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En el nombre del padre

El documental sobre Lorenzo Natali, actualmente en plena producción, nos acercó a la familia.

Se llama igual que el papá, pero le dicen Tito. Es el hijo menor de Lorenzo Natali. Estudia, juega al básquet y sueña continuar el camino de su padre: estar frente al micrófono de una radio, entreteniendo la vida cotidiana de la gente.

En las mañanas temprano, antes de comenzar Bienvenidos, Lorenzo lo llevaba a la escuela. En el viaje ensayaban en voz alta avisos publicitarios a dos voces. Regalos de la vida para un padre que soñaba tener hijos; hoy, el pibe sueña al padre y su profesión.

Tito tiene dos hermanas mayores, es locuaz, habla y gesticula como él. Creció de golpe cuando Lorenzo se despidió de la vida. Qué razón tiene Serrat cuando canta que, a menudo, los hijos se nos parecen y así nos dan la primera satisfacción.

El documental, actualmente en plena producción, nos acercó a la familia. Conversamos seguido y aceptaron hablar frente a cámara; en buena hora. Todos tienen algo que decir para recordarlo: amigos, familiares, oyentes y compañeros de micrófono. La lista es interminable y me incluyo en ella. 

Nos conocimos y frecuentamos a la distancia. A puro micrófono y celular germinó una amistad sincera que se ahondó en el contacto diario durante la pandemia. Disfruto realizar este homenaje: escucho anécdotas, furcios divertidos y reflexiones profundas. A medida que avanzamos, percibo que el trabajo será tan bienvenido como su histórico ciclo. Tras décadas de mañanas radiales en el aire de Bahía y la región, su voz perdura. 

En Saldungaray visitamos el lugar donde Lorenzo aprendió a caminar entre mesas del bar frecuentado por parroquianos de copas y naipes y la cancha de pelota a paleta que administraba su papá, Rodolfo.

Nos tocó un domingo lluvioso y frío, de calles despobladas y chimeneas humeantes. La plaza lucía impecable, rodeada por la escuela, la iglesia y la sede comunal que lleva el sello inconfundible del arquitecto Francisco Salamone. Es el típico pueblo de campaña decorado con sierras en el horizonte, donde el tiempo parece detenerse y los vecinos transcurren la vida sin apuros ni preocupaciones innecesarias. 

Lorenzo era de allí, y repartía su corazón entre esos primeros años en Saldungaray e Ingeniero White, donde nacieron sus padres y hacia donde retornaron cuando Rodolfo se hizo cargo del cine Jockey Club.

Cerca del puerto vivió años de película que lo marcaron para siempre. El cine era su casa: subía a la sala de proyección a conversar con el operador, disfrutaba del aroma a celuloide y se fascinaba en las matinée con series del Lejano Oeste. Por eso, cuando vio Cinema Paradiso, sintió que era un calco del cine de su padre. Y él se sintió Totó, el pibe de la película que lo emocionaba hasta las lágrimas.

Cuando la televisión desplazó a los cines de pueblo la familia Natali buscó nuevos rumbos en Bahía Blanca. A Lorenzo lo anotaron en la Escuela 3 donde estudio Milstein, pero le pidió a los padres seguir estudiando en el colegio de White, y así fue. 

Antes de emitirlo en nuestro ciclo tv en BVC, el documental se estrenará en el cine Jockey Club, renovado a nuevo, que construye el Sindicato de Recibidores de Granos (Urgara). Estiman que será inaugurado a mediados de la próxima primavera.

Muchas veces conversamos con Lorenzo sobre los recuerdos del Jockey Club. Nunca imaginó que podría renacer en la misma esquina de la calle empedrada de las cantinas. Su propio Cinema Paradiso pronto se hará realidad, esta vez contando la película de su vida.