Menor consumo de carne vacuna: ¿sólo se trata de una cuestión de precio?
“Considerar sólo al aspecto económico para un cambio de elección alimentaria es sesgar la conclusión”, dijo Milva Bahntje, licenciada en Nutrición (MP 4.973).
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
Audionota: Marina López
“Incorporar más proteínas vegetales en la dieta no sólo es beneficioso para la salud, sino también para el planeta porque no se trata de ser vegano sólo para incorporar alimentos de origen vegetal. Y lo cierto es que la industria tiene una gran oportunidad: reformular los alimentos para que sean competitivos en el mercado y lograr un buen perfil nutricional pensando en el cuidado del medio ambiente”.
Lo dijo Milva Bahntje, licenciada en Nutrición (MP 4.973), ante la certeza de un menor consumo de carne vacuna en la Argentina como consecuencia —se asegura en distintos ámbitos— de una coyuntura que deteriora el poder adquisitivo.
“Considerar sólo al aspecto económico para un cambio de elección alimentaria es sesgar la conclusión. Hace ya 5 años que se evidencian cambios en el patrón alimentario de los argentinos”, agregó.
En el país se llegó a consumir unos 82 kilos por habitante por año en la década del sesenta. En 1980 bajó a a 78; en 1990 a 70; en 2000 a 65 y, en el transcurso del corriente 2024, el promedio es de 45 k/h/a.
Bahntje recordó que en la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud, presentada en 2019, se precisó que sólo un tercio de la población consumía frutas y verduras al menos una vez al día; apenas 4 de cada 10 personas ingerían lácteos en forma diaria y la mitad refería consumir carnes (por lo menos) una vez al día. También se evidenció un consumo de alimentos ultraprocesados (algunos considerados chatarra) muy alto: el 37 % elegía beber refrescos azucarados todos los días; el 17 % consumía en forma diaria productos de pastelería y galletitas dulces; el 36 % comía snacks y el 15 % golosinas (al menos dos veces por semana).
“Estos datos ya indicaban que nuestros hábitos alimentarios estaban muy alejados de las recomendaciones establecidas por las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA), así como las elecciones son menos saludables en niños que en adultos. Vale aclarar que, si bien la decisión final debería depender del mayor, los chicos de nuestro país representan al grupo etario que peor se alimenta”, aseguró.
“Se trata de productos con altos niveles de azúcar, grasa y sal, siendo uno de los factores negativos junto al sedentarismo, el sobrepeso y la obesidad, con todo lo que esto significa en cuanto a las enfermedades crónicas no transmisibles”, explicó Bahntje en diálogo con La Nueva. desde Madrid, España, donde realizó un MSC en nutrición y entrenamiento deportivo.
En este sentido, la nutricionista no descartó el factor económico.
“Se evidenció que los patrones alimentarios son menos saludables en los grupos sociales más vulnerables, pertenecientes a los dos quintiles más bajos de ingresos. Estos grupos consumían la mitad de frutas; un 40 % menos de lácteos y más del doble de bebidas azucaradas y snacks en comparación con las personas de los dos quintiles más altos”, señaló.
“Esto hace repensar que las políticas públicas estén bien pautadas, ya que los alimentos considerados poco nutritivos y, a su vez, que su consumo favorece la aparición de enfermedades no deberían tener mayor carga de impuestos y que los productos naturales tendrían que ser más competentes en precio”, describió.
Más allá de la caída en el consumo de carne vacuna, en la vereda opuesta están la aviar y la porcina, que han incrementado la comercialización en un 66 % y 30 %, respectivamente, en las dos últimas décadas. Las razones se encuentran en una eventual mejor relación precio/calidad por la reducción de costos industriales y por contar con una cadena de producción integrada.
Ahora, lo que se no se ha modificado en las últimas décadas en el país es el consumo total de proteínas, ya que continúa en un rango que va desde los 110 hasta los 115 kilos por habitante por año entre vacuna, aviar, porcina, ovina y caprina, así como pescados.
“Hay otros alimentos de origen animal que incrementaron sus ventas en los últimos tiempos, como el huevo, que subió el consumo a 322 per cápita por año. Según la Cámara Argentina de Productores Avícolas, nos ubicamos en el quinto lugar a nivel mundial, sólo superados por México, China, Japón y Rusia”, detalló.
Bahntje añadió que, dentro de un plan, hay alimentos que hoy son costosos para los argentinos, pero se destaca que incrementar el consumo de todo lo que provee la tierra trae innumerables beneficios. Y que alimentos como legumbres, frutos secos, cereales integrales, semillas, frutas y verduras son excelentes fuentes de proteínas.
“Si bien es real que la proteína que contiene todos los aminoácidos esenciales, que son aquellos que nuestro cuerpo necesita incorporar con la alimentación, es de origen animal, también es cierto que si durante el día consumimos una variedad de los diferentes alimentos que conforman el mundo vegetal, nuestro cuerpo recibe los diferentes aminoácidos necesarios para lograr la complementación proteica diaria. A su vez, son fuente de fibra, vitaminas, antioxidantes, fitoesteroles y minerales”, expresó.
“Del mismo modo, reducir el consumo de carne implica menos grasa saturada y colesterol, lo que puede contribuir a una mejor salud”, dijo.
“También incide la toma de conciencia sobre el impacto ambiental, que es un tema importante en la toma de decisión al momento de consumir, ya que la producción cárnica es responsable, en parte, de emisiones globales de gases de efecto invernadero”, sostuvo Bahntje (IG: nutricion_ib).
“Pero lo único cierto es que se está produciendo un cambio de paradigma, ya que cada vez más gente se preocupa por comer de manera sana”, dijo.
“Es muy bueno incrementar el consumo de todo lo que provee la tierra, ya que eso conlleva innumerables beneficios”, dijo Bahntje.
“Más allá de la crisis económica real, también hay cambios de hábitos elegidos por otros factores donde, sin dudas, un lugar importante ocupa prevenir enfermedades, vivir más años y que nuestro envejecimiento sea de mejor calidad”, indicó.
También que eso se evidencia en la consulta diaria de personas que piden turnos para realizar cambios de hábitos pensando en la prevención, así como en la apertura de negocios dedicados a la venta de alimentos de origen vegetal.
“Si simplemente hacemos un chequeo en internet, el nivel de búsqueda en el último año de los términos 'dieta mediterránea', que es de referencia, o 'dieta paleolítica', donde el consumo de carnes es alto, se aprecia la marcada intención de información que aporte beneficios comprobados”, concluyó la nutricionista.
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