La ciudad y su infraestructura: un atraso de décadas
La necesidad de adecuar la infraestructura de la ciudad es una gran deuda de cara a los nuevos tiempos
Llueve en Bahía Blanca y decenas de calles y de barrios quedan anegados: los pluviales resultan insuficientes para evacuar el agua y muchas calles no tienen el diseño adecuado para asegurar una buena escorrentía.
Es algo que ocurre con lluvias débiles –más allá que el agua acumulada en esos casos escurre más rápido—y es evidente con una precipitación abundante.
No se trata de una situación nueva, no es algo que comenzó hace dos años, ni cuatro, ni diez. Es una falencia que tiene la infraestructura de una ciudad que ha crecido, y lo sigue haciendo, sin considerar cuestiones básicas referidas a su planificación.
Así como con las crisis en la provisión de agua potable mostró que las cañerías utilizadas tenían más de un siglo de servicio –corroídas y con incrustaciones que reducían su capacidad--, algo similar sucede con los pluviales, muchos de ellos construidos hace 50 años, la mayoría de ellos afectados por la acumulación de sedimentos.
Pero además la ciudad ha crecido en extensión, ha sumado barrios, ha perdido suelo absorbente, se ha modificado la manera que el agua busca una salida, se han realizado construcciones que impiden su adecuado funcionamiento integral.
Por eso es que se necesita un estudio serio, detallado y profundo que permita conocer el estado de situación. Tener en claro porqué, por ejemplo, la avenida Alem colapsa a unas pocas cuadras del canal Maldonado, porque se anegan barrios, cual es el diagnóstico.
A partir de esa documentación –clave, indispensable—se debiera plantear un plan de obras que será, sin dudas, a mediano y largo plazo porque se trata de inversiones elevadas para los recursos municipales.
Cuando se politiza el tema se termina echando culpas al gobierno de turno, sin considerar que cada administración hereda una ciudad con severas limitaciones en su funcionamiento. Que el 60% de las calles sea de tierra, por ejemplo, da cuenta de todo lo que se ha dejado de hacer a lo largo del tiempo.
La gran ciudad bonaerense, la gran urbe del sur argentino necesita adecuar su infraestructura, luego de décadas de inacción y de planes estratégicos independientes de los gobiernos de turno.