Agua: hay una alternativa para que alcance sin esperar las nuevas obras anunciadas
Es otro verano con poca agua. Los trabajos para mejorar el servicio están en ejecución y, una vez más, la demanda superará la capacidad de respuesta de Aguas Bonaerenses SA, la prestadora del servicio.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
“La población debe compenetrarse de la gravedad de la situación y disminuir el consumo de agua, evitando el riego de jardines, lavado de coches, garajes, patios, veredas y todo lo que no sea indispensable para el régimen alimenticio e higiénico”.
Diario La Nueva Provincia, año 1938.
“Quizás la explicación del agua que falta los días de calor haya que buscarla en los jardines. ¿A cuánto alcanza el agua distraída en estos menesteres por señores que tiene el jardín bien regado mientras el resto de la población sortea la sed cómo puede?”.
Diario La Nueva Provincia, año 1956.
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Con la temporada veraniega 2025-2026 lanzada, se transita a 54 años de la puesta en operatividad del dique-embalse de Paso de las Piedras, una obra diseñada para abastecer una población de hasta 500 mil habitantes.
Es otro verano con poca agua. Las obras para mejorar el servicio están en ejecución; ninguna operativa. Y, una vez más, la demanda superará la capacidad de respuesta de Aguas Bonaerenses SA (ABSA), prestadora del servicio.
Para que la situación sea menos dramática existe una acción que puede mitigar de manera significativa el panorama, un camino que han seguido varias ciudades del mundo con muy buenos resultados.
Se trata (simplemente) de reducir el consumo, pasando del promedio actual de 350 litros diarios por persona que tiene nuestra ciudad a uno más razonable de entre 80 y 120 litros; es decir, reducir en un 70 % el uso durante los meses de verano. Esto requiere una actitud especial: un compromiso personal, de todos y cada uno, para un gesto responsable y solidario.
ABSA sugiere —cada año— algunas conductas mínimas tendientes a lograr este objetivo, las mismas que se pueden encontrar en otras prestadoras del servicio de agua potable en el planeta. Todas simples de atender y, aunque no parezcan, tienen un impacto trascendente en las reservas disponibles.
Primero: evitar el uso de la manguera para regar, lavar la vereda o el auto. Hacerlo utilizando regadera o un balde con agua.
Mantener la canilla mientras ponemos detergente a los platos y reabrirla para enjuagarlos, la idea es no dejar correr el agua mientras no se usa.
El uso de la ducha es clave: reducir el baño a unos 5 minutos significa acotar el uso entre 75 y 100 litros de agua. Es clave también reparar las pérdidas de canillas o depósitos.
Una canilla que gotea pierde entre 6 y 80 litros al día y puede llegar a los 300 litros diarios si la pérdida es un hilo de agua.
“Son pequeños gestos que ayudan”, dice la empresa. Claro que ABSA debería asumir el mismo criterio y establecer un esquema de emergencia para reparar —con prontitud— las pérdidas en sus redes, que son muchas y generan una importante pérdida de líquido.
Una obra pendiente
Las empresas del Polo Petroquímico consumen el 20 % del agua que llega desde el dique de Paso de las Piedras, agua que no pasa por las plantas potabilizadoras.
Existe en el sector industrial una responsabilidad por asumir con obras alternativas para esa provisión.
Una canilla que gotea pierde entre 6 y 80 litros al día y puede llegar a los 300 litros diarios si la pérdida es un hilo de agua.
Desde hace seis años, con la puesta en marcha de la planta depuradora Primera Cuenca, se está en condiciones de tratar ese líquido cloacal y reconvertirlo para uso industrial, en una cantidad que cubriría el 100 % de sus necesidades.
Se firmó en su momento un acuerdo entre la municipalidad, la Unión Industrial, ABSA y las empresas ITC y Mekorot para el diseño de una planta capaz de realizar un tratamiento biológico que permita la remoción de materia orgánica, fósforo y nitrógeno del líquido cloacal, de modo que se pueda derivar a las industrias. Es la gran obra pendiente.
