Quién cuida a quienes cuidan cuando falla el sistema de salud
Los hechos ocurridos con los anestesistas en Buenos Aires abre una discusión urgente: el desgaste de los equipos de salud y la falta de dispositivos de cuidado no son problemas individuales, sino fallas del sistema.
La muerte de un anestesiólogo y el abuso de drogas anestésicas no es solo un hecho policial. Es una señal de alarma del sistema de salud. La investigación judicial deberá determinar responsabilidades. Pero hay una pregunta más profunda y más incómoda que no puede quedar afuera: ¿qué pasa cuando quienes cuidan a los demás dejan de ser cuidados?
Evitar el sensacionalismo no implica mirar hacia otro lado. Al contrario: obliga a mirar mejor. Porque el daño, muchas veces, empieza mucho antes del expediente judicial. Empieza en el desgaste cotidiano, en la sobrecarga, el sufrimiento psíquico que se naturaliza como parte del trabajo.
El artículo reciente, publicado en la prestigiosa revista médica JAMA lo plantea con claridad: cuidar al profesional de la salud no es un beneficio secundario, sino una obligación moral del sistema. Y agrega algo clave: el bienestar del equipo se salud no compite con la seguridad del paciente; la hace posible.
Esto no es una idea teórica. Distintos estudios muestran que el burnout médico se asocia con mayor riesgo de errores, peor calidad de atención y menor satisfacción de los pacientes. Cuando el sistema no cuida a su personal, no solamente daña a los trabajadores, también compromete a quienes atiende.
En anestesiología, además, el problema tiene una dimensión adicional. El acceso cotidiano a fármacos de alto riesgo obliga a extremar las medidas de control, prevención y asistencia. Esto no implica estigmatizar a una especialidad, sino reconocer una vulnerabilidad que requiere respuestas institucionales claras: trazabilidad, supervisión real, dispositivos de apoyo y acceso efectivo a salud mental.
Bahía Blanca conoce bien la presión sobre su sistema sanitario. En la apertura de sesiones de este año, el propio intendente y las autoridades sanitarias locales describieron un “evidente deterioro” del sistema privado y de las obras sociales y mostraron cifras que hablan por sí solas: Durante el último año, el Hospital Municipal atendió cientos de miles de consultas y decenas de miles de pacientes en guardia. A fines del año pasado, el presupuesto específico del Hospital Municipal fue rechazado en el Concejo Deliberante, abriendo una discusión pública sobre recursos, prioridades y capacidad de respuesta del principal efector de salud de la ciudad. No se trata de exagerar: se trata de reconocer una sobrecarga creciente.
Esa presión no se mide solo en números. Se mide en cansancio acumulado, en equipos que trabajan al límite, en profesionales que sienten que deben sostener, incluso cuando ya no pueden más. Y cuando pedir ayuda se vive como una debilidad, el problema se hace insostenible.
Por eso sería un error reducir esta tragedia a un caso aislado. También lo sería utilizarla para alimentar versiones sin sustento. Lo importante es otra cosa: entender que las instituciones deben actuar antes. Antes del colapso. Antes del consumo problemático. Antes del error grave.
No alcanza con apelar a la vocación o al sacrificio. Un sistema digno no se construye con heroísmo, sino con condiciones de trabajo razonables, liderazgo responsable, control institucional y con dispositivos reales de cuidado.
Bahía Blanca necesita dar esa discusión sin estridencias ni oportunismo. Porque cuidar al profesional de la salud no es un agregado opcional del sistema. No para buscar culpables colectivos ni para explotar una tragedia, sino para reconocer que el deterioro de quienes sostienen la atención nunca es un problema privado. Cuando un sistema exige de manera permanente y contiene de manera insuficiente, no solo desgasta a sus trabajadores: también debilita su capacidad de respuesta, aumenta la fragilidad institucional y compromete la atención de la población. Por eso, cuidar al profesional de la salud no es un agregado opcional del sistema. Es una obligación moral y ética. Y cuando esa obligación se incumple, las consecuencias no terminan en los trabajadores: alcanzan a toda la comunidad.
Dr. Sergio Lasdica
MP 38636 MN: 83724
Especialista Jerarquizado en Terapia intensiva.