Viviana Albizu, la fuerza de la mujer que levantó el básquet femenino en Bahía
Más de 30 años de pasión, entrega y lucha para que las chicas de tuvieran un lugar en la cancha. Su vida es un ejemplo de resiliencia, amor por el deporte y compromiso con su comunidad.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Desde los seis años, Viviana Albizu se enamoró del básquet. Lo que empezó como un juego se transformó en una vocación que marcaría la vida de cientos de niñas en Bahía Blanca.
“Arranqué de muy chica y costó mucho, porque en el básquetbol femenino no había torneos oficiales. Con los años empecé a entrenar un grupito de chiquitas, eran estudiantes de 6, 7 nenas. Entrenábamos por entrenar, pero había algo que nos unía y eso era la pasión por el básquet”, señaló.
En los primeros años, Viviana se enfrentó a la falta de infraestructura y reconocimiento.
Con apenas un puñado de jugadoras, organizaba partidos, improvisaba torneos y cubría gastos con la venta de entradas.
“Todos los gastos había que cubrirlos. Comprábamos trofeos, pagábamos jueces y hacíamos juegos de estrellas para que las chicas se conozcan y tengan un objetivo al final del año”, contó.
Los clubes pioneros en esta etapa fueron Estudiantes, Liniers, Argentino, Barracas, Velocidad y Pellegrini de Punta Alta. Los primeros entrenamientos y competencias marcaron el inicio de lo que hoy es un movimiento sólido.
“Organizábamos torneos muy caseros. Se cobraba entrada, se pagaba a los jueces y se compraban trofeos para fin de año. También armábamos juegos de estrellas para que las niñas se conocieran”, dijo.
“Fue duro atraer chicas, hacerlo atractivo, competir contra el hockey que era muy fuerte, pero queríamos formativas para tener futuro. Además, había pocas canchas, pocas pelotas. Yo tenía tres bolsos de pelotas, uno para los varones, otro para las mujeres y el restante para las que jugaban en Estudiantes. Todo era una lucha constante, pero con mucho cariño y pasión se pudo salir adelante”, subrayó Viviana.
Para 1994, el básquet femenino en Bahía comenzó a ganar visibilidad. Viviana armó un equipo de nueve jugadoras que compitió en los Torneos Juveniles Bonaerenses. Ganaron y viajaron a Europa. Esa experiencia fue un punto de inflexión.
“Ahí aparecieron 70 nenas que quisieron jugar, y empezamos a crecer con ellas. Fue el inicio de un boom que después explotó. Aparecieron ligas nacionales y torneos federales. Competíamos contra equipos muy fuertes, con jugadoras de selección argentina. El crecimiento fue lento pero constante y siempre buscando formar bases”, aseveró.
Durante los años siguientes, se consolidaron las categorías mini, premini, cadetes, juveniles y primera, con edades que iban desde los 5 hasta los 29 años.
“Las formativas empezaron a alimentar a los equipos de primera y se abrieron puertas”, expresó.
El gran despegue llegó en 2015-2016, cuando la CAP estableció que todas las asociaciones masculinas debían tener representación femenina. Bahía tuvo apoyo institucional, se organizaron torneos propios por categorías y surgió un verdadero boom de jugadoras.
“Ahí empezamos a tener jugadoras en selecciones, invitaciones a campus CAP y todo eso permitió que Bahía tenga un proyecto serio de básquet femenino”, explicó.
Viviana recuerda que incluso se jugaba de forma mixta en mini y U15 contra varones, siempre buscando que las chicas tengan competencia y aprendizaje.
“El mini y premini era mixto, pero la idea era jugar. Queríamos que haya oportunidades, que haya formación. Todo iba encaminado hasta que llegó la pendemia y perdí gran parte de las categorías mini y premini. Intentamos entrenar por Zoom, con yoga, juegos y meriendas, pero no fue fácil mantener la motivación de las niñas. Fue un poco más de un año muy duro, entre 2020 y 2021”, reveló.
La adversidad
Su vida estuvo marcada por desafíos que trascendían la cancha. En 2021, Viviana enfrentó una enfermedad grave, con tres operaciones en cinco días y la pérdida parcial de movilidad en una pierna.
“Tuve tres operaciones en cinco días y terminé con una amputación de pierna. Estaba en el hospital y repetía sin dudar: ‘Me pongo dos muletas y salgo para la cancha’. Mi objetivo era volver a hacer lo que más me gustaba, pero cada movimiento requería planificación y estrategia, como un partido de básquet, había que analizar la situación, estudiar al rival y ejecutar con mucha paciencia”, afirmó emocionada.
El apoyo de sus entrenadoras, jugadoras y padres fue crucial para vencer los prejuicios.
“Cuando salí del hospital, las chicas me llevaban la silla de ruedas, me alcanzaban las cosas. Fue la prueba de fuego, y la superamos juntas. Incluso hubo gente que colaboró para comprarme la prótesis”, remarcó.
En los momentos más difíciles, su vínculo con las jugadoras no se rompió.
“El cariño de las chicas fue inmenso, me respetan como entrenadora, me muestran apoyo y afecto constantemente”.
Legado y futuro
Hoy, a los 56 años, Viviana sigue entrenando y formando jugadoras en Barracas, un club que tiene una conexión profunda con su familia, ya que su padre, Rogelio, y sus tíos, Omar y Dardo Albizu, fueron dirigentes y referentes históricos del club.
“Barracas fue mi primer tiro, mi primer amague y mi primera caída. Es especial porque mi familia es parte de su historia. Es lindo cerrar mi etapa como entrenadora en este club que amo y poder seguir aportando al básquet femenino”, resaltó.
Para Viviana, las jugadoras no son sólo deportistas en su trayectoria.
“Son como hijas. Las veo crecer, jugar en distintos clubes, en selecciones, y siento orgullo. Por más que estén en equipos rivales, cuando me miran saben que algo de lo que aprendieron conmigo permanece intacto, que son conceptos incorporados que duran para siempre”, recalcó.
Su objetivo es claro y pretende que el básquet femenino de Bahía siga creciendo, uniendo clubes, potenciando formativas y generando oportunidades.
“Siempre voy a defender el básquet femenino. Quiero que otras chicas tengan lo que yo tuve y más. Que haya más equipos de primera, más divisiones formativas, y que los clubes trabajen juntos para que el deporte crezca”, arremetió con fuerza.
El legado de Viviana Albizu no se mide en títulos ni medallas, sino en la comunidad que construyó y en las oportunidades que creó para cientos de chicas.
Su historia demuestra que con pasión, esfuerzo y constancia se puede transformar un deporte, un club y hasta una ciudad. Cada pase, cada entrenamiento y cada partido llevan su huella.
“Siempre voy a estar a disposición, siempre voy a defender a nuestras jugadoras y nuestro deporte. Mi corazón late en cada cancha, me hace feliz cuando una niña empieza a driblar, pasar y encestar el balón”, finalizó.