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La poeta florista

De aquella Delia que recaló en este pago bajo la Cruz del Sur en 1981, y que dejó este mundo cuando ocaseaba el 2006, nunca supimos sus datos biográficos. ¡Qué importa! Nos costaba llamarla por su verdadero nombre, Delia Arce, porque para todos los puntaltenses, los bahienses y los whitenses que regalaban flores a las damas en encuentros nocturnos, ella simplemente era Delia de Madariaga, seudónimo adquirido en homenaje a su querido pueblo natal.


 De aquella Delia que recaló en este pago bajo la Cruz del Sur en 1981, y que dejó este mundo cuando ocaseaba el 2006, nunca supimos sus datos biográficos. ¡Qué importa!


 Nos costaba llamarla por su verdadero nombre, Delia Arce, porque para todos los puntaltenses, los bahienses y los whitenses que regalaban flores a las damas en encuentros nocturnos, ella simplemente era Delia de Madariaga, seudónimo adquirido en homenaje a su querido pueblo natal.


 Definirla nos imponía una encrucijada a quienes la conocíamos. Era poeta, actriz, florista, payadora, recitadora, ensayista, intérprete de tango y folklore, naturista, directora de teatro, mamá, abuela, defensora de los pájaros, protectora de los árboles, admiradora de Evita y fanática de Carlos Gardel.


 Una escueta referencia en la solapa de su único libro nos indica que era profesora de teatro infantil de la EGB Nº 9, recurrente ganadora en las diversas instancias de los Torneos Abuelos Bonaerenses y que había realizado estudios en Buenos Aires, en el ISER, Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica, dependiente del CONFER.


 Pero se la recuerda como aquella mujer quien, en cada fecha Patria, salía a recitar poemas gauchescos ataviada a la usanza gauchesca, poncho y chambergo incluidos.


 Mi primer encuentro con ella fue en un acto proselitista en la plaza del barrio Gottling encabezado por Osvaldo Ageo Ferretti, para ponerle fondo de guitarra a su recitado gauchesco.


 Con los poetas Alejandro Machado, César Gómez y Silvia Mignaqui representamos, bajo su dirección, en el escenario montado en la Dirección de Cultura que funcionaba en el edifico de la Terminal de Omnibus el famoso poema del mejicano Juan de Dios Pezza que alude al cómico Garrick, y que en uno de sus versos epitomiza una gran verdad: "El carnaval del mundo engaña tanto".


 No hubo restaurante o confitería donde no se la encontrara vendiendo sus flores y regalando un poema. Ella misma me confirió el honor de prologar su libro "Arenas" que reza de la siguiente manera:


 "En uno de los tantos recodos de una existencia que la muestra en su Punta Alta adoptiva ganándose la vida florida pero dignamente, uno no puede más que imaginársela transida y con cicatrices indelebles.


 Es como una clocharde romántica que se ha ganado respeto a fuerza de flores y de arte. En uno de esos recodos pues, Delia se aviene a cumplir la tan mentada consigna occidental. La de escribir un libro. Ya había escrito árboles y escribió hijos.


 Nos planta en casi un centenar de escritos regalados en estas páginas árboles rimados, verseados, metricados, metaforados, y con raíces de las más gruesas porque se nutren de un suelo abonado con argentinidad.


 Ya había plantado hijos y plantó árboles. Y, cual mujer bíblica, da a luz a esos hijos no paridos desde su fertilidad sino desde el sentimiento grabado a fuego en el alma. Ya había tenido árboles y tuvo hijos.


 Hoy, se insiste, la querida Delia con este libro que, como toda arena comienza a volar con el viento para rodar en granos por el universo, cumple acabadamente con esta consigna.


 Delia finalmente escribiste tu libro, como antes plantaste árboles, como antes tuviste hijos. Y, lo que más le gusta a tus amigos de los jueves a la noche, escribiste un hijo, plantaste un árbol. Y --¿por qué no?-- plantaste un hijo, tuviste un libro, escribiste un árbol.


 Lo que sea Delia, porque para unos cuerdolocos como nosotros, el orden de ciertos factores no altera nunca el producto. Ese producto tan argentino y auténtico como la Delia de Madariaga del vinito con azúcar, del teatro de la vida, de los poemas armados, del frío que corre por el cuerpo pero nunca por el alma".


 La tapa de "Arenas", realizada por Editorial Spanky de Carlos Vázquez, fue ilustrada por Pablo Fagotti y diseñada por Walter "Tero" Arias. La coordinación le correspondió a Guillermo Ausili, la diagramación a Omar Goñi y la dirección de arte a Eduardo "Lalo" Goncálvez, quien también pergeñó un prólogo.


 Además de su seguro servidor, hicieron aportes el periodista y poeta Marcelo Caballero, el muralista Omar Sirena, el plástico Gustavo Lizasoain, el músico Rubén Lasdica, los escritores Juan Carlos Zeballos y Etanislao "Beto" Romero, la sommelier Isabel De Negri, la profesora de inglés Annie Altamirano, la tatuadora Vanesa González, y otros tantos locos lindos de la Fundación Haciendo Letra, quienes la veíamos partir y volver de su trabajo nocturno los jueves, cuando nos regalaba un tanguito y un poema de amor.


 Llegó a estar motorizada, si es que así se puede definir a su medio de transporte, aquella bicicleta destartalada que trasladaba a su peso, sus flores y las fotocopias de sus poemas. Y el gobierno bonaerense la premió Mujer del Año, lo que no cambió su vida sustancialmente.


 Se fue del mismo modo que vino a Punta Alta, sola y en silencio. Seguramente está ofreciéndole flores a los ángeles a la par que les recita un poema. ¡Hasta pronto, querida Delia!