Sudoeste bonaerense: un proyecto internacional apunta al pastoreo como un proceso regenerativo
“Mantener el suelo alimentado promueve la microbiología y aumenta funciones ecológicas de un suelo vivo y sano”, dijo el Dr. Rodrigo Tizón, coordinador de la Red de Agroecología del INTA.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
Planificar el pastoreo y respetar los tiempos de recuperación de los pastizales son algunas de las prácticas que mejoran la rentabilidad del sistema ganadero y, a la vez, promueven la biodiversidad. Así entonces, la recuperación de los sistemas productivos se consolidó como uno de los ejes estratégicos para sostener la productividad en el mediano y largo plazo.
Justamente sobre este tema, y por intermedio de una iniciativa internacional, especialistas de la Argentina, Países Bajos, Kenia y Tanzania impulsan prácticas para fortalecer los sistemas ganaderos y mejorar la biodiversidad.
En este escenario, distintas líneas de investigación —desarrolladas en el marco de CurveBend, un proyecto internacional impulsado por los citados países— destacan el rol central de la ganadería y, particularmente, del pastoreo planificado como una herramienta para recomponer funciones ecológicas degradadas en los paisajes rurales.
“El manejo racional del pastoreo, los descansos estacionales y la asignación variable de carga animal en los pastizales naturales permitiría recuperar biodiversidad en los territorios ganaderos y sostener la rentabilidad de los sistemas”, dice el Dr. Rodrigo Tizón, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA Bordenave, en el distrito de Puan, e integrante de la iniciativa.
Entre los beneficios se destacan la mejora en la infiltración del agua, el aumento de la materia orgánica del suelo y una mayor presencia de plantas nativas —incluidas gramíneas perennes de raíces profundas—, que contribuyen a la estabilidad del sistema y reducen la vulnerabilidad frente a sequías.
“El pastoreo bien planificado puede funcionar como un proceso regenerativo: estimula rebrotes, redistribuye nutrientes y promueve la cooperación entre especies”, agrega Tizón, en diálogo con La Nueva.
En paralelo, se avanza en el diseño de indicadores para evaluar la salud de los pastizales y orientar decisiones de manejo. Aquí se incluyen mediciones de riqueza florística, estructura de la vegetación, cobertura verde y parámetros fisicoquímicos y biológicos del suelo.
De esta manera, los resultados permitirán ajustar la estrategia de pastoreo y evitar la sobrecarga o el uso excesivo de sectores sensibles.
—¿Por qué el proyecto se fijó en el sudoeste bonaerense a través del INTA Bordenave?
—El norte del SOB tiene una larga tradición en ganadería, sobre todo respecto de pastizales o en base a pastos. Sus características edafoclimáticas han moldeado la vocación ganadera; es decir, su gran diversidad geográfica: sierras, bañados, lagunas, medanales y su variabilidad climática, años de grandes sequías y otros, como 2025, con récord históricos en precipitaciones.
“A su vez, los sistemas se vuelven complejos al incorporar a dicha vocación otras prácticas como la agricultura, en sistemas mixtos; silvicultura, con el aprovechamiento de las leñosas, y la apicultura, siendo la segunda cuenca melífera a nivel nacional. También, con ayuda de programas como Cambio Rural, la región desarrolló el turismo en áreas rurales con comprobado éxito. Todo esto explica por qué es muy adecuada para llevar adelante iniciativas de coinnovación que tiendan a mejorar el suelo y la biodiversidad a través de la ganadería; en este caso, con un enfoque llamado regenerativo”.
—¿El suelo está degradado en el SOB?
—Sí. Y esto refuerza la elección de la región de estudio. El suelo, frente a la alta frecuencia de vientos, y por esto las empresas eólicas la eligen, tiende a erosionarse por la voladura de sus partículas. A esto se le suma erosión hídrica en los sectores con pendientes como el Sistema de Ventania. Estos procesos, a veces actuando de manera simultánea, se ha iniciado y potenciado con el pastoreo continuo hasta con laboreo de lotes para agricultura.
“En el caso de los territorios semiáridos este avance se vio representado por un cierto incremento de la superficie agrícola bajo un período climático relativamente húmedo, así como por el aumento del stock ganadero debido a la migración desde sectores con mayor aptitud agrícola, en zonas húmedas y subhúmedas, donde la ganadería resultó desplazada.
“La complejidad y abundancia de raíces en el suelo es una clave para la regeneración de suelo”.
“La actividad agrícola ha sido justificada, en la región semiárida y árida, por una definida tradición orientada hacia el cultivo de trigo y avena, además de la falta de otras alternativas productivas. También influyeron una serie de políticas que se remontan a la época de la colonización y la falta, o no aplicación, de prácticas regulatorias del desmonte”.
—¿Cuál es la incidencia del sobrepastoreo?
—Es uno de los principales factores desencadenantes de la erosión eólica en zonas semiáridas. Se produce por desbalances entre la oferta forrajera y la carga, ocasionando la pérdida de cobertura del suelo. El sobrepastoreo de pasturas naturales, compuestas por arbustos y especies herbáceas de valor forrajero, produce fenómenos como la arbustización y la disminución relativa de especies palatables y aparición de espacios con suelo desnudo.
