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Mauricio Spurio: el viaje al pasado con Petrovic y la emoción de su mamá al mencionar a Manu Ginóbili

Una experiencia inolvidable del entrenador y amante del básquetbol. “Siempre fui medio enfermito de Drazen”, reconoció.

Mauricio y uno de los motivos que lo llevó a emprender el viaje: el recuerdo de Drazen Petrovic.

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

Mauricio Spurio pudo cumplir el deseo que se había propuesto antes de cumplir 50 años: conocer la zona de los Balcanes. Ver de cerca lo que desde chico conocía por fotos y videos.

Vivir en primera persona esa historia que siempre sintió cercana a pesar de la distancia.

Desde su niñez como jugador de 9 de Julio, hasta el presente, siendo entrenador en Independiente, su vida estuvo atravesada por el básquetbol.

-¿Tu mirada al momento de armar el viaje fue de entrenador o de amante del básquet?

-De las dos. Como entrenador, obviamente, porque siempre buscamos capacitarnos y, también, por ser amante del básquet. Intenté armar el viaje para combinar formativas y alto nivel. Fui a ver a Barcelona, justo cuando jugaban contra el equipo del Che García (Gran Canaria), también al Cibona de Zagreb, lo que era la Jugoplastika en su momento, que ahora se llama KK Split. Y en Estudiantes de Madrid presencié entrenamientos de formativas y de la Primera.

El desafío que se había fijado Mauricio de conocer la tierra donde surgieron varios de los mejores jugadores FIBa. tenía un dejo sentimental para él: “Siempre fui medio enfermito de Drazen”, reconoció.

“Quería conocer el museo y siempre me impactó su historia. Fue un poco quien rompió el hielo y demostró en la NBA que había talento fuera de Estados Unidos”, justificó, en relación al base que falleciera en un accidente el 7 de junio de 1993, en Alemania.

Y una demostración de lo que significó para él fue que, no conforme con una visita, hizo dos al propio museo. Y de esa segunda oportunidad, acaso se trajo el momento más impactante del viaje, con mezcla de sentimiento y admiración por Drazen, lo cual personalizó en la presencia de su mamá Biserka, quien tiene una fundación y, además, está permanentemente en ese lugar.

“El primer día no pude interactuar con ella. Y el segundo, como llovía y me quedaba cerca, decidí volver a conocerla. Cuando me vio, me miró y gesticuló como queriendo confirmar: ‘¿Vos no estuviste ayer?’. Había un traductor, me presenté: ‘Soy entrenador argentino, de Bahía Blanca’. En ese momento ella levantó los brazos y exclamó: ‘Ooohhh, Manu Ginóbili’. Fue tremendo, yo flotaba en ese momento”, contó Mauricio, al borde de la emoción.

Y respaldando el significado que tuvo Drazen para él, Mauricio le mostró a Biserka su celular.

“En el fondo de pantalla tengo la foto de Drazen. Y le dije: ‘Para Manu los espejos eran Jordan y Drazen’. Ahí medio que se quebró”, recordó.

“Cuando me fui a despedir me regaló una remera, además que había comprado varias, y el traductor me dijo: ‘Te va a dar algo que no se vende’. Y apareció con un llavero con la camiseta 3 de los Nets. ¡Una genia!”, resaltó.

Su hoja de ruta incluyó un viaje de tres semanas de duración, con paradas.

“Primero fui a Madrid, haciendo base en Estudiantes que, por intermedio de Pancho (Jasen), me abrieron las puertas. Vi los entrenamientos de todas las categorías, la interacción con el colegio Ramiro de Maeztu, que está al lado y es impresionante. Ahí hay entre 3 mil y 4 mil nenas y nenas jugando al básquet y más de 150 entrenadores. Imaginate, ¡una locura!”, destacó.

“En el primer entrenamiento en Estudiantes había seis japoneses; uno representante de jugadores. Había uno que hablaba español y cuando le dije que trabajaba en Independiente me preguntó si había alguno para mandar a Japón, je. Cuando les contaba nuestra realidad, me preguntaban cómo hacíamos. Y obviamente conocían a los tres olímpicos”, contó, orgulloso, Mauricio.

