Bahía Blanca | Domingo, 29 de marzo

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Un Jefe, la nueva novela Ricardo Coler muestra “el detrás de escena” de un sanatorio

Entre la comedia y el drama, Ricardo Coler crea una historia sobre un grupo humano al que debe ordenar y manejar mientras resuelve un cúmulo de cuestiones personales.

De manera inesperada y sorpresiva el jefe de urología de un importante sanatorio recibe la propuesta de ser director del lugar.

Narrado en primera persona, el cambio de rol lo lleva a reflexionar sobre el funcionamiento del lugar, a tener que lidiar con un día a día de gran complejidad, a sostener en orden su vida privada y encontrar su propio perfil en un papel que nunca termina de quedarle cómodo.

“El jefe”, señala Coler, es “un libro de lectura fácil que evita todo lo que pueda resultar innecesariamente complicado”

Personal

Ricardo Coler (1956) es médico, fotógrafo y periodista. En 2005 publicó El reino de las mujeres, que logró gran repercusión y fue la llave para una carrera con diez novelas publicadas, algunas de ellas editadas en Chile, México, Estados Unidos, Francia, España, Alemania y Turquía.

Ahora es el momento de Un Jefe (Editorial Planeta), una novela que transcurre en un sanatorio y que muestra el “detrás de escena” de los servicios médicos, a partir en gran medida de la propia experiencia del autor como profesional de la medicina y también ficcionando historias y momentos.

“Una buena parte de lo que cuento son situaciones que viví. Algunos personajes están construidos a partir de médicos, enfermeras, parientes y amigos que conozco, todo escrito con un ritmo literario pensado para que la lectura resulte placentera. De principio a fin es una novela”, señala.

La historia va mostrando un costado muy sensible como es la relación médico-paciente, donde el factor humano juega un papel muy particular y que muestra como cada situación tiene su propio sesgo.

“Cada paciente es un mundo distinto. Hay algunos a los que les hace bien una presencia cercana y otros a quienes esa cercanía los incomoda. El médico puede ser amable y cálido, y eso es recomendable. Pero si está excesivamente comprometido puede perder la capacidad de diagnosticar con precisión e indicar lo que corresponde. Cuando uno está muy involucrado emocionalmente cuesta diferenciar lo que es de lo que uno quiere que sea. Por eso suele recomendarse no tratar a los propios parientes”.

El libro muestra también el día a día del lugar de trabajo, el mundillo cotidiano, las historias secretas, los chismes, situaciones propias de un espacio laboral que, lejos de ser distinto, guarda similitud con cualquier otro.

“Cualquiera que haya trabajado en un espacio donde haya más de dos personas sabe que el chisme ocupa un lugar importante en la charla diaria. Es inevitable. Está más relacionado con el placer que produce que con el ambiente de trabajo en particular. Si no fuera así, no se explicaría la cantidad de programas de chismes en televisión ni la persistencia del género a lo largo del tiempo”.

“Un jefe con tiene amigos”

Pasar del papel de ser uno de los médicos del sanatorio a ser el jefe de quienes eran sus compañeros supone un gran cambio en la trama de la historia, que en la novela se recrea con la nueva relación que se establece de manera inmediata al asumir el cargo y que muestra las circunstancias que acarrea ir ganando jerarquía.

“En las organizaciones humanas suele ocurrir que, cuanto mayor es la jerarquía, más aislada queda la persona. Es un rol que exige cierta distancia para poder decidir lo que resulta más conveniente para el conjunto. Si el lazo afectivo es lo que prima, es muy probable que se pierda el rumbo y que las decisiones se vuelvan injustas. Por supuesto hay variantes y matices; no todos los jefes son iguales”, explica.

De todos modos, ese rol, que da título al libro, no deja de ser un cargo por demás singular.

“Ser jefe no es algo que se adquiera con facilidad. Es una característica de carácter que no se da en todas las personas, como ser bueno jugando al fútbol o tener oído musical. Se puede andar bien por la vida sin ser un crack en la cancha ni tener que cantar en público. Lo ideal es que una característica personal coincida con la función. En la novela el personaje principal se pregunta qué habrán visto los otros en él para hacerlo jefe”.

