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Hotelería bahiense: la delgada línea entre las inversiones por venir y la competencia informal

“Tenemos picos de ocupación en los días martes, miércoles y jueves, pero al llegar el viernes la actividad cae de forma estrepitosa”, dijo Jorge Perrone, referente del sector.

El número total de habitaciones en Bahía Blanca se ha incrementado en los últimos años. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

En un contexto complejo desde el punto de vista económico, el sector hotelero de Bahía Blanca atraviesa un período de transición marcado por una realidad que bien podría considerarse desde dos vertientes.

Mientras la infraestructura se ha modernizado con la llegada de nuevas cadenas, la rentabilidad y la previsibilidad se ven amenazadas por una caída en el consumo regional y una competencia que algunos empresarios del rubro califican de desleal.

De todos modos, del otro lado de la vereda no se deja de admitir que, de concretarse algunas de las millonarias inversiones anunciadas en los últimos meses para nuestra ciudad —léase 3.000 millones de dólares por parte de TGS, con U$S 1.500 M en Bahía Blanca; y U$S 400 M por Louis Dreyfus Company, LDC—, la actividad podrá reactivarse y, acaso, permita proyectar un crecimiento por el eventual efecto derrame.

“¿Nuestra actualidad? Se define por lo que llamamos con forma de serrucho”, admitió Jorge Perrone, del hotel Argos, en un diálogo mantenido con La Nueva.

“Tenemos picos de muy buena ocupación concentrados en los días martes, miércoles y jueves, que es cuando el sector corporativo está a pleno. Sin embargo, al llegar el viernes, la actividad cae de forma estrepitosa”, añadió.

“Es un fenómeno que se ha agudizado. Es decir, antes recibíamos mucha gente de la zona que venía a la ciudad por el fin de semana: Es un público que, hoy, ha desaparecido. Y los lunes la ocupación empieza a recuperarse lentamente para volver al ciclo semanal”, manifestó.

—Bahía Blanca no es un destino turístico tradicional. ¿Cómo influye esto en el modelo de negocio?

—Es fundamental entender esa distinción. A diferencia de destinos como Sierra de la Ventana,por ejemplo, Bahía es una ciudad netamente comercial y corporativa. Nuestro cliente principal proviene de las empresas del Polo Petroquímico, de los parques eólicos, de los bancos y de las grandes firmas.

Perrone: “A diferencia de destinos como Sierra de la Ventana, Bahía es una ciudad netamente comercial y corporativa”.

“Actualmente, estamos sintiendo una merma general en el comercio y en el movimiento del Polo, lo que impacta de manera directa en nuestras reservas”.

—A pesar de este panorama, la ciudad ha sumado plazas hoteleras. ¿Cómo ha evolucionado la oferta en el último tiempo?

—Ha habido una transformación importante. Por un lado, cerraron establecimientos históricos y más pequeños, como fue el caso del Hotel City. Pero, por otra parte, se sumaron inversiones significativas como el Hotel Land Plaza y, más recientemente, el Howard Johnson.

“Esto significa que, a pesar de las dificultades, el número total de habitaciones en Bahía Blanca se ha incrementado en los últimos diez años, por citar una referencia. No obstante, si no existiera la competencia informal de los departamentos, todos, desde los hoteles de dos estrellas hasta los de cuatro, estaríamos trabajando con una previsibilidad mucho mayor”.

—¿Qué expectativas tienen respecto a los grandes propuestas de inversión anunciados para la ciudad?

—Es la luz de esperanza que tenemos. Proyectos como la ampliación de TGS, las inversiones de Dreyfus y la nueva planta de fertilizantes tienen el potencial de cambiar totalmente el panorama. Ya lo vivimos en el pasado con la expansión del Polo y con los molinos eólicos: cuando estas obras arrancan, la ocupación en Bahía cambia de forma radical.

—¿Cuándo estiman que se empezará a sentir ese impacto en la hotelería?

—Por ahora solo hemos tenido sondeos y consultas. Según lo conversado con gente del sector, se espera que para octubre o noviembre venideros comiencen a llegar los primeros equipos para tareas de movimiento de suelos.

“El impacto fuerte y el movimiento masivo de personal recién se verán a partir del año que viene. Cuando estas inversiones se concretan, no solo ganamos nosotros: se reactiva el comercio, la gastronomía y toda la zona de Ingeniero White. Es un motor que mueve a toda la ciudad”. 

“Los departamentos operan en una zona gris”

Según lo expuesto por Perrone, la comparación entre los servicios y la operatividad de los hoteles frente a los departamentos de alquiler temporario se define por los niveles de control, la duración de la estadía y la estructura de costos.

Estos son los argumentos del referente hotelero bahiense:

—Controles y seguridad: los hoteles deben cumplir con normativas estrictas, como llevar un libro de policía y realizar un registro detallado de pasajeros extranjeros mediante sus pasaportes.

“En contraste, los departamentos operan en una zona que podría denominarse gris, con menos controles y llegando a alojar personas sin las exigencias reglamentarias que enfrenta el sector hotelero”, manifestó.

—Preferencia según la estadía: para permanencias cortas, el público suele preferir los servicios de un hotel.

“Cuando los viajes se extienden por más de una semana o se deben a motivos específicos como temas familiares o médicos, los pasajeros tienden a buscar departamentos”, dijo Perrone.

—Costos y competitividad: debido a que los hoteles deben afrontar una carga impositiva completa y mayores controles, les resulta difícil competir en precio. “Los departamentos, al pagar menos impuestos, pueden ofrecer mejores opciones o precios más bajos por servicios similares”, sostuvo.

—Desigualdad en servicios públicos: existe una diferencia marcada en el costo de los insumos básicos.

“Por ejemplo, los hoteles pagan multas por exceso de consumo de agua basadas en su capacidad de habitaciones, mientras que en los departamentos el gasto se divide entre las unidades del edificio, evitando usualmente estas penalizaciones”, dijo.

“Mientras el hotel ofrece un entorno regulado y formal orientado a estadías breves, los departamentos compiten mediante una estructura de costos más baja e informal que les permite atraer estadías prolongadas”, insistió Perrone.