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Orlando Randó y Carlos Gianetti: los pioneros de la formación profesional en Ingeniero White

Los impulsores históricos del CEP N° 401 repasaron cómo nació la institución en 1985, cuando no había talleres, ni edificio, ni recursos, pero sí una fuerte convicción.

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

Por momentos parece una charla de café entre amigos de toda la vida. Se pisan las anécdotas, se corrigen fechas, se ríen de recuerdos compartidos y completan las frases del otro. Pero, detrás de ese intercambio, hay una parte importante de la historia educativa y laboral de Ingeniero White.

Carlos Gianetti, de 85 años, y Orlando Randó (88), fueron dos de los impulsores del actual Centro de Formación Profesional N° 401 de Ingeniero White, una institución que nació en 1985 cuando la formación en oficios prácticamente no existía en Bahía Blanca.

“En aquella época no había nada. Se dictaban algunos cursos en el penal que dependía de Olavarría, pero formación profesional en Bahía Blanca prácticamente no había. La necesidad era evidente, porque hacían falta oficios, capacitación y mano de obra preparada. Y también personas dispuestas a empujar proyectos aunque no hubiera recursos", resumió Gianetti.

“Yo ya era profesor, pero hice el primer curso de formación de instructores. Y ahí empezó a surgir la idea de que tenía que existir un Centro de Formación Profesional en White”, agregó.

La semilla terminó de germinar en una reunión histórica realizada en la delegación municipal whitense. Y Orlando Randó todavía la recuerda con claridad.

“Vinieron 29 instituciones. Cuando la directora provincial de la rama vio semejante convocatoria dijo: ‘Acá no va a haber solamente cursos, acá queda formado el Centro de Formación Profesional de Ingeniero White", aseguró Randó, mientras corría el año 1985.

El entusiasmo sobraba, pero lo que faltaba era todo lo demás.

“No teníamos edificio, ni talleres, ni herramientas. Nada”, señaló Gianetti.

El primer director fue Carlos Greco, a quien ambos describen como “un gran compañero”.

Los cursos comenzaron en la biblioteca Juan Bautista Alberdi y los primeros fueron Modista y Auxiliar Contable.

“Después se fue armando todo. Primero funcionó en la biblioteca, después en Prefectura, frente al museo, y más adelante en el chalet de YPF, señaló Randó.

Con el tiempo llegaron herrería, soldadura, carpintería, automotores, cocina, computación, tapicería, inglés y gastronomía, entre otros cursos. y los talleres rápidamente se llenaron.

“Los cursos estaban completos. La formación profesional en ese momento tenía muchísimo auge porque había trabajo y había necesidad de capacitarse. Cada grupo tenía entre 15 y 20 alumnos y se producía el contacto directo entre instructor y alumno; de ahí que no se permitía un mayor número de estudiantes”, explicó Gianetti.

"Todo a pulmón"

El relato de ambos deja en claro que el crecimiento del CFP N° 401 estuvo íntimamente ligado al trabajo comunitario.

“Acá nunca hubo un momento de dinero, todo era a pulmón. Hacíamos trabajos para escuelas o instituciones y pedíamos materiales en modo canje para seguir trabajando. Los alumnos construyeron pérgolas, columnas de alumbrado, estructuras para espacios públicos y colaboraron en múltiples obras para Ingeniero White", afirmó Randó.

“Trabajábamos para los bomberos, para las escuelas, para el barrio. Siempre se hacía algo”, agregó.

Uno de los proyectos más emblemáticos fueron las históricas “cantinitas” ubicadas en la calle Guillermo Torres 3875.

“La Municipalidad quería hacer tres cantinas en White. Entonces, con Alejandro Serafín, empezamos a formar chicos para trabajar en eso. Los estudiantes participaban directamente de la construcción y hasta recibían una remuneración. Los chicos cobraban porque la Municipalidad les pagaba”, contó Randó.

Tiempo después apareció una oportunidad inesperada, que resultó un verdadero boom.

“Escuché en la radio que había un plan provincial que financiaba proyectos de microemprendimientos. Entonces fui a verlo a 'Tucho' (Roberto Ursino, delegado municipal) y le dije: ‘Che, vos que estás en la Municipalidad, ¿esto se puede gestionar?'. Me respondió positivamente y enseguida comenzaron las gestiones", aseguró Randó.

“Tucho habló con Jaime Linares (intendente bahiense) y empezamos a mover todo. Después vinieron desde La Plata a inspeccionar el proyecto y cuando vieron las cantinitas armadas prácticamente quedó aprobado en el momento”, graficó con gestos.

"Eran unas estructuras irrompibles, con material de calidad, bien armado. Hasta el día de hoy están intactas y resistieron a todos los climas y la inundación. Ese respaldo político y municipal fue clave en los primeros años del Centro de Formación Profesional N° 401. Hubo mucho acompañamiento. Si no, hubiera sido imposible hacer tantas cosas”, puntualizó.

Randó se ríe al recordar aquellas jornadas interminables de trabajo.

“Nos pasábamos el día entero acá. Había veces que terminábamos un trabajo y ya estábamos pensando en otro. Éramos más jóvenes y teníamos unas ganas bárbaras de hacer cosas”, remató.

