Condenada por intentar ingresar droga a la cárcel dentro de un pollo
Una joven fue sentenciada a dos años de prisión en suspenso por el episodio registrado en la Unidad Penal Nº 4 de Villa Floresta.
Diversas modalidades son detectadas a diario por los efectivos del servicio penitenciario cuando alguna de las visitas buscan introducir distintos elementos para que lleguen a los detenidos en las cárceles bonaerenses.
Los guardias toman nota y modifican de manera constante los protocolos para evitar este tipo de situaciones.
En las últimas horas, una joven fue condenada a la pena de dos años de prisión en suspenso (no será detenida salvo que incumpla las reglas de conducta), acusada de intentar ingresar drogas en la Unidad Penal Nº 4 de Villa Floresta.
Se trata de Iara Isis Moll (27), quien fue hallada culpable del delito de tentativa de entrega, a título gratuito, de estupefacientes agravada por darse en un lugar de detención.
El fallo fue resuelto en el marco de un debate abreviado por el juez del Tribunal en lo Criminal Nº 1, Hugo Adrián De Rosa.
Previamente, el fiscal de la UFIJ Nº 19, Mauricio Del Cero, y el defensor Sebastián Martínez, acordaron la sanción y calificación legal de los hechos.
Para el magistrado quedó probado que el 6 de mayo de 2022, alrededor de las 11.30, en la cárcel bahiense, ubicada en La Falda al 2.300, la imputada depositó mercadería destinada a un interno de la unidad penal.
Cuando los efectivos penitenciarios revisaron los elementos hallaron 23,1 gramos de marihuana fraccionada en dos envoltorios de nylon.
Los elementos fueron encontrados ocultos en el interior de un pollo que estaba destinado al detenido.
Registro y secuestro
Una oficial del Servicio Penitenciario Bonaerense declaró que ese día estaba de servicio en Villa Floresta cuando se presentó la procesada en la ventanilla de la prisión.
Sostuvo que la joven se identificó y mencionó al interno que era destinatario de la comida.
Señaló que al momento de efectuar el registro de los elementos constataron la presencia, dentro del alimento, de “dos envoltorios de nylon negro y transparente, conteniendo en su interior una sustancia verdosa con olor similar a picadura de marihuana”.
Otra agente penitenciaria que también tomó parte del procedimiento brindó un relato similar al de su compañera.
Confirmación
Lo expuesto por las oficiales del SPB quedó ratificado a partir de las fotografías de la sustancia incautada y del alimento en el que pretendían ser disimuladas para que llegue a manos del interno.
Mientras que el test de orientación confirmó que se trataba de marihuana, una pericia química estableció que la cantidad secuestrada resultaba suficiente para obtener 29 dosis umbrales.
De la misma forma, un informe de la U4 manifestó que el destinatario se encontraba alojado en uno de los pabellones del lugar.
“De las notificaciones realizadas en autos se observa que las firmas son coincidentes con la de la lista de mercadería”, señaló el juez en la resolución.
En este sentido, indicó también que “de la prueba producida ha quedado debidamente acreditado que el personal del Servicio Penitenciario constató el hecho materia de imputación a Moll”.
“Tal circunstancia permite tener por acreditado que la sustancia hallada del modo mencionado fue colocada de forma deliberada, con el evidente propósito de eludir los controles de seguridad del establecimiento penitenciario e introducir material estupefaciente destinado al interno”.
Al momento de establecer la pena no valoró elementos agravantes y consideró como atenuante la ausencia de antecedentes de la imputada.
Finalmente, De Rosa le impuso a la joven una serie de reglas de conducta que deberá seguir por el mismo tiempo de la condena.
El magistrado dispuso que la mujer comunique el domicilio en el que reside de manera permanente, se someta al cuidado del Patronato de Liberados y no tenga o consuma estupefacientes, bajo apericibimiento de revocar la condicionalidad de la pena.