Tango bahiense
Hace 55 años, en marzo de 1960, la señora María Amelia G. de Di Sarli, mujer de quien en vida fuera el pianista y compositor Carlos Di Sarli, donó al Museo Histórico Municipal el manuscrito original del tango Bahía Blanca, una de las últimas composiciones del destacado músico bahiense.
Apenas dos meses habían transcurrido del fallecimiento de Di Sarli, cuando su viuda tomó la decisión de donar tan valioso material al museo de la ciudad natal del conocido como Señor del Tango.
Di Sarli nació el 7 de enero de 1903. Desde pequeño tomó lecciones de piano en el conservatorio Williams. Tenía 13 años cuando se incorporó como pianista a una compañía de zarzuelas, aunque en poco tiempo el tango se apropió de su alma. Aquí supo actuar en el café Express, de Yrigoyen y Zelarrayán, hasta que, en 1923, alentado por su amigo Juan Carlos Cobián, viajó a Buenos Aires, donde empezó a desandar su camino triunfal como parte de la época de oro de la música ciudadana.
El éxito lo acompañó siempre. Aún se recuerdan sus presentaciones en los carnavales del Club Comunicaciones, donde su presentación batía récords de recaudación.
Afectado por una fatal enfermedad, actuó por última vez el 8 de marzo de 1959, en el club Podestá, de Lanús, donde se despidió ejecutando el tango Bahía Blanca, compuesto un año antes.
De allí la trascendente de la decisión de su mujer de entregar aquel el manuscrito, además de donar al museo dos fotografías del músico. Dos décadas más tarde, la ciudad volvió a homenajearlo, inaugurando un busto de bronce en la plazoleta de las calles 12 de Octubre e Yrigoyen.
Penosamente calificado de “mufa” por los mediocres e ignorantes de siempre, esa sombra todavía impide que se escuche con demasiada frecuencia su maravillosa creación musical.