—De esta manera la vegetación cumple un rol fundamental en el sostenimiento de los sistemas…
—Así es. Cuando hablamos de biodiversidad en la región podemos resaltar el rol de los pastizales entendido como ecosistema, desde las bacterias más pequeñas hasta hongos, líquenes, aves y animales en el tope de la cadena alimentaria.
“Esta complejidad de interacciones son las que ponen a funcionar el ecosistema pampeano; luego, se convierten en beneficios para los humanos tales como generación de suelo, infiltración de agua, sostenimiento de controladores biológicos y polinizadores y más conspicuos como las plantas forrajeras de alta calidad: flechillas, poas, cola de liebre y arvejillas, entre otras. Justamente, las arvejillas, junto con otras leguminosas, también aportan fijación biológica de nitrógeno al suelo; esto lo logran gracias a bacterias que se asocian a sus raíces. Otras asociaciones positivas se logran con las micorrizas, que aumentan la capacidad de exploración de las raíces. La complejidad y abundancia de raíces en el suelo es una clave para la regeneración de suelo. Esto es, mantenerlo alimentado promueve toda su microbiología, que resultan en un suelo vivo y sano”.
—¿Qué otros beneficios aporta mantener un suelo sano?
—El suelo es la base donde luego todo se desarrolla. Si logramos un suelo saludable tendremos plantas sanas y animales sanos, entre los que nos incluimos. Por otro lado, tiene un gran poder de secuestro de carbono, ya que a través de sus raíces pueden fijar grandes cantidades de carbono en el perfil, aunque todo depende de hasta dónde lleguen las raíces.
“En nuestra región los pastizales suelen ser los agroecosistemas que mayores profundidades exploran. Además de convertir esta materia orgánica a biomasa para forraje, como un ciclo virtuoso, recientemente se han elaborado programas de pago por secuestro de carbono. Hay varias certificadoras en el país que ofrecen esta posibilidad para monetizar con una gran expectativa de crecimiento en el corto plazo”.
—¿El proyecto trabajará en conjunto con estas certificadoras?
—En realidad, se propone hacerlo con socios colaboradores como agrupaciones ganaderas, muchas de las cuales ya tienen opciones para hacer acuerdos como con Grassfed, Alianza de Pastizal, Ovis, CREA y otras. El objetivo es trabajar en esquemas de coinnovación para aumentar el conocimiento local. Nuestra meta es motorizar la interdisciplina con un rol preponderante de las agrupaciones o asociaciones que nos permitan sistematizar y monitorear mejoras en la biodiversidad y secuestro de carbono, pero superando la mirada sectorial y proponiendo, junto con tomadores de decisión, un sistema ganadero regenerativo territorial o de paisaje. En el tiempo, está acción colectiva dará sustentabilidad a las propuestas de sostenimiento del suelo y de la biodiversidad con el resultado de altos rendimientos en producción de carne.
Manejo holístico y el ajuste de carga
—Dr. Tizón, ¿cómo se implementa esta iniciativa internacional?
—En principio, la clave es la articulación entre las universidades, el INTA, las agrupaciones ganaderas y los tomadores de decisión. Las investigaciones colaborativas giran, fundamentalmente, en el tipo de prácticas regenerativas implementadas, como manejo holístico y ajuste de carga en función de la asignación forrajera, entre otras; en la vinculación con mercados nacionales e internacionales y en términos del grado de la presencia del Estado. Y vincularemos los resultados sociales y económicos obtenidos con los requerimientos ambientales de especies de flora y fauna nativas.
—¿Quiénes están involucrados desde el INTA Bordenave y con qué funciones?
—Además de un equipo más grande a nivel nacional e internacional, en el SOB somos un grupo de investigadores de campo de la experimental y agencias como AER Bahía Blanca, AER Tornquist y AER Pigüé, que damos soporte principalmente a las relaciones entre esas instituciones.
“En mi caso, también estoy acompañando a doctorandos que tienen como misión principal caracterizar la diversidad de prácticas ganaderas entre las experiencias regenerativas en el ecotono Pampa Austral-Caldenal. En base a este trabajo inicial se desarrollarán modelos de idoneidad de hábitat espacialmente explícitos para fauna, como aves y artrópodos, por ejemplo, indicadoras de biodiversidad en pastizales y pasturas, que son sensibles a las prácticas regenerativas. Para este fin se utilizarán datos existentes y recolectarán otros nuevos a campo, que permitirán validar el desempeño y explorar escenarios con las partes interesadas utilizando modelos de requerimientos de hábitats específicos para especies en predios con prácticas de manejo ganadero convencional y regenerativo, siempre en diferentes gradientes.
“Finalmente, vinculará dichos requerimientos para las especies y ecosistemas, con indicadores socioeconómicos y productivos a escala de los predios pertenecientes a asociaciones o agrupaciones ganaderas regenerativas. A su vez, se implementarán acciones colectivas, donde cada predio es parte fundamental para la transformación de todo un paisaje contribuyendo al desarrollo territorial sustentable”.