El creador de un gran cambio
Le faltaban algunos meses para cumplir sus 75 años de vida cuando el corazón de Ray Tomlinson cumplió el número exacto de latidos asignados por el Creador. Nacido en New York, Estados Unidos, fue el creador del correo electrónico, considerado una de las grandes innovaciones tecnológicas de nuestros tiempos.
Ray tenía 30 años de edad cuando, en 1971, sentado frente a su computadora, terminó de probar su protocolo de transferencia de datos electrónicos entre dos computadoras conectadas en red. Fue un gran paso para dejar atrás las denominadas “terminales bobas”: una pantalla y su teclado incapaces de servir para comunicarse con nadie.
Aquel día Ray escribió varias letras de corrido --sin que formaran palabra alguna-- y las envió a una computadora que estaba a su lado, ambas conectadas en Arpanet. Para generar una dirección del destinatario tomó además una particular resolución: buscó en el teclado un signo que no fuera una letra, que casi no se usara y que fuera de fácil lectura. Así llegó al arroba entre el nombre de usuario y el programa de conexión.
Luego de verificar que el sistema funcionara de manera adecuada envió los primeros correos a otros investigadores sobre cómo utilizar ese recurso. “Los primeros mensajes fueron para anunciar su propia existencia”, solía referir Ray al ser consultado sobre los primeros pasos del email.
No era difícil entender que el correo electrónico era una herramienta importante, trascendente, revolucionaria. Claro que, en medio de la catarata de adelantos que la informática estaba dando, como parte de una verdadera revolución que en materia de comunicaciones, modificaría para siempre la forma de funcionamiento del mundo.
El email tuvo, como todo adelanto, sus efectos colaterales. De alguna manera terminó con el uso del correo tradicional, de las cartas manuscritas, el papel dentro del sobre, la estampilla, la llegada del cartero. Puso punto final a formas tradicionales de comunicación y, junto con otros combos, dio inicio al lenguaje favorito de las nuevas generaciones. Ray Tomlinson es uno de los tantos nombres destacados de esa cadena de logros.
Un renglón final para el inesperado protagonismo del arroba. Un mercader italiano lo utilizó en el año 1500 como unidad de medida, equivalente a 1/13 de un barril de vino. En la actualidad, algunos países siguen usándolo con ese fin. En Valencia se utiliza en transacciones de cítricos (equivale a 12,78 kilogramos), mientras que en Bolivia y Perú es la unidad de comercialización de las hojas de coca.