Historia tan macabra como sin sentido
Los crímenes ejecutados, en 1957, por el maniático asesino serial Ed Gein, desataron, además de la locura mediática, una serie de obras literarias y recreaciones cinematográficas.
La primera y la más importante fue la novela de Robert Bloch, que dio origen a la película Psicosis (1960), de Hitchcock.
La masacre de Texas (1974), de Tobe Hooper, resultó otra derivación de aquel caso policial, constituyéndose en un hito del cine de horror moderno en su variante de las splatter movies (filmes salpicadores).
Hooper se propuso radiografiar los miedos profundos de una América violenta y gótica, reflexionar sobre los mecanismos del pánico, pulsar el pathos del horror y exponer la relación dialéctica entre lo implícito y lo explícito, el espacio off y el in, entre mostrar y sugerir.
El filme de Hooper produjo, a su vez, una avalancha de secuelas, remakes y documentales sobre el mismo caso. La última fue la versión del alemán Marcus Nispel, lanzada en 2005.
Cuando el tema ya podía considerarse agotado, Hollywood decidió lanzar esta "precuela" sobre los supuestos orígenes del "loco de la motosierra" y su familia psicópata y caníbal.
Una propuesta que en términos estéticos y temáticos poco y nada tiene que ver con el original.
Por el contrario, se trata de una acabada expresión del subgénero gore, que se especializa en la exhibición de mutilaciones, vísceras, sangre y otras repelencias y depravaciones, que sólo pueden concitar la atención de mentes muy febriles o enfermizas.
La historia comienza en 1939, en un matadero de un pueblo de mala muerte de Texas, cuyas condiciones de higiene por sí mismo producen horror. Allí, en el mes de agosto de ese año, nace Thomas Hewitt, también conocido como Leatherface (cara de cuero), tal vez el personaje de terror más icónico de la historia del cine.
El relato proporciona brevemente algunos datos sobre la evolución de ese chico de rostro deforme y escasas luces mentales. La síntesis concluye en 1969, fecha en que se desarrollan las escalofriantes acciones de esta historia.
La esquizofrenia depredadora de Leatherface y su familia posee dos causas directas: el cierre del matadero y el asesinato del sheriff Hoyt por parte del tío, quien se asume nuevo comisario y se propone imponer la ley de la selva en sus variantes más paranoicas y sangrientas.
Los primeros destinatarios de la psicopatía del tío y su sobrino son los hermanos Dean y Eric Hill y sus respectivas novias.
Eric es un soldado que está de licencia, asignado al frente vietnamita, y Dean acaba de ser convocado con el mismo destino. Antes de partir, se proponen divertirse en Texas.
Un accidente en la ruta hace que caigan en manos del tío y allí comienza una odisea con trágico final para los cuatro turistas, y también para el espectador, que necesita mucho más que un estómago de hierro para soportar esa retahíla de mutilaciones exhibidas de forma explícita, sin la más mínima estilización o preocupación estética.
Aunque las fechas (1939 y 1969) intentan establecer alguna relación con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Vietnam, la historia no deja margen para una reflexión filosófica en ese sentido. Tampoco sobre las motivaciones psicológicas de ese "matarife" y su obsesión de "fabricar" máscaras con la piel del rostro de sus víctimas.
En el filme, se afirma que entre 1969 y 1974 mató y descuartizó a 33 personas.
En esta película, todo es explícito, grosero y con un humor tan siniestro que no alcanza a compensar su macabra puesta en escena.
Las preguntas que cabe formular son dos: ¿por qué se hacen esta clase de filmes? y ¿por qué estas películas atraen a determinados espectadores? El primer interrogante debe ser contestado por los teóricos e historiadores del cine; el segundo es tarea de psicólogos y psiquiatras.