Mago a la hora de jugar. Y de pensar

27/11/2017 | 09:00 |

Por
Walter Gullaci

La estadística es letal, dice Rubén Capria.

El Mago, aquel zurdo que deslumbrara con su excelsa pegada en Estudiantes de La Plata y Racing, a sus 47 años analiza el fútbol con una visión digna de, al menos, conocer. Y si se trata de los formadores, mucho mejor.

Ante el doctor Juan Manuel Herbella, exfutbolista, docente universitario en la UBA y ahora también periodista, Capria sostiene que por cada mil chicos que empiezan en un club menos de dos llegan al profesionalismo.

Y al toque, aclara que el estereotipo ideal para el sistema que gobierna al fútbol es el del jugador primitivo y superfluo, porque es más sencillo de ser manejado.

A ver...

"El futbolista inteligente, el que pregunta demasiado, es visto como una amenaza: porque cuanto más formado está, más herramientas tiene para discernir qué está bien y qué está mal, qué le gusta y qué no le gusta. Y eso, para el que dirige, puede ser un problema". Maravilloso...

Para el Mago, el fútbol no pasa sólo por ganar o perder. Y allí, de nuevo, baja su mirada hacia el espacio formativo.

Porque, para él, existe un mensaje perverso en el fútbol infantil, donde se exagera la competitividad. Cuando los chicos de por sí son competitivos.

"Hay que preguntarse cómo se va a entusiasmar con el juego un chico, si vive pensando que tiene que ganar", interpreta.

Entonces, dice, el niño termina siendo tratado como un adulto prematuro y se le acabó el juego.

Capria pregunta cuál es la edad correcta para el desarraigo de esos chicos que dejan sus casas para ir a la pensión de un club, tras el sueño de llegar al profesionalismo.

"Yo empecé en Estudiantes de La Plata a los 13 años y no soporté más de un año. Fue un error. Extrañaba. Me volví a casa y regresé tres años después, a los 16. Ahí, ya tenía más claro que me interesaba el desafío de intentarlo y lo viví distinto. El daño del desarraigo es difícil de cuantificar".

Y por si le faltaba algo a esta clase magistral de pases, cambios de frente y zurdazos clavados en un ángulo, Capria ahonda en la vorágine mediática en genera la pelota.

"En las redes sociales hay maldad, por eso el futbolista se pone a la defensiva. Pese a que hay un público ávido de cuestiones futbolísticas, se prioriza el chimento porque es difícil hablar y opinar de futbol interpretando un partido y con conocimiento. Se confunde trampa con engaño. El engaño es una herramienta del juego, la trampa no".

Puro talento. Adentro y fuera de la cancha.

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