Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Bahía Blanca |

Un teatro que se niega a bajar el telón

Tras la inundación, el Teatro de White perdió casi todo. Hoy, su comisión, con el apoyo de voluntarios, empresas y vecinos, trabaja para devolverle la vida.

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

"¿Por dónde empezamos...?". Esa fue la primera pregunta que se hicieron los integrantes de la comisión directiva del Teatro de Ingeniero White cuando volvieron a abrir las puertas del edificio después de la inundación del 7 de marzo del año pasado. No había respuestas; solo un panorama desolador entre barro, olor a humedad, instalaciones destruidas y años de trabajo arruinados en apenas unas horas.

"No podíamos arrancar, ese era el tema. No sabíamos por dónde", afirma Mari Bevans, presidenta de la comisión directiva, al reconstruir aquellos primeros días en los que el desconcierto se mezclaba con la angustia.

La sensación era todavía más dolorosa porque el teatro atravesaba uno de sus mejores momentos. Después de innumerables esfuerzos, la sala había recuperado gran parte de su esplendor. Las obras de mantenimiento eran permanentes y una de las últimas inversiones había sido la remodelación completa de los baños.

"Estaba hermoso, hermoso", resume Liliana Reali.

"Lo último que habíamos hecho eran los baños y, por suerte, esa parte se salvó. Pero después prácticamente hubo que hacer todo de nuevo", relata Liliana.

La inundación no solo destruyó las 336 butacas y la alfombra de la sala, también obligó a rehacer íntegramente el sistema cloacal.

"Se rompieron todas las cloacas y hubo que hacerlas nuevas hasta la vereda. Hubo que romper pisos que no estaba previsto romper. Fue muy difícil dar los primeros pasos", subraya.

Los daños alcanzaron camarines, instalaciones sanitarias, pisos y revestimientos. El agua, además, permaneció durante varios días dentro del edificio.

"Acá no era agua limpia, era agua mezclada con cloacas. Se mezcló absolutamente todo y ese panorama se trasladó a nuestras propias casas. En la mía tuve más de un metro de agua y recién ahora estoy terminando de reponer algunas cosas. Todavía me falta muchísimo", cuenta Bevans.

Sin embargo, antes incluso de ocuparse de sus propias pérdidas, varios decidieron sumarse a las tareas solidarias.

"Quince días estuvimos en la iglesia ayudando a recibir donaciones, descargando camiones y organizando la asistencia para los vecinos. Era un ejército de voluntarios, al momento de empezar la limpieza apareció una ayuda que nos emociona y lo seguimos agradeciendo", dice Bevans.

Operarios voluntarios de Dow, vecinos y miembros de la comunidad se sumaron para desmontar una sala completamente destruida.

"Las butacas estaban empapadas y pesaban una tonelada cada una. Éramos unas treinta personas trabajando desde las tres de la tarde hasta las nueve de la noche. Hasta que pudimos vaciar la sala", revela.

En apenas una tarde lograron retirar las 336 butacas, levantar toda la alfombra y cargar más de una decena de contenedores con materiales dañados.

Paradójicamente, de aquellos primeros momentos existen pocas imágenes.

"No sacábamos fotos porque era demasiada la tristeza. Abrías la puerta y no podías creer lo que veías, no daban ganas de fotografiar nada", reconoce.

Reconstruir, pero mejor

Superado el impacto inicial comenzó una nueva etapa y hubo que pensar cómo volver a poner de pie al teatro. La comisión buscó asesoramiento de ingenieros, arquitectos y especialistas, porque la prioridad ya no era solamente recuperar lo perdido, sino hacerlo correctamente.

"Lo primero era garantizar que toda la parte edilicia, eléctrica y de seguridad quedara como corresponde. La obra quedó en manos de una empresa de Ingeniero White, perteneciente a la familia Lavopa, con una larga tradición en carpintería naval", resalta Bevans.

Actualmente los trabajos incluyen pisos, carpintería, pintura, iluminación, escenario y adecuaciones para cumplir con todas las exigencias de Bomberos y Defensa Civil.

