El Castillo de White da un paso clave tras años de abandono
El retiro del asbesto marca un hito en la recuperación del histórico edificio, cerrado durante décadas y aún a la espera de un proyecto que lo devuelva a la vida.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Se cumplen este año 25 años del traspaso al municipio, por parte de la provincia de Buenos Aires, del emblemático edificio que entre 1932 y 1988 ocupara la usina eléctrica General San Martín, popularmente conocido como El Castillo.
Aquel hecho de 2001 puso punto final de años de gestiones y abría una expectativa en cuanto a darle al lugar un destino acorde a su importancia histórica.
Sin embargo, en todo el tiempo transcurrido no se ha concretado obra alguna que permitiera la reutilización del lugar y el edificio sufre las consecuencias propias de su falta de uso y de mantenimiento, al punto de estar cerrado a cualquier visita o actividad.
Por eso no deja de ser una señal interesante el paso dado en las últimas semanas relacionado con el traslado del asbesto extraído hace tres años de sus instalaciones, un material muy utilizado por su durabilidad y resistencia al fuego para el revestimiento de cubiertas, tuberías y fachadas, pero que, dañado o envejecido, libera fibras microscópicas que causan cáncer y enfermedades pulmonares.
Un estudio realizado por el departamento de Geología de la Universidad Nacional del Sur estableció que no todos contenían ese mineral perjudicial, lo hallaron en parte de la cubierta, pintura asfáltica y como aislante de los tubos de agua para refrigeración.
La extracción del material encontró varios escollos, costos elevados, licitaciones fallidas y años de olvido, hasta que finalmente entre 2021 y 2023, por gestión de la ONG Asociación Amigos del Castillo, se concretó su extracción y almacenamiento, utilizando una moderna tecnología desarrollada por la Unión Europea, la cual exigió la intervención del Ministerio de Ambiente bonaerense por tratarse del manejo de residuos peligrosos.
Terminado el trabajo, se solicitó una evaluación final al ministerio, con resultado favorable: el edificio estaba libre de amianto, listo para cualquier tipo de uso.
El traslado
Sin embargo, aquella tarea de extracción quedó inconclusa, ya que se debía realizar el traslado del material a un lugar habilitado para su recepción. Por distintas causas esa labor se fue postergando.
En las últimas semanas, luego de tres años de espera, una tarea conjunta entre la mencionada ONG, la municipalidad y el consorcio de Gestión del puerto de Bahía Blanca puso punto final al trabajo con el retiro de los 20 tambores conteniendo el material.
Para acceder a esos tambores hubo que retirar varios metros cúbicos de escombros y trabajar con maquinaria adecuada.
Para retiro de los tambores se utilizó un carro de mano, se verificó el sellado de cada una de sus tapas y luego fueron colocados sobre pallets a razón de tres unidades por cada uno, totalizando siete pallets. Cada tambor pesa 80 kg y a cada conjunto se le realizó un doble zunchado con fleje plástico. Finalmente, se procedió a su embalaje mediante film de polietileno.
También se procedió a retirar caños con restos de asbesto recubiertos con un film de polietileno que debido al paso del tiempo presentaba un importante deterioro. Los mismos fueron trasladados al exterior del predio y se procedió a su nuevo recubrimiento y rotulado, a fin de garantizar su identificación y aislamiento.
Completadas estas tareas se procedió a su carga en un camión de residuos especiales, mediante un procedimiento específico en materia de seguridad e higiene, y traslado a lugares habilitados para su deposición.
Lo que viene
No es fácil definir los próximos pasos a dar en relación al edificio. Las obras necesarias son muchas, los recursos pocos y las prioridades otras.
Una preocupación adicional es que como consecuencia de las dos catástrofes climáticas que sufrió nuestra ciudad, la usina ha tenido derrumbes parciales de techos y mamposterías, los cuales han dejado al descubierto materiales con posible contenido de amianto y asbesto, en menor medida a lo ya gestionado.
El objetivo ahora del municipio es implementar en el corto plazo la identificación, control y recuperación de estos materiales, para así terminar con las tareas de descontaminación.
La historia
La usina Ingeniero White, tal su primer nombre, entró en operaciones en 1932. Diseñado el edificio por el arquitecto italiano Giuseppe Molinari, su construcción fue una de las exigencias realizadas a la Compañía Ítalo Argentina de electricidad, a la cual se concesionó el servicio en 1926.
Molinari siguió la línea estética de su compatriota Giuseppe Chiogna para la usina Pedro de Mendoza, hoy Usina del Arte en el barrio porteño de La Boca, un edificio de estilo románico, propio de la edad media, con arcos de medio punto, frisos, molduras y una gran torre almenada.
Como constructora actuó la Compañía General de Obras Públicas (GEOPE), mítica firma de origen alemán, que cuenta entre sus obras el obelisco porteño, el Correo Central (actual Palacio Libertad), y las canchas de Boca Juniors y Racing Club.
En la década de 1980, con la incorporación de Bahía Blanca al sistema de interconexión nacional la usina fue perdiendo relevancia, aunque seguía en actividad como refuerzo. Su cancelación fue en 1988.
En 1997, antes de la privatización de la Empresa Social de Energía de la Provincia (ESEBA), se procedió a la venta de toda la maquinaria y a su completo desmantelamiento.