ocasionalmente y cuando se producen lo hacen en cuestión de segundos. Sí es posible estudiar y conocer cuáles son las zonas con mayor o menor actividad sísmica, de acuerdo al registro instrumental y, también, al registro geológico.
“También es posible inferir, en las regiones de mayor potencial sísmico, cuáles segmentos son más propensos a tener algún evento sísmico importante. Esto se hace considerando cuándo fue el último sismo de relevancia en el sector y calculando la deformación acumulada desde ese entonces hasta la actualidad. Eso permite detectar zonas de riesgo; de hecho, eso se conocía para la zona de Venezuela, y también para el mega terremoto de Chile del año 2010, pero en ningún caso esos estudios pueden señalar cuándo ocurrirá exactamente el sismo”.
—¿Qué organismo es el responsable?
—En la Argentina el registro de toda la actividad sísmica lo hace el Inpres (Instituto Nacional de Prevención Sísmica), y hay numerosos especialistas, tanto del Conicet como de distintas universidades del país, que se dedican a estudiar la tectónica activa y la sismicidad.
“No existe instrumental que permita anticipar la llegada de un sismo en el momento exacto, pues son eventos geológicos que ocurren ocasionalmente”.
“Este es un claro ejemplo de la importancia e impacto que tiene la ciencia para la comunidad y que, por eso, es imprescindible asegurar su financiamiento y continuidad”.
—¿La población tiene forma de prepararse?
—Sí, en los lugares donde es habitual este tipo de fenómenos existen protocolos de cómo actuar ante un evento sísmico; también la infraestructura es fundamental para que los daños sean menores. Pero todo eso es parte de tareas preventivas, pero no hay ningún tipo de alarma o señal que se pueda enviar a la gente para avisar que se está por producir un terremoto; en cambio, sí se puede alertar el riesgo de tsunamis derivados de sismos que ocurren en el mar, ya que pueden tardar algunas horas en llegar a sectores costeros.
—¿Este terremoto puede ser considerado como un aspecto más del cambio climático o responde a cuestiones estructurales del planeta?
—Este tipo de sismos se debe al movimiento de fallas geológicas generado por la dinámica de la tectónica de placas. Por lo tanto, son procesos internos que generan deformación en la corteza terrestre y no tienen vinculación con el cambio climático.
“Una gran acumulación de energía elástica”
—Dr. Turienzo, ¿qué sucedió exactamente en Venezuela?
—En el país existen numerosas fallas geológicas; son muy activas y la actividad sísmica es frecuente. Una de ellas se denomina Boconó, y es una estructura intracontinental de cientos de kilómetros que atraviesa los Andes de Mérida en sentido sudoeste – noreste. Por otro lado, en la costa norte de Venezuela existe otro importante sistema de fallas, de orientación oeste — este, que constituye el límite entre la placa tectónica del Caribe y la de Sudamérica, que tiene un movimiento horizontal muy alto.
“El sismo del último 24 de junio ocurrió justo en una zona donde convergen estos dos grandes sistemas de fallamiento, sector que, además, no sufría grandes terremotos desde el año 1812. Y por lo tanto existía allí una gran acumulación de energía elástica que fue liberada repentinamente en estos eventos recientes”.
—¿Existe diferencia entre sismo y terremoto?
—Los sismos son todos los movimientos geológicos que ocurren en la corteza terrestre. Son causados por la liberación rápida de la energía acumulada en las fallas, independientemente de su magnitud. Aunque el término terremoto es un sinónimo, su uso habitual en la sociedad, no así en la comunidad científica, es para aquellos sismos que tienen una gran intensidad y que han generado daños significativos en ciudades y en la población. Desde el punto de vista geológico el proceso involucrado es el mismo y, por lo tanto, se pueden usar uno u otro término de manera indistinta y no es relevante marcar diferencias entre ambas palabras.