Peajes en la mira
La privatización de rutas supone generar alternativas a su mantenimiento y también mejoras significativas a favor de la seguridad.
La ruta 3 norte, entre Bahía Blanca y Buenos Aires, tendrá en poco tiempo cinco estaciones de peaje a lo largo de sus 600 kilómetros, por disposición del gobierno nacional en su política de concesionar la red vial.
La estrategia es que las rutas no dependan de fondos públicos para su cuidado y mantenimiento y que sean capitales privados los que tomen a cargo esas tareas, claves en materia de seguridad vial.
Este primer paquete de concesiones, no tiene un contenido que permita suponer grandes inversiones en mejoras, como es el caso de generar autopistas, autovías, duplicar calzadas o sumar un carril, según el flujo de tránsito.
"El mapa vial para el final del mandato de Javier Milei va a parecer que estamos en otro país. Esto va a ser un cambio”, dijo Luis Caputo, Ministro de Economía.
El esquema de prioridades fue elaborado por Vialidad Nacional y analizado por Economía, Obras Públicas y el Ministerio de Desregulación y Reforma del Estado que conduce Federico Sturzenegger.
Falta todavía que el gobierno defina cuál será su política en tramos que Vialidad marcó como críticos y que necesitan obras urgentes. “Estamos en el proceso de análisis de factibilidad y costos”, señaló el funcionario.
El peaje que se pagará en la ruta 3 en principio servirá para que un privado realice mantenimiento de calzada y cuidado de banquinas. De allí en interés que han demostrado varios particulares para una concesión de gran caja y poca inversión.
Las críticas de varios sectores ponen el énfasis en que las concesiones adolecen de obras estructurales y se limitaban a sumar casillas de peaje.
No es un tema menor el vial en el país, que con su extensión es recorrido por miles de kilómetros de rutas en muy mal estado, sin que el Estado se haga cargo de su cuidado, mantenimiento y, sobre todo, de una adecuación acorde a los nuevos tiempos.
La concesión a privados tiene sentido si se basa en mejoras importantes, en obras adecuadas y, sobre todo, en un control del Estado que evite que todo se transforme en un simple sistema recaudatorio donde sean los ciudadanos los pagan para que todo esté igual.