Obesidad: una enfermedad en aumento que también preocupa en Bahía Blanca
Especialistas advierten que el sedentarismo, los cambios en los hábitos alimentarios y el ritmo de vida urbano favorecen el crecimiento del sobrepeso. Piden menos prejuicios y más acompañamiento médico.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
Por décadas fue interpretada como una cuestión estética o una simple consecuencia de malos hábitos.
Sin embargo, hoy la obesidad es reconocida por la comunidad científica como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que se ha convertido en uno de los principales desafíos sanitarios del siglo XXI.
En Argentina, el problema es cada vez más visible: alrededor de 6 de cada 10 adultos presentan exceso de peso, mientras que uno de cada cuatro vive con obesidad.
Las cifras surgen de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo y reflejan una tendencia que también se observa en ciudades intermedias como Bahía Blanca, donde el sedentarismo, los cambios en los hábitos alimentarios y el ritmo de vida urbano impactan directamente en la salud de la población.
En el marco del Mes de la Obesidad y del Día Mundial de la Obesidad, que se conmemora cada 4 de marzo, especialistas advierten que el problema no solo radica en su crecimiento sostenido, sino también en el estigma social que muchas veces retrasa la consulta médica.
Visible y estigmatizada
A diferencia de otras enfermedades crónicas, la obesidad se manifiesta en el cuerpo. Esto la convierte en una condición visible que suele estar acompañada de comentarios, prejuicios y juicios sociales que no se aplican, por ejemplo, a quienes padecen diabetes o hipertensión.
“El problema es que muchas veces se interpreta como una cuestión de voluntad individual, como si todo se resolviera con ‘comer menos y moverse más’. En realidad, se trata de una enfermedad compleja en la que intervienen múltiples factores”, explica el cirujano bariátrico Agustín Duro.
“El estigma no solo es injusto, también es perjudicial para la salud. Muchas personas postergan la consulta médica por culpa o temor al juicio”, agrega el especialista.
La obesidad es considerada hoy una enfermedad multifactorial, en la que interactúan componentes biológicos, genéticos, hormonales, ambientales y psicológicos. Reducirla a una cuestión estética o de fuerza de voluntad no solo es incorrecto, sino que puede retrasar el diagnóstico y empeorar el pronóstico.
Epidemia en crecimiento
Las estadísticas muestran una tendencia preocupante. En Argentina, la obesidad se duplicó en poco más de una década, pasando del 14% en 2005 al 25,4% en 2018.
A nivel mundial, la prevalencia se triplicó desde 1975 y las proyecciones estiman que para 2030 podría afectar a la mitad de la población adulta del planeta.
Los expertos advierten que el problema también impacta en niños y adolescentes. Se calcula que cerca del 40% de los menores presenta exceso de peso, lo que aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en la adultez.
“La obesidad no puede entenderse solo como el resultado de decisiones individuales. Vivimos en un entorno que favorece el sedentarismo y el consumo de alimentos ultraprocesados”, señala la médica especialista en nutrición Silvina Alba.
El contexto social y urbano juega un papel determinante. La disponibilidad constante de alimentos altamente calóricos, el estrés, las largas jornadas laborales y el uso intensivo de tecnología reducen la actividad física cotidiana.
El cerebro, participa
Otro factor clave en el desarrollo de la obesidad está relacionado con el funcionamiento del cerebro y el sistema de recompensa.
Los alimentos ricos en carbohidratos refinados, grasas y sodio estimulan la liberación de dopamina, un neurotransmisor vinculado al placer. Este mecanismo genera una sensación inmediata de recompensa que puede favorecer el consumo repetido de ciertos alimentos.
“Cuando este estímulo se repite de manera constante, el organismo necesita cantidades cada vez mayores para obtener la misma sensación, lo que favorece la acumulación de grasa corporal”, explica Alba.
Por eso, los especialistas sostienen que el comportamiento alimentario no depende únicamente de la voluntad individual, sino de procesos biológicos complejos.