La vida

El otro componente de la historia es la relación del protagonista con las distintas parejas de su vida y su gran descreimiento en las relaciones duraderas, una negación constante a la convivencia y el convencimiento de ser algo “bastante ambicioso” creer en la duración de ciertos sentimientos.

“Pretendemos amor, fidelidad, compartir la economía, la convivencia, sexualidad activa, compañerismo, hijos, familia, y que todo eso dure cuarenta o cincuenta años. Si uno lo mira objetivamente, es una pretensión bastante ambiciosa. Por supuesto hay quienes lo logran, pero si miramos a nuestro alrededor deberíamos reconocer que son los menos. Eso no significa que no haya relaciones más logradas que otras”.

La historia tiene lugar en un sanatorio privado, donde trabajan destacados profesionales y tener cobertura social es indispensable. Eso no quita que distintas circunstancias generen situaciones inesperadas e insólitas.

“En el ámbito privado, mientras no exista la posibilidad de incurrir en abandono de persona, se deriva al paciente al lugar que corresponda según su cobertura”, apunta Coler, al tiempo que destaca la importancia que el médico siga estudiando y actualizándose después de haberse recibido.

El autor

Usted es médico, fotógrafo y periodista. ¿Cómo conjuga estas tres profesiones? ¿Cuál antecede a cuál a la hora de la vocación?

Funciono por rachas. Hay momentos en los que estoy más cercano a la profesión médica y otros en los que estoy más ligado a la escritura.

Ha escrito libros traducidos a varios idiomas, en particular con El reino de las mujeres. ¿Cuáles han sido las temáticas más repetidas?

En general me interesan algunos aspectos de la condición humana. Vivir en una sociedad en la que las mujeres mandan —un matriarcado—, como ocurrió con El reino de las mujeres, me permitió observar algo de lo femenino. Las novelas que transcurren en el ámbito médico hablan del amor, del sexo, de la vida y de la muerte.

¿Cuál es su sistema de trabajo a la hora de escribir? ¿Tiene horarios, una rutina?

Trato de escribir cuando tengo ganas y, cuando no, leo. Eso funciona en una parte del proceso. Después, para que el libro se publique, hay que trabajar: corregir, ordenar y mejorar el texto.

¿Qué autores y libros han sido importantes en su vida?

Soy más lector de ensayo que de literatura. Me interesan Spinoza, Freud, Lacan o Badiou y leo también a colegas cercanos como Esther Cross, Ariel Magnus, Guillermo Martínez, Sergio Olguín y Claudia Piñeiro.

Fragmentos

“Cuando pasan los días y un internado no recibe visitas llama la atención, y si el paciente no evoluciona bien, el sentimiento de las enfermeras hacia los familiares puede tornarse despiadado. Los ausentes se dividen en dos grupos, los interesados y los insensibles, pero en el caso de Doménico fue al revés: si no venían era porque no se lo merecía”

“La gente debería desconfiar de los médicos que no se fastidian con las explicaciones largas. A mí me interesan más los resultados del laboratorio que lo que ellos me pudieran contar. ¿Eso está mal? Puede ser, pero los médicos no somos santos, opino que somos lo más parecido que hay a los seres humanos”.

“Pero no quería vivir con Andrea y si lo hacía obligado, con culpa, seguro que con el tiempo me iba a molestar un detalle cualquiera, como su forma de hablar, lo que opinara sobre el gobierno o que no apagase las luces cuando nos fuéramos a dormir. Me irritaría. Problemas de convivencia que cuando hay amor del bueno causan gracia, pero que pueden resquebrajar una relación cuando el sentimiento de la pareja no alcanza”.

“Trato de adivinar que piensan los que me saludan, los que esconden esos ojos falsos. Me sonríen, más que antes, pero también es como si me estuvieran escaneando para encontrar la mínima muestra de soberbia, el gesto engreído que no se le perdona al compañero que asciende"