Tres ciudades, misma gestión
Naciones Unidas señala que el retroceso de los glaciares, la alteración de los ciclos hidrológicos y el aumento de episodios climáticos extremos intensifican la necesidad el cuidado del agua.
A esto se suma la creciente concentración demográfica y el envejecimiento de las infraestructuras.
Por eso varias ciudades del mundo están desarrollando mejoras, incorporando la digitalización, la valorización del agua regenerada, la modernización de infraestructuras y la mitigación de riesgos.
Barcelona, por caso, se ha convertido en un referente de esa gestión. La ciudad ha logrado —en el año 2025— bajar el uso en todos los sectores, situando el doméstico en 96,7 litros por habitante/día.
Este descenso se asocia a la planificación y a la responsabilidad de la sociedad. En toda obra nueva se exigen instalaciones para el reúso de las aguas grises y, en paralelo, se continúa ampliando la red de aguas freáticas para riego y limpieza urbana.
Por otro lado, la capital catalana ha reforzado su capacidad de respuesta ante lluvias intensas. Actualmente dispone de 15 tanques de retención de aguas pluviales y ha planificado 29 depósitos más. Así buscan suprimir el riesgo de inundación por lluvias con período de retorno de diez años y reducir a la mitad el generado por lluvias extraordinarias de hasta 500 años de retorno.
La ciudad de Elche, también en España, ha convertido la eficiencia y la reutilización en ejes de su gestión.
En Elche, la renovación de redes, la digitalización del mantenimiento y la detección temprana de fugas han permitido alcanzar una eficiencia hidráulica superior al 87 %.
La adaptación a lluvias torrenciales es el otro vector. Entre las actuaciones se incluyen colectores, tanques de tormenta y un sistema de control de puntos de alivio que permite anticipar decisiones.
Con un consumo medio de 102 litros por habitante y día, impulsa medidas para el ahorro: “Cada año enviamos más de 9.000 avisos personalizados para alertar sobre consumos excesivos y promover la reparación de fugas”.
Palma de Mallorca, otra urbe española, presenta singularidades por la escasez de recursos y la presión climática. Su plan se apoya en la digitalización, la búsqueda de fuentes no convencionales y la gestión de los recursos.
Entre las actuaciones destaca la digitalización del ciclo del agua con objetivos de eficiencia, detección de fugas y optimización del abastecimiento mediante sensores e inteligencia artificial.
“La gestión de la demanda y la cultura del ahorro son tan importantes como la tecnología para asegurar el futuro del agua”, señalan las autoridades.
A ello se suma la recuperación del 50 % del agua tratada en depuradoras, destinada al riego de zonas verdes, limpieza viaria, usos municipales y agrícolas. El aumento de lluvias torrenciales ha obligado a reforzar saneamiento y drenaje con la instalación de tanques de tormenta en puntos estratégicos y el tratamiento de la escorrentía de lluvia.
Por último, remarcan que “la concienciación social es determinante. La cultura del ahorro es fundamental. Por ello impulsamos programas educativos y campañas de sensibilización. Cada ciudadano debe ser parte activa de la solución”, manifiestan.
Lo nuestro, para el final
Hoy la planta Patagonia ubicada en Bahía Blanca tiene capacidad para potabilizar 9.000 m3/h, una producción teórica que permitiría a cada habitante disponer de 600 litros diarios.
Sin embargo, los datos reales sobre lo que ocurre con el agua que sale de la planta no se conocen, ya que no hay mediciones precisas que permitan establecer qué porcentaje de ese líquido llega a las redes, o cuanto se pierde en el camino.
Tampoco el sistema actual permite un manejo integral de la red de modo de regular de manera equitativa las presiones.
Estos son meses de cultura del cuidado. Es decir: si bien es un comportamiento que habría que tener siempre, en otoño-verano y primavera no resulta ser tan trascendente.
Ser solidario, palabra que no define amor sino empatía, es clave para todos tener el agua necesaria.