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De las figuritas del Mundial al gabinete de Milei: la peligrosa "gamificación" de la política argentina

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“Late, nola, late nola” Cuenta regresiva para el Campeonato Mundial de Fútbol y la ansiedad de la espera se “sobrelleva con el infaltable álbum de figuritas, cuya edición tiene más paginas porque hay más equipos.

“Late, nola” se convierte en un ritual en veredas, escuelas, clubes, y en cuanto ámbito hay fanáticos/as de fútbol y de figuritas. Es mucho más que un intercambio de papelitos brillantes y con la cara de los futbolistas, es algo así como un contrato social en miniatura.

Para la Psicología, completar el álbum va más allá de la habilidad de pegar figuritas, es un ejercicio de aprendizaje, pues implica capacidad de espera y tolerancia a la frustración. Niños/as, también adultos/as, aprenden que para “llegar” o completar se necesita tiempo, reglas claras y esa mística del intercambio con los/as otros/as. 

Pero en paralelo, mientras millones de argentinos/as fantaseamos con “la cuarta” asistimos a un contraste alarmante. Mientras las infancias cultivan la paciencia del coleccionista, la gestión de Javier Milei suma entre renuncias, desplazamientos y echados casi 250 funcionarios, un promedio de 2 figuritas, perdón, funcionarios por semana. Aunque resulta paradójico que mientras un funcionario suma todos los días un escándalo, es la figurita difícil de mover.

Desde la Psicología surgen preguntas:¿Compulsión por encima de construcción de cuadros? ¿Política gamificada? 

 Si tuviera que definir en términos de Psicología Política al “Presidente Gamer” que eligió la mayoría, es obvio que no estamos ante alguien que procesa la realidad con la templanza de un estadista, sino ante la lógica de interfaces digitales; confunde gestión con simulación. 

Días pasados presentó un video con “su equipo” . Por medio de Inteligencia Artificial se representó a sí mismo como arquero y jugador de la Selección, "atajando" problemas sociales y "gambeteando" al comunismo. En esta lógica, las figuras como Messi o Francella no son cuadros políticos ni aliados de carne y hueso, sino jugadores de un juego que el presidente manipula a su antojo. 

Para el "mandatario tecnófilo” si un personaje no rinde, se lo borra (“afuera”) o se resetea la partida. En la realidad real, no la virtual, no hay construcción de equipo, menos psicología de grupo. Sí hay deshumanización del funcionario, tratado como figurita repetida que se pega o se descarta según el impacto del algoritmo. 

Winnicott sostiene que el juego sólo es saludable cuando quien juega puede distinguir claramente entre fantasía y realidad. El problema comienza cuando esa frontera se vuelve difusa y el otro deja de ser sujeto para convertirse en pieza manipulable de una escena personal.

En definitiva, por un lado, la política se reduce a un relato épico mientras la realidad institucional tiene cada vez menos figuritas reales y las que hoy están en “el álbum” son tema para otra columna, y por otro, asistimos a la ludificación o gamificación de la política.

El resultado es como si el álbum estuviera “despellejado". Una gestión que se jacta de la "motosierra" termina convirtiendo al Estado en un objeto lleno de espacios vacíos y hojas arrancadas. El problema de las figuritas no es que Milei "no las” tiene , el problema es que las arranca violentamente después de haberlas pegado. 
Entonces, el aumento del consumo, la generación de empleo, la aprobación de la imagen y el humor social, son las figuritas difíciles que nunca le llegan en el sobre, (asociaciones a un lado). Los arrebatos y la impulsividad, en contraposición a la capacidad de espera que niños/as tienen frente al kiosco, en el presidente se manifiestan con la compulsión del tuit y los anuncios por redes sociales hasta de madrugada.

Esta dinámica de narcisismo del joystick o de un joystick compartido con su hermana, no comprende que la política real se basa en la construcción de cuadros, similar a un club que forma a sus jugadores desde las inferiores para garantizar cohesión. Acá, estamos ante un experimento, esperando que un "Messi" técnico caiga del cielo por puro milagro. Un "casting" constante, un collage de individualidades unidas por la oportunidad o el algoritmo, pero nunca por un proyecto colectivo.

Un país no se gobierna encastrando legos, tampoco coleccionando ni gambeteando fantasmas en un video de Inteligencia Artificial. Gobernar además de construir cuadros es habitar la realidad. El “late, nola” del Presidente es una trampa y el peligro es evidente, solo que si en el recreo,  el álbum se rompe, tal vez se compra otro, pero cuando en la República, el “Gamer con banda presidencial” se aburre del juego o decide resetear la partida, los que quedamos fuera de la pantalla somos nosotros.