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La reforma universitaria ante el avance antidemocrático

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Por Bernardo Blázquez (*)

Hace 108 años un grupo de jóvenes idealistas con las pelotas bien puestas se llevaron puesto el status quo imperante en una Universidad Nacional de Córdoba que estaba cooptada desde su fundación por la Orden de los Jesuitas. El clericalismo a la educación por entonces marcaba el imperio de un conservadurismo anacrónico, donde en sus aulas los profesores heredaban sus cargos, donde se provilegiaba la teología por sobre la ciencia y donde el estudiantado tenía que cernir su rol a una genuflexión obediente, típico de la iglesia de aquellos tiempos.

Entre aquellos revoltosos, se destacaron nombres como Deodoro Roca, de raigambre anarquista, Gabriel Del Mazo, futuro historiador del radicalismo y funcionario durante la presidencia de Arturo Frondizi, y un sinnúmero de militantes socialistas, anarquistas y radicales que, como señal de Conquista, colgaron en el mástil de universidad una estola Morada que utilizaba el Obispo.

Este hecho actuó a modo de parte aguas y forjó, a través de su documento fundacional denominado Manifiesto Liminar, los principios rectores que forjaron la universidad argentina moderna. Hoy, el sistema universitario vive los tiempos más oscuros debido a un ahorcamiento presupuestario y una gran campaña de desprestigio que hacen recordar a los tiempos donde Men*m, con su intento de arancelización, pusieron en jaque al sistema, pero aún así, no tiene punto de comparación con lo acontecido hoy.

Ante el advenimiento de la una posdemocracia autoritaria, donde las grandes transnacionales con pie en el mundo de la IA tienen más poder que los Estados, y donde las democracias pierden legitimidad ante esta ilustración oscura con sesgo autoritario que viene a querer destruir un mundo que empezó a forjarse con las ideas de la Ilustración en el siglo XVIII.

Las universidades en todo esto, han quedado en medio de un fuego cruzado, y, obviamente son una institución que a los nuevos autoritarismos les molesta, porque fomentan la libertad de pensamiento.

Pareciera una paradoja, pero estamos en tiempos donde se hace necesaria una segunda Reforma Universitaria, donde haya que aggionar los planes de estudio y los métodos de evaluación a un mercado laboral cada vez mas voraz, que deja a miles de graduados teniendo que colgar sus títulos como un adorno y buscando trabajo de cualquier otra cosa, menos de su disciplina. Pero esa discusión puertas adentro, hoy, es imposible darla. Porque lo necesario es tapado por lo urgente. Hoy las universidades se debaten por ahorrar en energía, en pagar los aguinaldos, en poder mantener a los investigadores y doctorandos en el sector público, investigando, y, con suerte, en el país. Los gastos corrientes impiden una debida proyección, simplemente porque es imposible poder hacerlo.

Hoy la crisis, es de subsistencia, lo que en definitiva horada profundamente a nuestra Democracia, porque son instituciones basales de la misma, y por tal, también sufren el intento de cooptación, control y posterior arancelamiento de los intereses oscuros de transnacionales como Palantir.

Hoy es un día para la profunda reflexión, para pensar la democracia, la universidad y la república que queremos, con instituciones fuertes que pongan límites y contrapesos a los poderosos; o simplemente resignarnos a convertirnos en peones de planes de lo más rancio y autoritario que está emergiendo de estas empresas poderosas y sin límites que han pasado a convertirse en poderes por sobre los Estado Nación.

Argentina puede aún despertar, y resurgir de las cenizas del autoritarismo, como tantas veces, aunque esta vez, los ejecutores vistan otro uniforme.

(*) Profesor de Historia