El desafío laboral de las mujeres en la era de la IA
Un informe presentado en Women in Tech Argentina 2026 advierte que la automatización impacta con mayor intensidad sobre el empleo femenino y exige políticas de capacitación, regulación e inclusión.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
La revolución tecnológica ya no es una promesa futura: está reconfigurando el presente del trabajo. Y, en ese proceso, las mujeres enfrentan un desafío mayor. Según se expuso en la 4ª edición de Women in Tech Argentina 2026 (WITAR26), tienen 1,5 veces más necesidad que los varones de cambiar de empleo como consecuencia directa de la automatización y la inteligencia artificial.
El dato no es menor. Revela que la transformación digital no impacta de manera uniforme sobre el mercado laboral. Por el contrario, tiende a profundizar desigualdades preexistentes si no se implementan políticas activas de inclusión, capacitación y regulación.
Bajo el lema “Del dato a la acción: experiencias que transforman”, el encuentro organizado por la asociación civil Géneras reunió en Buenos Aires a más de 130 ejecutivas, especialistas y referentes de distintos sectores para debatir uno de los grandes desafíos de esta década: cómo garantizar que la transición tecnológica sea también una transición justa.
La transformación
La automatización está modificando tareas, redefiniendo perfiles laborales y acelerando la obsolescencia de habilidades. Pero sus efectos no son iguales para todos. Las mujeres, especialmente aquellas que combinan empleo formal con tareas de cuidado, aparecen entre los sectores más expuestos.
“La única manera de que una transición tecnológica sea justa es que sea construida colectivamente, con perspectiva de género y con mirada federal”, afirmó Micaela Sánchez Malcolm durante la presentación de la hoja de ruta sobre inteligencia artificial, género y trabajo.
La advertencia apunta a un problema estructural: la inteligencia artificial no es una herramienta neutral. Los algoritmos aprenden de datos históricos y, si esos datos reflejan desigualdades, corren el riesgo de reproducirlas o incluso amplificarlas. Esto puede traducirse en sesgos en procesos de selección de personal, evaluaciones de desempeño o asignación de oportunidades laborales.
Adquirir habilidades
La necesidad de cambiar de trabajo no implica únicamente movilidad laboral. Supone, sobre todo, la obligación de reconvertirse. En un mercado donde, como señalaron las especialistas, “ya no existen los roles, sino las tareas”, la actualización permanente se vuelve indispensable.
En este escenario, la capacitación emerge como una herramienta central. Durante WITAR26 se insistió en la urgencia de generar programas de formación accesibles, gratuitos y certificados que permitan a las mujeres adquirir competencias digitales y participar activamente en la economía del conocimiento.
El desafío no es sólo técnico. También es estratégico: pasar de ser usuarias de tecnología a convertirse en protagonistas de su diseño, implementación y gobernanza.
El peso invisible
La transformación tecnológica también está alterando la relación entre trabajo y vida personal. La hiperconectividad, la disponibilidad permanente y la expansión de tareas no remuneradas vinculadas al entorno digital están generando nuevas formas de sobrecarga.
Esta realidad afecta particularmente a las mujeres, que continúan asumiendo la mayor parte de las tareas de cuidado y del trabajo doméstico. La digitalización, lejos de aliviar esa carga, muchas veces la multiplica.
Por eso, uno de los reclamos más fuertes del encuentro fue la necesidad de garantizar el derecho a la desconexión y de establecer marcos regulatorios que protejan el tiempo personal frente a la expansión del trabajo invisible.
La irrupción de sistemas automatizados en la gestión del empleo abre además un nuevo frente de debate sindical y laboral. Selección de personal, asignación de tareas, evaluación de desempeño e incluso incentivos salariales son cada vez más mediados por algoritmos.
Ante este escenario, la auditoría algorítmica aparece como una herramienta clave para resguardar derechos, prevenir discriminaciones y asegurar transparencia en la toma de decisiones automatizadas.
La discusión, en definitiva, excede lo tecnológico. Se trata de definir quién diseña estas herramientas, con qué criterios y bajo qué controles.
Varios desafíos
Los debates de WITAR26 dejaron una conclusión contundente: la transformación digital no puede quedar librada exclusivamente al mercado. Requiere un Estado activo, empresas comprometidas y organizaciones sindicales capaces de anticipar los cambios.
“La transformación digital no es inevitable ni neutral. Es el resultado de decisiones conscientes que pueden replicar o transformar las desigualdades existentes”, sostuvo Sánchez Malcolm.
En un contexto de creciente automatización, garantizar que las mujeres no queden rezagadas será una de las grandes pruebas de la agenda laboral de los próximos años. Porque el futuro del trabajo no sólo se juega en la incorporación de nuevas tecnologías, sino en la capacidad de construir un modelo productivo más inclusivo, equitativo y humano.