La histórica parte de atrás de la municipalidad
Se trata de un local centenario que nunca terminó de encontrar un destino acorde a su historia
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 87 años, en agosto de 1938, el intendente Martín Dithurbide presentó su propuesta para darle un destino a la construcción que la municipalidad poseía sobre calle Belgrano, en la parte del terreno que coincide con la ubicación del palacio municipal.
Con un frente de 33 metros y un ancho de apenas 3, la construcción de más de un siglo tenía una enorme carga histórica desde el momento que allí funcionó la primera comisaría y la enfermería que dio lugar luego a la creación del hospital Municipal.
También allí funcionó el Museo de Bellas Artes, además de alojar distintas dependencias, tanto municipales como de instituciones particulares, a lo largo del tiempo.
Sin embargo su uso no tuvo en el tiempo un destino adecuado, sorteando incluso algunas propuestas de demolición así como utilizarlo como planta baja de un edificio en altura.
Un proyecto que tomó fuerza fue presentado en 1938 por el intendente Martín Dithurbide, quien anunció que el lugar sería adecuado para el funcionamiento del Consejo Regional de Higiene, una repartición provincial que ocuparía, se mencionó, “un moderno edificio” a instalarse en ese sitio.
Para la obra se aprovecharían “algunos elementos” de la antigua construcción para dar lugar a un “sobrio edificio” que abracaría todo el frente y llegaría hasta la parte posterior del palacio municipal.
El lugar debía ser espacioso desde el momento que alojaría un Dispensario de lactantes, un consultorio antituberculoso, un Dispensario antivenéreo, un laboratorio bioquímico, una sala de rayos X y aposentos necesarios para las oficinas de la repartición.
También habría espacio para un garaje ya que la institución contaría con ambulancia propia.
Más allá de esa presentación tan detallada, la obra nunca pasó del anuncio. El edificio sigue de pie, luciendo su singular frente sin un uso determinado.