Bahía Blanca | Sabado, 07 de marzo

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Bahía Blanca | Sabado, 07 de marzo

Veinticinco cosas que la inundación dejó al descubierto en Bahía

"A menudo las dificultades preparan a la gente ordinaria para un destino extraordinario". (C.S. Lewis).

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Audionota: Marina López

La inundación que sufrió Bahía Blanca hace un año es una de esas situaciones que por su intensidad, duración y significado dejan secuelas emocionales, psicológicas y físicas que se extiende más allá de lo que uno puede imaginar.

Trastornos del sueño, sensación de vulnerabilidad, estrés postraumático son algunas de las consecuencias de un suceso que resultó tan sorpresivo como angustiante.

También son hechos que sacan a la luz falencias urbanas, carencias de infraestructura, imprevisiones y, desde lo humano, son capaces de generar muestras de heroísmo, solidaridad, contención y fortalecimiento.

Lo que siguen son 25 circunstancias, sensaciones y aprendizajes que quedaron después de aquel 7 de marzo. Hay más.

1. El canal Maldonado resultó insuficiente

En 1948 los ingenieros del Ministerio de obras públicas de la provincia estimaron que la canalización del arroyo Maldonado debía tener capacidad para transportar hasta 260 m3/seg de agua, cálculo realizado en base a las mayores precipitaciones registradas hasta ese momento. La obra, realizada entre 1949 y 1951, estuvo siempre a la altura de la demanda. Fue necesario un fenómeno extraordinario –una lluvia de 300 mm en menos de tres horas— para que quedara en claro que no podía soportar semejante caudal. Por eso el nuevo canal a construir triplicará esa capacidad para así dar respuesta a un fenómeno similar que, según los expertos, puede darse dentro de cien años.

2. El revestimiento del canal estaba en muy mal estado

El revestimiento de hormigón de los taludes era completamente vulnerable. Desde su construcción nunca tuvo el mantenimiento adecuado. La Provincia se desentendió de esa tarea, las juntas dejaron de cumplir su función, las socavaciones agrietaron las losas y por su estructura sin armadura las placas fueron presa fácil de las aguas.

3. Los puentes no resisten

Si bien los puentes sobre el canal estaban debidamente calculados y en casi 70 años de servicio no presentaron problema alguno, no estaban diseñados para soportar el fuerte empuje lateral del agua y sus bases colapsaron al perder la tierra sobre la que se apoyaban. Hubo otro, el ferroviario de calle Don Bosco, cuyo diseño lo convirtió en una barrera para el paso del agua.

4. El sistema de desagües pluviales de la ciudad es inadecuado

Hace décadas que no se analizan las escorrentías en la ciudad. Cómo corre el agua de lluvia, cómo se evacúa, por qué se inundan algunos barrios. Los desagües pluviales resultaron obsoletos, las bocas de tormenta inadecuadas y el crecimiento urbano desde la mitad del siglo XX en adelante exigía una adecuación nunca considerada. Una obra pos inundación es precisamente la adecuación de las bocas de tormenta y la construcción de nuevos desagües.

5. El Napostá colaboró muy poco

Cuando en 1948 se diseñó el nuevo esquema para evitar las inundaciones, el arroyo Napostá quedó en segundo plano, dragado para transportar “apenas” 40 m3/seg. Nadie imaginó entonces que 30 años más tarde iba a quedar encerrado en un tubo de hormigón, comprometiendo de manera drástica esa capacidad. La falta de limpieza y mantenimiento hizo que su respuesta fuese muy pobre.

6. La ciudad creció sin criterio

En los últimos 50 años la ciudad se extendió de manera notable, surgieron nuevas urbanizaciones, se ocuparon decenas de hectáreas de tierra. Nada de eso se consideró en la planificación y una situación límite dejó en claro esa circunstancia. Además de perderse tierras absorbente muchos barrios se construyeron en zonas inundables, sin una legislación que impidiera el uso de esas tierras a pesar del riesgo que implicaba.

7. No existen zonas de amortiguación

No existen zonas pensadas para funcionar como suelos absorbentes o de retención del agua, una de las herramientas más efectivas y accesibles para casos como el del 7 de marzo: espacios que se inunden sin generar daños y que retengan el agua para evitar que ocurra lo que ocurrió. Entre las sugerencias del INTA a futuro se plantean generar recursos de ese tipo para impedir que el agua llegue a la ciudad de manera abrupta.

8. Faltan protocolos de emergencia

Bahía Blanca no tiene un plan de emergencia para este tipo de contingencia. No hay nada. Ni cómo actuar los organismos del Estado, ni cómo manejarse la población. Así como en Ingeniero White existe ese tipo de práctica por su cercanía con el sector petroquímico, la ciudad necesita un protocolo para situaciones de emergencia, de modo de no quedar incomunicados, saber a quién recurrir, qué primeros pasos dar.

9. Los héroes existen

En los momentos más dramáticos de la vida siempre aparecen héroes. La inundación no fue la excepción. Muchos vecinos no dudaron en arriesgar sus vidas para salvar las de otros. Los hubo que nadaron contra la corriente, que saltaron paredones, que ofrecieron sus casas. Están ahí, caminan entre nosotros, no son diferentes. Ese día mostraron lo mejor del ser humano.

10. Nadie está a salvo

A todos les toca. La inundación –el temporal y la granizada— aparecían como propios de ciudades de China o Estados Unidos. Nunca por este extremo del mundo. Nadie está exento de nada. El cambio climático ha potenciado lo inesperado, lo imposible, lo ajeno.

