A cinco años del último Equilibrio de Rafael Emilio Santiago
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Rafael Emilio Santiago… ya pasaron cinco años desde que se nos fue. Cómo corre el reloj cuando el recuerdo sigue escribiendo solo. Ambos siendo muy observadores nos cruzamos por casualidad…el apreciaba sobre todo esa cualidad en las personas… pero mas que su amigo fui su admirador.
Lo conocí cuando, con su curiosidad infinita por el deporte bien contado, se tomó el trabajo de ir a verme jugar un partido “ventoso” que gané contra Gastón Lavie. Probablemente entendió enseguida que no estaba frente a un gran tenista… pero solo quizás ante alguien que sabría explicarle este deporte desde adentro siendo Santiago un tipo que tenia una obsesión casi artesanal por los detalles técnicos que muchas veces escapan al relato tradicional.
Años después, ya emigrado a Italia, en una de mis vueltas a Bahía Blanca, me invitó a cenar a su casa de aquel entonces aun viviendo en Ingeniero White (donde ya manifestaba los riesgos de la contaminación ambiental de Petroquimica & Co) donde conocí a su mayor admiradora a la que tanto veneraba: su esposa Isabel y su familia. Asado de por medio hablamos durante horas de viajes y lugares , de periodismo y de deporte…de esa extraña pasión por entender por qué ocurren las cosas dentro de una cancha.
En aquellos años todavía estaba fresco su asombro por el partido de dobles de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, cuando Javier Frana y Christian Miniussi se bancaron un choque físico tremendo contra Boris Becker y Michael Stich, la dupla alemana que terminaría llevándose el oro. A Rafael le fascinaba cómo esa pareja argentina había logrado equilibrar potencia, lectura táctica y resistencia mental frente a dos gigantes del tenis mundial. Quería entender las claves técnicas de ese partido, los ajustes en la devolución, la ocupación de la red, los cambios de ritmo. Él, que venía de la cuna del básquet, tenía una capacidad extraordinaria para leer cualquier deporte y traducirlo a palabras con una claridad que parecía simple… pero era puro y filoso talento.
De ahí nació una relación epistolar que guardo como uno de los regalos más valiosos que me dio el deporte. Una vez tomó ideas de algunos de mis textos para uno de sus “Equilibrios”. Fue un gran regalo mencionándome. Pero el gesto que más me marcó fue cuando me invitó a la radio para entrevistarme y que cuente en LU2 “radio visión deportiva” cómo era BOLOGNA BASKET CITY y los choques entre Virtus vs Fortitudo comparados con los de Olimpo vs Estudiantes permitiéndome entrar por un rato en ese mundo suyo donde la precisión conceptual convivía con la emoción del relato.
Y después vino el privilegio mayor: presenciar un EQUILIBRIO en vivo.
Eran cerca de las 10:30 de la mañana. Allí entre tímidamente en la cabina de transmisión de LU2. Contra reloj, pero sin sentir la presión de la salida al aire, me sentó a su lado mientras decantaba lo que tenía en la cabeza golpeando con decisión las teclas de una vieja Lexington 80. Sus dedos grandotes parecían correr detrás de las ideas, como si el teclado no pudiera seguirle el ritmo al cerebro. Luego a las 10:49 se encendió la luz roja de ir en onda y arrancó la musiquita de CODIMAT. Era periodismo en estado puro: pensamiento, síntesis, timing y oficio.
Un tiempo irrepetible de la radio, de la escritura y de una forma de ejercer la profesión donde la profundidad no estaba reñida con la belleza del lenguaje.
Hoy, a cinco años de su partida, lo recuerdo y lo celebro junto a ustedes, y junto a tantos bahienses que tuvimos el privilegio de escucharlo y deleitarnos de su particular mirada del deporte y del mundo en general.
Este mensaje va desde Bolonia, Italia donde mañana a las 10:50 hora local bahiense, en el mismo horario en que muchas veces nacían sus Equilibrios escucharé este último episodio que aquí les adjunto:
Gracias, Negro.
Franco De Panfilis