Cansados de tanto cansancio

17/3/2019 | 06:30 |

Por
Guillermina Rizzo

   ¡Demasiado! ¡Desmedida! ¡Excesiva! ¡Exagerado! ¡Descomunal! ¡Enorme!

   Listado de adjetivos para caracterizar un día como el mío, como el tuyo…

   Demasiado estrés, demasiada responsabilidad, excesivas tareas, exagerados compromisos, enormes esfuerzos, innumerables sacrificios, múltiples corridas; la lista podría extenderse de acuerdo con cada historia, pero seguramente para la mayoría estará coronada por el agotador desafío de llegar a fin de mes en épocas de bolsillos magros.

   ¡Poco! ¡Escasa!

   Poco tiempo, escasa energía, insuficientes horas de descanso, nulos momentos de esparcimiento…

   ¡Si! Seguramente a estas horas de la lectura, entre “los demasiados y las escasas”, ya estás agotado/a.

   ¿Cansado de estar cansado? ¿El agotamiento nos corroe lentamente? ¿Hay una gota que colma el vaso?

   Si tuviera que traducir las palabras anteriores en una “fórmula matemática” para los/as amantes de las ciencias exactas diría que C= D+P; el cansancio es el producto de demasiadas exigencias y pocas gratificaciones.

   ¿Quién no ha experimentado esta sensación?

   El cansancio, el desgaste, nos deteriora lentamente; según las Neurociencias, un cerebro “fatigado” responde de manera diferente a los estímulos, se torna más sensible a nivel emocional y la realidad es percibida de manera negativa.

   ¡Pare! ¡Stop!

   Sumergidos/as en el agotamiento, y sin poder salir a la superficie, buceamos en la creencia de que el cansancio es la resultante de las decisiones erróneas, del acopio de esas equivocaciones fatales, de las decepciones y los fracasos.

   ¡Frenemos!

   El cansancio, ése que poco a poco nos arroja a un estado “zombi”, es consecuencia de una gran cantidad de actividades y tareas que asumimos y que también nos imponen sin advertir que en algún momento nos pasarán factura y sin percibir que no es “una gota la que colma el vaso” sino una sucesión de ellas.

   ¿Cuánto podemos soportar?

   El cansancio y el agotamiento psicológico se traducen en una serie de signos físicos y emocionales a los cuales debemos estar alertas. Los más frecuentes son: pérdida o aumento del apetito, cefaleas, palpitaciones, problemas digestivos.

   También experimentamos insomnio, una disminución de la energía que hace que al despertar sintamos que no llegaremos al final de la jornada. Falta de concentración, fallas en la memoria, confusión y obviamente aumente la posibilidad de cometer ciertos errores.

   A nivel emocional estamos irritables, pesimistas, nos gana la desilusión y la desmotivación; la capacidad de disfrutar y experimentar placer se va extinguiendo mientras el mundo va de los grises al negro profundo.

   Un día, el vaso rebalsa y nuestra vida se desborda, pareciendo que se apaga. Será momento de detenerse y pensar con calma cuál es la causa de nuestro cansancio, sin responsabilizar a otros/as y asumiendo que en ocasiones tenemos “el sí fácil”. Establecer límites y disminuir las autoexigencias funciona como drenaje emocional, generando espacio para experiencias placenteras.

   Establecer prioridades es un desafío, no siempre lo urgente es importante o trascendente, en ocasiones realizamos inversiones emocionales en temas triviales y en personas que no merecen nuestro tiempo.

   El cansancio nos aprisiona y socava a tal punto de olvidarnos de nosotros/as mismos/as, nuestras necesidades y deseos quedan sepultados en la polifonía de voces y exigencias ajenas.

   Tomarnos tiempo para hacer lo que nos gusta, distraernos y hasta relajarnos con una caminata se traduce en una especie de bálsamo reparador.

   Date permiso, hoy es domingo: dormí, descansá, tirate en el pasto, hace lo que te gusta; esto también pasará.

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