11. Estos hechos lastiman

Con un antecedente como la pandemia, uno puede pensar que todo queda minimizado. Sin embargo, lo ocurrido el 7 de marzo ha dejado huellas profundas, en lo anímico, en lo social, económico y síquico. Aún sin saberlo o sin asumirlo, todos están pagando las consecuencias de ese día, hay muchos traumas por curar y en muchos casos es necesario tener un esquema de contención y ayuda. También se ha modificado el valor inmobiliario de muchas viviendas ubicadas en barrios inundables.

12. La gente cree que se ocultan muertos

Algunos hablan de personas conspiranoicas. Quizá no sea el término más adecuado, porque es difícil pensar que una tormenta sea parte de una conspiración, salvo que sea de origen Divino. Pero sí aparecen, una y otra vez, quienes se manifiestan convencidos de que se oculta información, que hay muertos escondidos, que pasan helicópteros con cadáveres que se arrojaban al mar, que la morgue del Penna estaba colapsada. Los especialistas aseguran que estas creencias son inevitables. Hay que saber ignorarlas y comunicar de manera eficiente.

13. El Estado no está preparado

El Estado no está preparado para este tipo de situaciones. No hay un protocolo. No hay un camino, no se enciende ninguna alarma especial. No existe un sector especializado en emergencias, en cómo manejarlas y ordenarlas. Se hizo todo a buena voluntad y criterio. Pero no siempre es lo más adecuado. Tampoco es posible que se corten todas las comunicaciones, debiera haber sistemas alternativos al uso de la electricidad.

14. Hay que sufrir una tragedia para ser noticia a nivel internacional

Nunca antes Bahía Blanca ocupó tanto espacio en los medios nacionales e internacionales. La ciudad recibió medios de todo el país, sobre todo de la ciudad autónoma de Buenos Aires. Hubo de todo y para todos los gustos. En un momento dado se extendió tanto la cobertura que hasta se desdibujaba la realidad. Los referentes locales fueron por lejos los más serios y cuidadosos a la hora de informar.

15. White y Cerri son hipervulnerables

Ingeniero White y General Daniel Cerri son dos localidades totalmente expuestas en este tipo de catástrofes. Las dos cerca del mar, las dos vecinas a las desembocaduras de arroyos. El 80% de los evacuados fueron de esas localidades. Compuertas cerradas y oxidadas, desborde de arroyos, incomunicados, echados a su suerte. Una realidad que debe corregirse.

16. La gente es solidaria

Sigue conmoviendo la respuesta solidaria de todo el país. Colectas masivas, camiones que ingresaban uno tras otros tocando sus bocinas. No había capacidad ni organización ante tanto material recibido. Un gesto que a veces se ve por la TV y que esta vez se vivió en carne propia como actor beneficiado.

17. Los vecinos se organizaron

Ante la falta de una inmediata respuesta del Estado, ante el desconocimiento de lo que estaba ocurriendo y cómo se estaba gestionando la ayuda, la gente se fue organizando de manera natural, por cuadras, por barrios, atendiendo las urgencias. Todos ayudaban, algunos con sus casas, con su grupo electrógeno, con su propio instinto.

18. Las alertas meteorológicas tienen sentido

Aprendimos que hay que prestar atención a las alertas meteorológicas. Hasta la inundación eran parte de un dato que pasaba desapercibido. Amarilla, naranja. No siempre se verificaban, pero quedó claro que es información que no se puede ignorar y que se debe actuar en consecuencia. La municipalidad la tomó en serio ese 7 de marzo y decidió que no hubiera clases: salvó vidas.

19. Somos todos iguales

El agua no hizo distingos entre barrios pudientes, medios o carenciados. Arrasó con todos sin consideraciones. A la hora de una catástrofe se genera un plano de igualdad social completa.

20. El cambio climático es cierto

Quedó en claro que el cambio climático es mucho más que una creencia discutible. Está ocurriendo, aumenta la temperatura del planeta, se modifican los regímenes de lluvias y de sequías. Las estadísticas ya no son seguras, lo que nunca aconteció puede acontecer.

21. No se debe construir en subsuelo

En  muchos sectores de la ciudad no es adecuado construir en subsuelos, hay sectores inundables donde esa ubicación resulta inconveniente. La biblioteca de la Universidad Nacional del Sur, el hospital Penna y el teatro Municipal dan cuenta de esa situación.

22. La ciudad sumó referencias

Bahía Blanca ha sumado en su secuencia histórica un par de hitos. Los bahienses hablamos de antes o después del temporal, antes o después de la inundación. Son nuevas referencia, jalones, hitos.

23. Se encontró una palabra

Se impuso el uso de la palabra “resiliencia”, aquí y allá, como si fuera la única capaz de definir la necesaria actitud de la población frente a lo ocurrido, la capacidad psicológica y biológica de adaptarse positivamente y superar adversidades y situaciones de alto estrés, saliendo fortalecidos de ellas.

24. Los privados deben aportar

Un componente importante: la participación de las grandes empresas a la hora de reconstruir la ciudad. Por propia voluntad o ante la exigencia del Estado. Una ayuda que debe estar presente para aquellos que han encontrado aquí las condiciones adecuadas para crecer y desarrollarse.

25. Solos no se puede reconstruir

La dependencia de la Provincia y de la Nación es indispensable para reconstruir la ciudad. No hay manera de hacerlo solos. No han tenido las mismas respuestas y eso obligó también a asumir más responsabilidades propias. Un esquema que debe estudiarse y considerarse a futuro, para garantizar que este tipo de hechos tengo su regulación.