"Ya que estamos haciendo todo de nuevo, queremos hacerlo bien. Con todas las normas y todas las habilitaciones. Incluso proyectamos habilitar nuevamente la bandeja superior del teatro, hoy fuera de servicio por cuestiones de seguridad. Si lo logramos, la capacidad pasará de 336 a casi 500 espectadores", remarca.

Mientras describen los planos y bocetos de la remodelación, el entusiasmo vuelve a aparecer.

"Nos mostraron los diseños de iluminación... vamos a tener un mini Teatro Colón", dice Ciccone entre risas.

La idea incluye iluminación LED, mejoras acústicas, nuevas terminaciones y una sala completamente renovada.

Las butacas ya están retapizadas, la alfombra también fue encargada y resta avanzar con las tareas más pesadas para luego comenzar la etapa de terminaciones.

"Lo último será colocar las butacas. Antes hay que pintar, lijar, terminar las paredes. Todo tiene un orden", puntualiza Gerardo Ciccone.

El dinero, la gran incógnita

Aunque el proyecto avanza, nadie oculta cuál es el principal obstáculo.

"No hay un mango", cuenta uno de los integrantes de la comisión, despertando las risas del resto.

La principal fuente de financiamiento continúa siendo la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino, cuya participación administra el teatro.

"La fiesta fue un éxito y recaudamos bien, pero sabemos que no alcanza para terminar toda la obra. Dow ya comprometió la compra de las butacas y la alfombra, además del apoyo técnico brindado desde el comienzo de la emergencia. Sin embargo, reconocen que todavía hará falta ayuda para completar el proyecto", sostiene Bevans.

"Las empresas, el Puerto y su Consorcio de Gestión hicieron muchísimo por Bahía Blanca después de la inundación. Entendemos que hubo muchas prioridades y que nosotros vamos paso a paso. Agradecemos el espacio que tenemos en la Fiesta del Camarón y el Langostino, que nos permite recaudar. Y también la presencia del presidente del CGPBB, Mandolesi Burgos, quien se acercó al teatro, observó la situación y nos prestó su ayuda: eso es muy valioso", remarca Bevans

Mucho más que una sala

El Teatro de Ingeniero White no es solamente un edificio. Durante los últimos años había recuperado una intensa actividad cultural con funciones teatrales, espectáculos musicales, vacaciones de invierno, cine, encuentros escolares y transmisiones del Mundial de fútbol.

Uno de los recuerdos que más emocionan a la comisión ocurrió justamente durante Qatar 2022. Gracias a una pantalla gigante instalada mediante un proyecto de presupuesto participativo, cientos de vecinos siguieron allí los partidos de la Selección.

"Entró un señor mayor y cuando vio la pantalla gigante se dio vuelta emocionado y me dijo: 'Yo en mi casa lo veía en un televisorcito así de chiquito'. Nunca me olvidé de esa escena", cuenta Bevans.

El teatro también se había convertido en un espacio elegido por las compañías por su acústica, comodidad, estacionamiento y equipamiento técnico.

"Teníamos muchísimas funciones, ya que la gente empezó a elegir el teatro de White porque la sala era muy linda", señala.

Mientras las paredes vuelven a tomar forma y los materiales se acumulan esperando ser colocados, la ilusión permanece intacta.

"¿Una fecha posible para la reapertura? Para Navidad... que venga Papá Noel", bromean entre todos.

"Si todo sigue como hasta ahora se podría ser para esa fecha, aunque los imprevistos también juegan los días pasan volando", detalla Bevans.

"El objetivo no pasa sólo por reconstruir un edificio, sino recuperar un lugar que forma parte de la identidad de Ingeniero White, donde varias generaciones crecieron viendo cine, teatro, música y compartiendo encuentros", asegura Bevans.

Entre andamios, paredes recién revocadas y butacas esperando volver a ocupar su lugar, el viejo teatro sigue demostrando que hay escenarios que pueden inundarse, romperse y hasta quedar en ruinas, pero que jamás están dispuestos a bajar definitivamente el telón.