Ramiro Musotto, el adiós en otra Bahía
El percusionista platense pero de corazón bien arraigado a Bahía Blanca, Ramiro Musotto, falleció anteanoche, a las 45 años, víctima de un cáncer de estómago.
Radicado en Bahía, Brasil, colaboró con artistas importantes de ese país como Gilberto Gil, Caetano Veloso, Marisa Monte, Daniela Mercury y Paralamas,.
"El Hendrix del berimbau" cobró notoriedad en un país de excelentes percusionistas gracias a su trabajo en Canto da cidade, el exitoso disco de Daniela Mercury, donde el prestigioso productor Liminha le dio la posibilidad de grabar.
A partir de allí, a Musotto se le abrieron las puertas de la música brasileña y pasó a participar y tocar con artistas de extrema calidad.
También tocó en vivo y grabó en los discos de Os Paralamas, Skank, Marina Lima, Lulu Santos, Zeca Baleiro, Zélia Duncan y Kid Abelha.
En su carrera editó Sudaka y Civilizacón y barbarie, que mostró en la Argentina, donde se lo vinculó con artistas que practican la mezcla de ritmos como Kevin Johansen, Axel Krygier y Cristian Basso. Con ellos se presentó en vivo y trabajó en sus discos.
Los restos de Musotto fueron sepultados ayer por la tarde en un cementerio de Bahía y en la ceremonia de despedida hubo un homenaje, con la presencia de un grupo de colegas brasileños.
Aquella generación de talentos.
Perteneciente a la famosa generación de músicos de los años 80, que dio nuestra ciudad como Pedro Giorlandini, Julio "Ciego" Moreno, Pablo de la Loza, Sergio "Laucha" Iencenella, entre otros, formó parte con algunos de los nombrados de la recordada banda local Mate, de fusión y rock.
A ese grupo, Gloria Guerrero, la influyente crítica de rock de la revista "Humor", le dedicó algunos elogios, en especial preguntándose "cuantos brazos tendría su baterista, para tocar así", refiriendo precisamente a Musotto.
A los 18 años siguió el impulso de sus aspiraciones y cruzó frontera hacia Brasil. Primero a San Pablo, para estudiar percusión. Y como un designio marcado en la vida de Ramiro, la palabra Bahía, volvió a llamarlo interiormente. Pero esta vez fue San Salvador.
En esta etapa, que duró 12 años, Musotto pudo desplegar todo su potencial como músico. Estaba en su medio natural: el aire bahiano le permitió adentrarse y madurar en varias de sus pasiones. Estudiar y ejecutar percusión y en especial el berimbau, su compañero de rutas; investigar los ritos afrobrasileños aplicados a la música; y otras variantes como el samba reggae y los tríos eléctricos del carnaval.
Y sobre todo, ayudó a diseñar el sonido (y especialmente la percusión) de la música pop bahiana, del modo que se la conoce en la actualidad.
Sin embargo, y pese a que el berimbau sigue siendo su principal instrumento y por el cual logró sus lauros, el músico se dedicó también a la generosa gama de sonoridades de la percusión afro-brasileña, agregando un perfil panamericanista a su trabajo e internándose luego en el universo de la electrónica.
Un trotamundos como él.
Musotto era un trotamundos. Alguien que podía moverse con autenticidad y espíritu experimental de forma ilimitada. Podía ir en moto con su berimbau por París invitado por alguna banda local a participar en un disco, y a los pocos días estar en el Pelourinho en Salvador de Bahia, o en algún lugar del interior de la Argentina nutriéndose de su raíz o captando sonidos nuevos para experimentar.
Fue el vivo ejemplo de un artista de esta era global donde todas las geografías son cercanas y posibles; y donde la tecnología puede estar al servicio del arte con un sentido conceptual y desprejuiciado.
El pulso central de su música estaba en construir puentes orgánicos entre la electrónica y las manifestaciones rítmicas de la sudamérica tribal, de los ritos del candomblé al canto de niños indígenas guaraníes y de los elementos europeos que él llevaba en sí como rioplatense.
"El cóctel de Musotto mezcla lo indígena con lo europeo y lo africano. Lo hace a través de la fusión electrónico-acústica y comprueba que cosas diferentes y aparentemente incompatibles pueden coexistir en armonía. El pasado y el presente, oriente y occidente, lo ultramoderno y lo primitivo. El resultado es una experiencia colectiva y sensorial única donde es inevitable la fiesta, el disfrute y las emociones compartidas", han generalizado los comentarios en nuestro país.
Aquel baile de despedida.
Sus últimas actuaciones en Bahía Blanca fueron hace casi un año, el 18 y 19 de septiembre de 2008, en el playón de la Universidad Nacional del Sur y en el Teatro Municipal.
Allí ofreció sendos espectáculos multidisciplinarios, que despertaron los sentidos y unió tradiciones, culturas y modernidad, fusionando mundos sonoros aparentemente antagónicos e invitando a la fiesta colectiva.
Aquella vez se despidió bailando, prometiendo volver al ritmo de los tambores. No pudo ser, pero su música seguirá hablando por él.