Riesgos para la salud
La obesidad no solo implica un aumento del peso corporal. También se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar diversas enfermedades.
Entre las más frecuentes se encuentran:
--diabetes tipo 2
--hipertensión arterial
--enfermedades cardiovasculares
--hígado graso
--apnea del sueño
--ciertos tipos de cáncer
--problemas osteoarticulares
Además, puede impactar en la salud mental, la autoestima y la calidad de vida.
Por ese motivo, los especialistas coinciden en que la detección temprana y el seguimiento médico son fundamentales para evitar complicaciones a largo plazo.
Mirar más allá del peso
En los últimos años, el enfoque médico sobre la obesidad ha cambiado. Los profesionales ya no se concentran únicamente en el peso o en el índice de masa corporal (IMC), sino en la salud metabólica de cada paciente.
“El peso y la salud metabólica forman parte de un continuo. Cada situación requiere una mirada personalizada”, explica Karin Kopitowski, jefa honoraria del Servicio de Medicina Familiar y Comunitaria.
Durante una evaluación integral se analizan factores como el metabolismo, la presión arterial, los niveles de glucosa y el funcionamiento hepático. Esto permite determinar el riesgo real para la salud y definir el tratamiento más adecuado.
Nuevos tratamientos
El desarrollo reciente de nuevos fármacos que actúan sobre hormonas reguladoras del apetito, como el GLP-1, abrió un nuevo escenario en el tratamiento de la obesidad.
Medicamentos como semaglutide o tirzepatide han demostrado reducciones significativas del peso corporal y mejoras metabólicas en estudios clínicos.
Sin embargo, los especialistas advierten que estos tratamientos no son soluciones mágicas.
“Los fármacos pueden ser herramientas muy útiles, pero no constituyen una solución aislada. Su indicación debe ser individualizada y siempre acompañada de un plan integral”, explica el médico Axel Beskow.
Ese plan suele incluir cambios en la alimentación, actividad física adaptada, acompañamiento psicológico y seguimiento médico.
En paralelo con la aparición de nuevos tratamientos, también creció la difusión de medicamentos para adelgazar en redes sociales y plataformas digitales.
Esto generó un fenómeno preocupante: la automedicación.
Especialistas advierten que muchos de estos fármacos requieren prescripción médica y control profesional, ya que pueden provocar efectos adversos importantes si se utilizan sin supervisión.
Entre los posibles riesgos se mencionan alteraciones cardiovasculares, trastornos gastrointestinales, desbalances metabólicos o deficiencias nutricionales.
Además, algunos productos se comercializan por canales no regulados o sin aprobación sanitaria, lo que aumenta los riesgos para la salud.
Prevención: el desafío
Aunque existen tratamientos eficaces, los especialistas coinciden en que la prevención sigue siendo la herramienta más importante para frenar el avance de la obesidad.
Las recomendaciones incluyen:
--priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados
--aumentar el consumo de frutas, verduras y legumbres
--realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física en adultos
--promover entornos que faciliten elecciones saludables
En ciudades como Bahía Blanca, donde las largas jornadas laborales, el uso del automóvil y la vida digital favorecen el sedentarismo, fomentar espacios de actividad física y educación alimentaria aparece como un desafío clave.
Más acompañamiento
Para los especialistas, uno de los cambios más importantes que debe producirse es cultural: dejar de ver la obesidad como un problema individual y comenzar a abordarla como una enfermedad que requiere atención médica.
“Es fundamental derribar el estigma y entender que la obesidad necesita acompañamiento profesional sostenido”, concluye la médica Valeria El Haj.
En definitiva, la obesidad no es solo una cuestión de peso. Es una enfermedad compleja que impacta en la salud, la economía y la calidad de vida. Y frente a un problema de tal magnitud, el desafío ya no es señalar culpables, sino generar más información, más prevención y más acceso al tratamiento.