¿Un nuevo andar?

6/9/2020 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Resulta inimaginable que algo tan simple, tan básico, y hasta vital, hubiera estado regulado y prohibido. Durante meses actividades cotidianas y naturalizadas para toda persona se vieron “interferidas” y suspendidas por el Covid-19.

   Poco a poco vamos recobrando la posibilidad de movimiento, posibilidad que para muchos es revalorizada tras haber estado reglada y hasta negada.

   ¡Caminar! ¡Volver a salir! Recorrer una distancia que supere los 500 metros a la redonda, en estos días, deviene en placer.

   Quienes estudiamos Psicología, esa simple y compleja tarea de observar conductas, sabemos que es imposible no comunicar. En plena pandemia, en un tiempo que se vio alterado mundialmente, mirar, detenerse a observar es apasionante, pues los comportamientos humanos develan acciones impensadas.

   ¿Nuestra forma de caminar también se vio alterada?

   El barbijo o “tapaboca” llegó para quedarse, al menos por largo tiempo, a su vez están quienes incorporan “una doble protección” y agregan al “nuevo atuendo” la máscara protectora facial; a estas alturas no me caben dudas que el coronavirus impacta hasta en nuestra forma de caminar.

   Las emociones afectan nuestros pasos, detenerse y observar personas en la calle permite advertir un abanico de conductas: precaución, miedo, timidez, un andar cohibido; en el otro extremo, imprudencia, cierta desfachatez y hasta conductas desafiantes.

   ¿Quién podría imaginar que una actividad natural en el ser humano, dependiendo la cercanía y el tiempo de permanencia junto a otro, pudiera ser casi una sentencia?

   La forma de desplazarnos “habla por nosotros” y a su vez el contexto condiciona; no es igual una situación enmarcada por la armonía a otra signada por la discordia y hasta el desequilibrio; no es lo mismo “saltar de la silla” y salir dando un portazo tras una discusión que entrar a una iglesia, no es igual ir al trabajo que mirar vidrieras; no es igual caminar en tiempos “normales” que en tiempos de pandemia.

   ¡El Covid alteró nuestros pasos!

   Según la Psicología, poseemos un sistema de respuesta triple, conectado entre sí y con influencia mutua; dicho sistema está compuesto por las reacciones psicológicas o emociones, las relaciones sociales y también las que establecemos con el contexto y las respuestas físicas. Así, el pensar, el sentir y el actuar están conectados y lo que ocurre en uno de ellos repercute en los otros.

   Nuestro estado de ánimo está en estrecha relación con nuestra motricidad, investigadores descubrieron que un “indicador específico de la agresividad son los movimientos exagerados de la parte superior e inferior del cuerpo humano.”

   Está comprobado que quien no posee problemas de autoestima camina de manera erguida mientras que quien está triste tiene una marcha cansina; a su vez el arrogante fiel a su estilo, suele ir con la cabeza muy alta y quien vive apurado es imposible que camine lentamente.

   A la tipología se puede agregar que el “miedoso” irá con cautela y la cara cubierta y el que alega que esto es una “gripecita” caminará sin tener en cuenta distancias y el tapabocas usado a “su estilo”.

   No sabemos cómo terminará “esta peste” ni cuándo, si sabemos que nos obligó a frenar y a detener la marcha, oportunidad para revisar caminos preestablecidos, compañeros de ruta, y tal vez animarse a redireccionar la marcha, la intensidad y dejar otras huellas.

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