El entrenador Toni Ten, quien está al frente del equipo que va a participar del Final Four, lo hizo sentir parte. “Terminaba el entrenamiento, se acercaba a la tribuna y me preguntaba qué había visto, qué me había gustado o no... Un genio”, resaltó.

Después fue a Barcelona. “Por intermedio de Mauro Polla y Mariano Marcos hice contacto con el jefe de cantera, fui a ver los entrenamientos de las formativas y un partido de la Liga Endesa. Un nivel increíble, tanto físico como técnico”, señaló.

Los dos clubes españoles le devolvieron una realidad impactante.

“Me lo contaron primero y lo viví después: les caen a probarse entre cinco y siete africanos por semana. En Barcelona, el jefe de cantera, un genio, me hizo sentir parte -contó Mauricio-, me preguntaba ‘¿qué hacemos, lo tomamos o no lo tomamos?, je”.

-Y vos pensabas: lo que daría para tener uno de estos en Independiente, je.

-Sí, je. Musu (Javier Musumeci) me pedía que trajera alguno.

A partir de ahí inició su recorrido deportivo-sentimental, por Belgrado, donde presenció entrenamientos de Partizán, estuvo en Zagreb mirando al Cibona y también en Split, donde conoció la cancha de Jugoplástica y vio un partido.

“En Serbia -reconoció- me costó un poquito más la interacción, más allá del idioma, porque son más cerrados. Y en Croacia, a pesar del idioma, intentaban entender. La pasé bárbaro”.

-¿Como entrenador consideraste que era la posibilidad para seguir abriendo puertas?

-Hace un montón de años que laburo en diferentes campus, con Mauro (Polla), Emiliano (Roldán), he estado con el Puma (Montecchia), últimamente comparto con Daniel Allende. Siempre escuchar a quienes tienen más recorrido y ver las distintas realidades suma un montón. Y esa es mi idea, tratar, desde donde me toque, en este caso Independiente, poder aportar un poquito para seguir siendo la Capital del Básquet.

-De lo que trajiste, ¿qué es aplicable?

-Que los entrenamientos van de la mano con la técnica y la táctica individual y lo físico, más que lo colectivo. Hay que darle una vuelta de tuerca con lo físico, que cada vez es más determinante. Claramente no tenemos los biotipos en el país, pero hay que insistir a edades tempranas con el gesto motor. Actualmente hay falencias motrices producto de no desarrollar tanto actividades, desde jugar al básquet o al fútbol, corriendo, andando en bicicleta y demás.

-Y, además, la talla.

-¡Sí! Sobre todo en Serbia. Caminaba por el centro y en una cuadra me cruzaba con siete u ocho mujeres de más de un metro noventa. Increíble. Obviamente ellos vienen de la escuela serbia, muchos driles analíticos, en el detalle... Filmé un montón y la idea es armar unos cuantos videos para compartir con los entrenadores. No quedármelo solamente para mí. De hecho, ya me junté con varios.

Mauricio absorbió un poco la cultura de otros tiempos, cuando los entrenadores intentaban viajar, invertían y exploraban, acaso, dentro de un contexto más vocacional.

"Mi reconocimiento a Huevo (Sánchez), Daniel Allende, Pocha Coleffi y tantos otros que en los 80 invirtieron y le dieron un salto de calidad a Bahía, porque fueron adelantados. Daniel siempre me inculca de salir de la zona de confort. Y si bien por internet se puede ver un montón de cosas, en persona rescatás mucho más", destacó.

-¿Hubo algo que te movilizó, además del encuentro con la mamá de Drazen?

-Me pasó algo muy fuerte cuando vi Barcelona con Gran Canaria, el equipo que dirige el Che García. Estuvo en 30 países. Hay que ponderar a los entrenadores que arman el bolso y salen a mostrar el básquet por todo el mundo. 

-Y vos, ¿lo tenés armado?

-Si bien me gusta viajar y lo hice bastante dentro del país y Latinoamérica para ver diferentes realidades, esto me abrió la cabeza para seguir viajando. Pero soy más bien conservador, me encanta Bahía y no salgo de mi zona de confort. Lo que sí, mi inglés es seis puntos, por lo que cuando llegué al club les dije a los chicos que hay que meterle al idioma para que siga abriendo puertas.