Los recuerdos de la Escuela Técnica

Gran parte de la historia de ambos también está ligada a la Escuela Técnica de Ingeniero White. Allí comenzaron a formar generaciones enteras de alumnos mucho antes del nacimiento del CFP N° 401.

Randó contó que mientras trabajaba y daba clases en la escuela técnica de Bahía Blanca, recibió una propuesta que terminaría cambiándole el rumbo.

“Vino el profesor e ingeniero Aníbal Colombani y dijo: ‘Me nombraron director de la ENET de White, pero necesito gente para armar los cursos y los talleres. ¿Quién quiere venir?’. No dudé demasiado y me vine para acá”, cuenta entre risas, aunque durante varios años mantuvo las dos actividades al mismo tiempo.

“El ferrocarril seguía. Yo trabajaba ahí y también daba clases. Pero veía que el ferrocarril se iba abajo, se iba abajo… Y aunque había ganado concursos y tenía un buen puesto, tuve esa visión. Dije: ‘¿Qué miércoles hago acá?. En 1978 tomé la decisión definitiva. Me fui y me quedé con la escuela; y la verdad… la pegué”, afirmó convencido.

A partir de ahí se involucró de lleno en la formación técnica y profesional de White. Primero en la ENET y más adelante en el Centro de Formación Profesional N° 401, donde impulsó cursos de herrería, soldadura y gastronomía.

“Después empezamos con formación profesional y trajimos los cursos de mozo y camarera, que duraron muchísimos años. En aquellos primeros tiempos, la escuela técnica funcionaba en el viejo teatro de White, adaptado como podía para dar clases y talleres. Estábamos todos amontonados, en el escenario funcionaba herrería y abajo, donde estaban las plateas, otros talleres”, aseguró.

La convivencia entre las materias técnicas y las teóricas generaba escenas insólitas.

“Las profesoras nos llamaban la atención y recuerdo un hecho donde una de ellas gritó: ‘¡Hablen más despacio que estamos dando Castellano..!’”, recuerda entre carcajadas.

Con el paso del tiempo, Randó entendió que aquella decisión de dejar el ferrocarril había sido determinante.

“Viste que el tren pasa una vez. Y si no lo tomás… sonaste”.

También recuerda cómo funcionaba la escuela técnica en el viejo teatro de White.

“Destruimos el teatro”, dijo bromeando. “Bueno… después se volvió a reconstruir”, aclaró.

Los recuerdos aparecen uno detrás de otro. Las prácticas, los talleres llenos de ruido, el olor a hierro caliente y las discusiones entre docentes de materias técnicas y profesores de materias teóricas.

El Centro que multiplicó otros centros

El CFP Nº 401 no sólo transformó White. También fue el origen de otros centros de formación profesional en la región.

“Yo formaba instructores. Después hicimos cursos en Punta Alta y enseguida se creó el centro de allá. Lo mismo pasó en Tornquist y en otras ciudades”, indicó Gianetti.

Su tarea como supervisor regional lo llevó a recorrer toda la Sexta Sección Electoral.

“De Patagones a Coronel Suárez. En cada lugar encontraba la misma necesidad, la de aprender un oficio para conseguir trabajo", dijo.

A lo largo de la entrevista, ambos vuelven permanentemente sobre un mismo tema, como el valor del trabajo manual y de la enseñanza práctica.

“Lo que pasa es que enseñar oficios es caro. Se necesitan materiales, herramientas y profesores encima de los alumnos. El ejemplo es sencillo: 'Vos podés enseñar el péndulo en un pizarrón explicando teoría, pero el verdadero aprendizaje aparece cuando el alumno arma el péndulo, lo toca y entiende cómo funciona”, expresó Gianetti.

Para ellos, la pérdida de espacios de práctica en las escuelas técnicas es una preocupación seria.

“Los recursos para talleres se fueron perdiendo. Y sin práctica se desvaloriza el oficio”, subrayó Gianetti. Y Orlando Randó coincide: “No puede ser que un chico de 18 años no tenga trabajo. Hace falta volver a formar en oficios”.

Gastronomía, cárcel y nuevas oportunidades

El centro también fue pionero en otras áreas menos tradicionales.

“Yo soy fanático de la gastronomía. Empezamos con cursos de mozo y camarera y estuvimos casi 20 años formando gente. Muchas de las primeras camareras y trabajadores gastronómicos de White salieron del CFP N° 401", confirmó Randó.

Además, la institución tuvo un anexo dentro de la cárcel local.

“Trabajamos con los internos en herrería y carpintería. Se hicieron armarios, rejas y muchísimos trabajos”, aseveró.

La segunda casa, que muchas veces fue primera

Los años pasaron, llegaron las jubilaciones y aparecieron nuevas generaciones de docentes e instructores. Pero cada vez que vuelven al edificio, Gianetti y Randó sienten que una parte de sus vidas sigue ahí adentro.

“Este lugar tiene una virtud, es una familia. Yo voy a colaborar hasta que pueda”, aseguró Randó.

Ambos destacan el trabajo actual del centro y la continuidad de muchos proyectos, bajo la dirección de María Emilia Méndez, el regente Carlos Rodríguez y el instructor Ariel Mérida, entre otros.

Y mientras Orlando y Carlos recorren talleres y recuerdan a viejos alumnos que hoy trabajan en empresas, o tienen sus propios emprendimientos, queda claro que el Centro de Formación Profesional N° 401 es mucho más que una escuela.