Un bahiense que encontró la felicidad en Kenia

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Un bahiense que encontró la felicidad en Kenia

13/4/2019 | 07:00 |

Se llama Julián Alonso, tiene 34 años y en las próximas semanas se irá a probar suerte al continente africano. 

Por Sergio Prieta / sprieta@lanueva.com

   Mientras muchos buscan el progreso y la felicidad emigrando a países desarrollados, como podría ser España, un bahiense llamado Julián Alonso encontró la plenitud en un lugar tan desconocido como lejano: Iten, un pequeño pueblo de Kenia.

   “Cuando era chico mi sueño era vivir del atletismo, pero en Argentina es algo muy difícil de lograr. Así que opté por estudiar kinesiología que me ofrecía una salida laboral relativamente segura y me vinculaba con todo este mundo de correr”, cuenta Julián Alonso.

   Al mismo tiempo siguió participando en todo tipo de carreras de calle y maratones de manera amateur: incluso, el año pasado ganó los 42K que organiza el club Universitario.

   También tuvo la suerte de correr maratones en ciudades como Los Ángeles, Boston y más acá en Mar del Plata y Buenos Aires. Y hasta creó uno de los grupos de running de nuestra ciudad: se llama Iten, por ese pueblo de Kenia en el que viven los mejores corredores de resistencia del mundo y que en cuestión de días será su nuevo hogar.

   Esa ciudad de África poco tiene que ver con esta Bahía en la que se corre por diversión, salud o para mantenerse en forma. Allá, quienes corren lo hacen para escaparle a la pobreza, tener un trabajo y es una forma de vida que requiere de muchísimos sacrificios, constancia y voluntad. 

   Y Julián, el bahiense que de chico soñaba con ser atleta quiso conocer como viven y entrenan los mejores. 

   “Viajé 40 días a Kenia para conocer y la experiencia superó mis expectativas”, dice a pesar de que las casas son precarias, los autos prácticamente no existen y los cines son habitaciones con un televisor de 20 pulgadas que comparten entre todos los atletas.

   “Es un lugar donde se cubren las necesidades básicas y nada más. Pero a diferencia de otros donde abunda la tecnología y las comodidades hay una felicidad que no puedo explicar con palabras”, dice al borde de la emoción.

   “Acá tenemos casas muy cómodas, mucha ropa, los últimos celulares y otras cosas,  pero estamos preocupados y apurados todo el tiempo. Siento que mi filosofía de vida se acerca más a la de ellos y por eso quiero irme a probar suerte”.

   En Iten viven corredores como Lornah Kiplagat, Wilson Kipsang Florence Kiplagat, David Rudisha, Asbel Kiprop, Wilson Kipsang y Abel Kirui, que acumulan medallas olímpicas y récords del mundo por decenas. De hecho se dice que Iten es la ciudad con más campeones olímpicos per cápita.

   Y además de ser el hogar de los mejores es la meca del atletismo mundial. Todos los años, atletas olímpicos, profesionales y amateurs visitan el pueblo para descubrir como entrenan los mejores y tratar de igualarlos, aunque por el momento, es imposible. 

   Un día en Kenia arranca a las 5 de la mañana y a las 6 ya están corriendo por los ondulantes caminos de tierra que adornan al pueblo.  

   A veces, se puede ver a deportistas de elite viajando en la caja de un camión como si se tratara de barras de algún club de fútbol. Incluso se turnan con los que recién empiezan para limpiar los baños, ya que viven en comunidades de corredores.

   “En Kenia, el sueño de dedicarse a correr está al alcance de la mano y es la salida para muchísimos jóvenes que no tienen opción de ir a la universidad o cursar estudios terciarios”, explica.

   ¿Y de qué viven? Básicamente de la ayuda de otros atletas. Y si uno llega a demostrar que es lo suficientemente bueno aparecen promotores que los contratan para ir a participar a carreras en algún lugar del mundo: con el dinero que ganan en esas competencias sobreviven todo el año en Kenia.

   "Para el 30 de mayo tengo pasaje de ida y esta vez es por tiempo indeterminado: tengo mucho por aprender y compartir”, asegura Julián, que ya se prepara para iniciar un viaje que muchos corredores desearían hacer.

   Un viaje que, quienes buscan ser felices, jamás imaginarían que pueden serlo en un pequeño pueblito de África.

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