Pensar en la segunda ola

15/11/2020 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Mientras que en muchas ciudades pasamos de la “ASPO” a la “DISPO”, mientras que la relajación empieza a ser evidente, no puedo dejar de mirar lo que acontece en otros países. No es pesimismo, pero las experiencias ajenas debieran ser aprendizajes y luces de alarma.

   ¿Estamos preparados para enfrentar una segunda ola de Covid-19?

   Es sabido que los meses cálidos, más allá de la pandemia, siempre invitan a socializar más, propician los encuentros y las personas disfruten de mayor cantidad de horas de sol; si a esto le adicionamos que se aproxima fin de año, fecha en la que las despedidas se multiplican, la celebración de las tradicionales fiestas, acompañadas de cierto espíritu transgresor “gobernado” por frases tales como “no pasa nada”, “ya pasó lo peor” o “a mí no me toca”, estamos ante el combo ideal que lejos de solucionarse un problema se pueda empeorar.

   Mientras los laboratorios corren una carrera contrarreloj y a toda velocidad para dar con la vacuna verdaderamente efectiva, nosotros corremos una carrera de resistencia tratando de “resistir” y sobrellevar este hecho excepcional para la humanidad.

   Nuestro sistema cognitivo ya se adaptó al coronavirus, las noticias ya no tienen el impacto de los primeros meses y los sentimientos de angustia van disminuyendo amalgamados con “los permitidos” de la “nueva normalidad”.  

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   ¿Podemos ser “tan argentinos” y creer que no puede darse un rebrote? ¿Si países como Francia, España, Italia, entre otros, están otra vez con la problemática por qué nosotros seríamos “inmunes”?

   La vacuna está en proceso, a su vez una campaña de vacunación masiva no es tarea sencilla, razón por la cual es momento de sostener el esfuerzo. 

   Desde la Piscología advertimos que no es fácil, por el contrario es todo un desafío emocional; pues el cansancio se ha acumulado, hay incógnitas sin respuesta respecto del futuro y el repertorio de respuestas hasta creativas desplegadas durante el confinamiento se han agotado.

   Sabemos que la pesadilla puede “retornar” y si bien ya no estamos tan desprevenidos, de solo pensarlo resulta tedioso. Dos preguntas rondan como fantasmas: ¿Cuándo podremos retomar nuestras vidas? ¿Las podremos retomar?

   Asistimos al mayor experimento que jamás se haya hecho a semejante escala, pues el mundo por primera vez y de forma simultánea está atravesado por la misma problemática; incertidumbre, inseguridad económica, desesperanza, cansancio, hartazgo, desánimo, son los estados emocionales que se evidencian en todo el globo; estados que deben ser registrados, atendidos, escuchados para que no se conviertan en patología.

   Todos estamos saturados, pero hoy más que nunca lo que le acontece al otro, al que está allá lejos, en la tierra de muchos de nuestros ancestros, nos debe servir para no “bajar la guardia” ni el tapabocas; la solución por el momento es conductual, todavía hay contagios y muertes, por eso debemos resistir en esta carrera cuidándonos y cuidando así a quienes nos rodean, tal vez en señal de respeto y reconocimiento por los que todavía siguen “poniéndole el cuerpo” a esta pandemia.

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