Familia Zapp: volvían de dar la vuelta al mundo y quedaron varados en Brasil

5/4/2020 | 07:05 |

“Este virus nos recuerda lo frágil que es la vida y el regalo que tenemos”, reflexionó Herman Zapp, quien junto a Candelaria y sus cuatro hijos viajan desde hace 20 años por el planeta en un auto de 1928. Ahora hacen cuarentena en Sao Paulo, separados de Pampa, el mayor de sus hijos, quien está en Argentina con sus primos.
 

   Anahí González
   agonzalez@lanueva.com   

   Por su historia de vida, que parece una película, por animarse a atrapar su sueño de vivir viajando desde hace más de 20 años por el mundo, por haber tenido cuatro hijos en el camino sin que eso significara una renuncia a este particular estilo de vida y por compartir sus experiencias del primer viaje a Alaska en un libro que se tradujo a cinco idiomas (“Atrapa tu Sueño”), los Zapp son referentes de millones de viajeros y una fuente de inspiración para muchísimas personas que, cada vez más, se animan a hacer las cosas de modo diferente, a desnaturalizarlas, a barajar las cartas y dar de nuevo, dejando atrás prejuicios o viejos moldes de pensamiento.

   Basta decir que toda esta epopeya la hicieron en un auto de 1928, un Graham Paige para el que prácticamente ¡no se consiguen repuestos!

   Así pasan la cuarentena Los Zapp en Sao Paulo.

   Por ello, sus palabras son muy esperadas por una gran familia virtual, por ciudadanos y ciudadanas de todas las latitudes que siguen sus aventuras desde hace décadas: ¿qué tendrán para decir estos viajeros a quienes no los frena nada, ahora que todo indicó que hay que frenar?

   Paradoja de caminantes, cuando habían anunciado que por un tiempo probablemente no harían viajes tan largos, la pandemia les impidió regresar a la Argentina, a su casa en Los Cardales.  

   Así estaban poco antes de la cuarentena, disfrutando de la costa brasilera.

   Herman, (quien vivió en el campo de su abuelo Eduardo Von Wernich, en Tornquist), Candelaria (oriunda de Chascomús) y tres de sus hijos (Tehue, Paloma y Wallaby) se encuentran en Sao Paulo, Brasil, país que recorrían cuando se estableció la cuarentena.

   El más grande de los hijos, Pampa,  está en Argentina, ya que quería experimentar lo que era la vida sedentaria e ir a la escuela.

   Al final, sucedió lo impensado: está tomado clases por Homeschooling, como lo hizo siempre y en casa de unos primos.

   “El mensaje es que de esta vamos a salir y, como siempre, vamos a salir para adelante”, dijo Herman a La Nueva.

   “El hecho de que tengamos que estar encerrados va a hacer que, cuando todos salgamos, disfrutemos más de poder ir a una plaza, de una hamaca, de los chicos, de la familia, porque ahora sabemos que si hay una peste, es para todos, sin distinción de clase social”, dijo.

   Subrayó que esta pandemia era algo inimaginable, inesperado.

   Cuando aún estaban con Pampa, en la última Navidad, en Chapada, Diamantina (Brasil).

   “Esto nos muestra también la fragilidad de la vida. Uno puede hacer todos los planes que quiera pero cuando estas cosas pasan, te hacen pensar ¡tengo que estar preparado! Tengo que hacer lo que hay que hacer en cada momento de mi vida y no esperar que venga un virus para recordármelo”, añadió.

   “Esto nos recuerda lo frágiles que somos y el regalo que tenemos, las dos cosas. Entonces, con la fragilidad que tenemos ¡a disfrutar de nuestro regalo!”, señaló.

 Cande y Paloma, compinches en la playa.  

   La familia también compartió unas palabras en las redes.

   “Gracias a aquellos que están preocupados por nosotros en este contexto mundial tan difícil. Estamos en el mejor lugar junto a las mejores personas en Sao Paulo. Ricardo, alias Boli, junto a otras personas crearon un Coworking Rusty Barn para autos antiguos donde todo tipo de arreglo y diversión se puede hacer en los autos”, escribieron en el muro de Facebook.

   Al pie del Cristo, en Río de Janeiro.

   Los Zapp viajan en un Graham Paige de 1928, vehículo que los acompañó desde la primera aventura por América, Asia, África y Europa.  

   “Hoy enormes galpones llenos de autos antiguos nos rodean en un lugar lleno de parques y árboles. Y para ponerle la cereza a la torta: hay una fábrica de cerveza y una tostadora de café. Y para nosotros una lindísima casita. Así que si las cosas empeoran, el Graham va a mejorar muchísimo”, dijo Herman son su habitual optimismo.

   Un deseo: “Que pronto este virus sea un solo recuerdo y que las enseñanzas que nos deje sean para ser mas unidos, mas humanos y de tomar mas en serio la vida. Porque lo único seguro que nos vamos a llevar de esta vida es lo que hayamos amado y soñado”, concluyó.

   La aventura

   El día 25 de enero de 2000, partieron a Alaska. Iban a tardar seis meses, pero se tomaron tres años. Su primer hijo, Pampa, nació en Carolina del Sur. Y siguieron viajando, usando como principal fuente de ingreso la venta de su libro: «Atrapa tu sueño» (2004). Ese mismo año nació Tehue, en Argentina su segundo hijo. ¿Se viene el segundo libro!

   Humildad. Pese a que con los años, por sus aventuras, se hicieron cada vez más populares, jamás dejaron de atender el teléfono para dar una entrevista. Siempre con entusiasmo, con amabilidad y sentido del humor. En cada sitio al que van, son muchos los reportajes.

   Candelaria, una vez, hace varios años, respondió a la pregunta que partió desde esta redacción, de Bahía Blanca: "¿Dónde estás ahora, mientras hablamos?"; "Acá, sentada en el techo del auto, viendo a los chicos jugar. ¡Un paisaje maravilloso!". Estaba en Tailandia. La entrevista duró más de una hora. Tiempo que se toman para la gente, porque las experiencias han dejado de ser propias, son para quienes quieran compartirlas.

   En 2008, partieron hacia América del Norte (Paloma nació en Toronto). En 2009, llegaron a Australia: allí nació, Wallaby (significa canguro). De Australia y Nueva Zelanda, pasaron a Asia. Allí estuvieron dos años, de 2010 a 2012. En África, donde Herman padeció Malaria, estuvieron entre 2012 a 2015.
Desde 2015 a 2019, visitaron Europa.

   Allí decidieron lanzar una campaña colaborativa para volver a América en un barco a vela. El viaje duró 20 días y unieron las Islas Canarias con la Guyana Francesa. Luego recorrieron distintos puntos de Brasil, donde terminaron de escribir su segundo libro.  

   Candelaria guió a sus hijos siguiendo un programa a distancia del Ministerio de Educación argentino.

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