El club Estudiantes estrena piso
El cambio de piso de ladrillo molido a baldosas significó todo un adelanto para la época.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 70 años, en enero de 1956, el club Estudiantes dio un paso clave en la mejora de su cancha de básquet al colocarle piso de baldosas.
Fundado en 1918 por un grupo de estudiantes secundarios, la entidad no paró de crecer, teniendo en el fútbol, el básquet, el atletismo y el tenis entre sus principales actividades.
Luego de tener diferentes ubicaciones, en la década del 30 se instaló en un amplio terreno en calle O’Higgins, con frentes también sobre calles Ángel Brunel y Santa Fe.
En 1939 la entidad dio un paso más con la construcción de un moderno estadio de básquet con tribunas de hormigón armado, de forma elíptica, con 15 escalones rodeando el campo de juego, inaugurado con la realización del XI Campeonato Argentino de ese deporte.
Se mencionó entonces que era el estadio más importante de Sudamérica. En ese momento el lugar estaba a cielo abierto –la cubierta se construyó 20 años después—y su piso conformado con una capa de tierra compactada y terminación superficial de polvo de ladrillos, similar al tratamiento de las canchas de tenis.
De allí entonces la mejora que significó el mosaico para un deporte donde la pelota rebota de manera permanente en el piso. Se trató una terminación con baldosas rojas con algunos ribetes blancos. “El coqueto estadio es ahora un orgullo para el deporte”, se dijo.
Ese piso cumpliría funciones durante 11 años. En 1967, designada Bahía Blanca como subsede del V campeonato mundial de básquetbol, la entidad recibió los tableros de madera hasta entonces colocados en el Luna Park porteño, el mismo donde la Argentina se había consagrado campeón del mundo en 1950.
Esa madera se colocó sobre el mosaico, siendo así la de Estudiantes la primera cancha del país en tener ese tipo de terminación.