El hogar San Juan Bosco,en línea directa con Francisco
Por Walter Daniel Gullaci / [email protected]
"¡Me subió la presión a 200 de la emoción!", testimonia Nilda Castellano en medio de un júbilo que no cede. Al contrario, la llena día a día de un compromiso aún mayor con la obra que lidera.
Una llamada telefónica y una carta del propio Papa Francisco despertaron en ella y en su entorno de abuelos, del Hogar San Juan Bosco, un mundo de sensaciones. Todas maravillosas, claro.
"Tuve la gracia de visitar Israel durante la misa que brindó Francisco en Belén. Le llevaba una correspondencia en la que intentaba contarle cómo trabajamos en el Hogar, para que conozca nuestra obra, máxime cuando estamos por cumplir 30 años. También tenía previsto entregarle fotos de los abuelos. Le señalaba que estábamos conformes con su labor en El Vaticano y que rezábamos por él.
"La guardia que lo secundaba, en Israel, no me recibió la correspondencia, por lo que un matrimonio de Buenos Aires, presente allí, se comprometió a llevarla al Vaticano. Nuestro viaje terminó el 28 de mayo, en Tel Aviv. El 29, esta pareja argentina pudo entregar la misiva y el domingo 1 de junio, dos días después...".
La historia contenía un desenlace imprevisible. De esos de película. Como un cuento.
"Sonó el teléfono del Hogar y atendió María Romero, una mujer humilde, de 79 años, quien llegó desde Buenos Aires con una pierna amputada.
"Cuando del otro lado de dijeron que hablaba el Papa Francisco, ella contestó: `Yo tengo un hijo sacerdote que se llama Francisco, pero no es la voz de él'. Entonces del otro lado le aclararon que se trataba del Papa Francisco...
La emoción que embargó a la mujer resultó indescriptible. Debía someterse a una operación de prótesis. Y justo ella, quien soñaba con que Francisco le brindara una oración por su salud, tenía a ese hombre inmenso del otro lado de la línea. Con voz pausada. Pero firme.
"Recibí la correspondencia. Les agradezco que me hayan hecho conocer la obra que realizan y que recen por mí. Les mando mi bendición a todos", le dijo el Papa a María.
Pero, más allá del llamado inolvidable, hubo otra situación que Nilda jamás olvidará.
"A la semana siguiente de retornar de mi viaje, encontré una carta diferente. Estaba a mi nombre. Era del Papa y personal. Me agradecía por la obra y el trabajo apostólico que llevamos a cabo. ¡Una carta bendecida por él! Todavía me tiemblan las piernas...".