El tango, de la raíz al mundo
"En enero, el productor Paolo Pescini abrirá un centro cultural en el corazón de Firenze, y nosotros lo dirigiremos", anunció, alegre, María del Carmen "la Turca" Dispari.
Atento, desde su derecha la observaba el empresario italiano --que non parla, pero entiende--, y de tanto en tanto alternaba con la mirada de Jorge, el marido de María y su pareja de baile desde que la milonga los unió.
Los Dispari vienen de Villa Urquiza y cuando hablan de tango se aferran a las raíces, aún cuando sus palabras se dirijan a otros mundos.
"Las raíces del tango son las mías --se enorgulleció María--. Están en las milongas, no en los estudios de baile, como se estila ahora".
"La milonga era un estilo de vida y, si no, que lo digan quienes la vivieron", intervino Jorge, casi para quedarse.
"Los que hicieron la milonga fueron jóvenes que se levantaban para ir a trabajar, pero ya dispuestos a ir a la noche al baile, sabiendo que después quedaba tiempo para correr a casa a darse un baño, antes de volver a empezar".
El tango no son unos cuantos pasos ni varias lindas figuras. Lo dijo el hombre que lo baila casi desde que empezó a caminar.
"Al tango y la milonga la hicieron personas que con 18 o 20 años vivieron la década del 40 y 50 --insistió Jorge--, muchachos que por supuesto no eran iguales entre sí, porque los había, como ahora, con más `guita' o menos `platita', con mejor casa o menos tiempo para ensayar los pasos".
"Las condiciones de vida no eran las mismas para todos y eso marcó las diferencias que, por respeto al género, todos quienes se dicen profesores de tango y milonga deberían saber distinguir".
Con su librito
A enseñar, precisamente, algo de tango y milonga y desde ese amor por las bases fue que la pareja llegó el último jueves a Bahía Blanca.
Vinieron por cuarto año consecutivo, para reencontrarse con viejos amigos y hacerse de nuevos, "porque así son nuestras clases: amenas, divertidas".
Jorge destacó los beneficios de que las organizaciones dedicadas a la difusión de esta música se reúnan tras un fin común.
"En este caso, la Asociación Bahiense de Tango y Metatango, que es un grupo de chicos muy jóvenes que lucha por la difusión del género, se juntaron para concretar un proyecto que además tiene un objetivo solidario", agregó acerca del seminario intensivo para el que él y su mujer fueron convocados, que a los interesados les deparó --hasta hoy, inclusive-- dos clases diarias, además de un bonus track de rock and roll, y --gracias a lo recaudado-- al Hogar del Peregrino San Francisco de Asís, en la obra de Don Orione, algunos litros más de leche para alimentar a enfermos y carenciados.
"Hay mucho `curro' en torno al tango. Pibes que a la mañana tomaron una clase, a la noche van a la milonga como expertos y al día siguiente se ponen a enseñar", siguió Dispari en su discurso.
"También está la otra: profesores de tango según Di Sarli, según D'Arienzo, según... Y en el tango y la milonga los pasos y figuras son unos, que se hacen o no se hacen según lo indica la música".
Síndrome de cantidad
Acerca de la diseminación de notas tan porteñas por el mundo, este tanguero intenta una visión equilibrada.
"Por un lado es divino lo que está pasando. Nunca hubo tanta gente adepta como ahora", celebró.
"El tango provoca un furor casi estadístico, una epidemia. Y, ojo que el folklore también está haciendo bastante ruido con gatos y chacareras, aunque todavía no se baila la zamba, pero porque responde a sentimiento muy nuestro".
"Esta locura por el tango favorece al turismo, y a la gente que, durante décadas, se dedicó a difundir el tango sin cobrar un solo peso y a quienes ahora se les paga", acotó.
Cantidad y la calidad, advirtió, a veces van de puntas.
"El nivel que hubo en los años '40 se perdió y son muy pocos los profesionales que lograron recuperar un poco de eso. Nos perjudica, claro, cuando salen por el mundo quienes se dicen maestros a realizar su negocio personal antes que a difundir una cultura, aunque se puedan efectuar ambas cosas".
"¿Si nosotros lo hacemos? Es lo que nos proponemos. Así vamos por la vida y por el mundo y así lo seguiremos haciendo. Enseñar tango nos da más o menos plata, según dónde lo enseñemos y a dónde vayamos. Pero enseñar es nuestra premisa, transmitir ese `cacho' de cultura".
El viejo amigo Robert
"La Turca" y Jorge lucen, entre sus cartas de presentación, el haberse desempeñado como coreógrafos para la película Assasination Tango, protagonizada y dirigida por Robert Duvall y producida por Francis Ford Coppola, "dos enamorados del tango", según constataron.
"Rodolfo Valentino no tenía mucha idea de lo que hacía --apuntó el hombre--. Fue Marlon Brando el primero que encaró al género en El último tango en París. Pero si alguien `se rompió' para dar a conocer el tango desde el cine internacional, fue Duvall".
"Desde que filmó en la Argentina la vida de Adolf Eichmann. Claro, Eichmann se exilió en nuestro país después de la Segunda Guerra Mundial, época de plenitud del tango y tenía sentido introducirlo en la trama. Pero él, además, quiso hacerlo, como deseó filmar Assasination tango, una película que en su versión original tiene 35 minutos más referidos a este baile nuestro y que para lograr que fuera más comercial en los Estados Unidos, los recortaron".
La experiencia de intervenir en el rodaje, señaló, resultó inigualable.
"Se abrió ante nuestros ojos un mundo del que no teníamos idea. La magia del cine existe, es real, porque son maravillas lo que se puede lograr con un traje viejo y unas buenas luces".
Jorge confesó que hace algunos años un cruce de palabras y temperamentos los distanció del actor, productor y realizador.
"Pero lo sigo queriendo por dos grandes motivos: porque ama al tango y a un montón de milongueros `perdidos', como los queremos nosotros.
"Mucho antes, hace más de 20 años, él, quien ya había aprendido a bailar tango con `Lampazo', Orlando Paiva y `Virulazo', se había maravillado cuando vio a nuestra hija, Geraldine Rojas, bailando, con apenas 6 años, como una milonguera de ley. Esa es la otra razón: que quiso a mis hijas casi como propias".