Estuvo 24 horas a la deriva: la memoria viva de un sobreviviente del Belgrano
Silvio Baridón, de Jacinto Aráuz, vuelve a contar su historia para sembrar memoria: la guerra, la balsa, la pérdida y una misión que aún lo motiva a hablarles a los jóvenes.
Licenciada en Comunicación Social egresada de la Universidad de La Plata. Docente en nivel superior. Redactora de La Nueva desde 2010. En LU2 Radio Bahía Blanca tiene la columna "Buenas buenas" y se desempeña como redactora creativa. Es especialista en cubrir historias humanas de superación. Además, es profesora de yoga.
El mar no se calla nunca. Mucho menos cuando se lo recuerda desde una balsa, en medio del Atlántico Sur, con olas que de día alcanzaban los ocho metros y por la noche parecían tragarse todo. Ahí estuvo Silvio Baridón. Veinticuatro horas a la deriva.
“Las horas en la balsa fueron interminables”, dice. Y en esa frase se condensa la angustia, la oración silenciosa, el miedo, el cuidado del otro para que no se duerma y no se deje ir. “En esos momentos, en esas situaciones límite, uno saca todo de sí y medita sobre muchas cosas que muchas veces dejamos de hacer y que con el tiempo nos arrepentimos”, resume.
Baridón habla pausado, como quien mide cada palabra porque sabe que no es solo su historia y que muchos jóvenes lo estarán escuchando quizás por primera vez.
Tenía 18 años cuando hizo el servicio militar obligatorio. El azar —un número en un sorteo, el 948— lo llevó a la Marina. Él dice que tuvo suerte de tener ese destino. Después de 45 días de instrucción, le tocó estar en el ARA General Belgrano, un gigante de acero, sobreviviente de otra guerra. Para él era un orgullo.
La guerra dejó de ser una idea lejana.
“Las ganas de defender lo nuestro fueron más fuertes que el miedo”, dice y rememora esa convicción que sigue vigente pero de otra forma. También sabe que hoy su historia sorprende a los jóvenes quienes lo escuchan con mucha atención ya que tiene mucha llegada a ellos. "Hoy los jóvenes de 18 años se sorprenden de que a su misma edad yo haya estado en la guerra", confiesa.
Para Baridón es muy importante que así sea porque de este modo mantiene viva la memoria de la gesta y rescata valores.
Cuando recuerda lo vivido nombra siempre primero a su amigo Jorge Delfino Pardou, hijo de Jacinto Arauz, La Pampa, que quedó en el mar junto al crucero. Y luego a los 323 que murieron en el hundimiento y evoca con admiración al resto de los héroes.
“No dramatizo —aclara—, dando mi testimonio simplemente muestro lo que pasa en una guerra”.
Esa es su forma de “malvinizar”.
Por eso, cuando da charlas, sobre el final siempre vuelve a la balsa. A ese momento en el que solo, en el mar, con la incertidumbre de no saber si el siguiente será el último suspiro, uno se da cuenta de cuantas cosas lindas tenía en su casa y quizás no valoraba. Entonces les dice a los chicos que disfruten, que miren su vida, que la vivan de verdad.
Y también les deja un mensaje muy profundo: que no se derrame más sangre.
“Hay que luchar con la pluma y la palabra”, repite, retomando una frase célebre argentina. La reivindicación, para él, no está en las armas.
Convencido del valor de compartir su experiencia en escuelas, en pueblos, en actos el pasado 29 de marzo lo hizo en Saavedra, invitado por la agrupación local Malvinas por Siempre en el marco del 44 aniversario de la guerra. "Estoy muy agradecido con ellos por esta oportunidad.
Porque mientras haya alguien que escuche, la historia no se hundirá.
Y porque, como aprendió en esas 24 horas a la deriva, aferrarse a la vida también es no dejar que el olvido gane la batalla. Lo que le tocó atravesar Con apenas 18 años, era conscripto en el crucero ARA General Belgrano durante la Guerra de Malvinas. El 2 de mayo de 1982, el buque fue torpedeado por el submarino inglés Conqueror.
En el momento del ataque, él se dirigía a su puesto como artillero, lo que le salvó la vida, ya que sus compañeros murieron en la explosión.
Tras el impacto, el barco comenzó a hundirse y, a las 16:24, el comandante dio la orden de abandonar la nave. Silvio logró subir a una balsa en medio de olas de hasta ocho metros y temperaturas extremas (hasta -20 °C de sensación térmica).
Allí comenzó la lucha por sobrevivir: sin comida, mojados y con frío extremo, los tripulantes se mantuvieron despiertos y en movimiento para no morir congelados. Datos: el 2 de mayo de 1982 – 16:01: impacto del primer torpedo. 16:24: orden de evacuar el buque.
3 de mayo – 17:00: Silvio es rescatado en el mar por el buque Piedra Buena.
5 de mayo (madrugada): arribo de los sobrevivientes a Ushuaia.
Hasta el 9 de mayo: se extiende el operativo de rescate.