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Una evidencia más de la mega fauna que vivió en la costa de Coronel Rosales

El hallazgo le corresponde a la doctora en Geología, Teresa Manera, quien luego de las investigaciones pertinentes, finalmente decidió encargar la realización de una réplica del ave, cuya amplitud de alas, fue más grande que las de un cóndor. Se puede visitar en Urquiza 123.

Fotos: Facebook Museo de Ciencias Naturales Punta Alta

Por Natalia Miguel

Hace años, en la década del 80, la doctora en Geología Teresa Manera, ganadora del premio internacional Rolex por el descubrimiento, junto a su esposo, de las huellas fósiles en la costa de Pehuen Co, encontró también unos restos en la zona del barco hundido, en el otro extremo de la playa de esa villa rosaleña.

Los conservó en el Museo Municipal de Ciencias Naturales “Carlos Darwin” de Punta Alta. Tiempo atrás, decidió someterlos a análisis y se sorprendió por el resultado: se trataba de una parte de un ave de la mega fauna de esta zona, una evidencia más junto a las huellas que forman parte de la Reserva Paleontológica de Pehuen Co.

“Estaban en la colección del Museo, que los traje hace muchos años y no sabíamos lo que era. La habíamos enviado al Museo de La Plata y no se pudo conseguir información con exactitud hasta que finalmente un geólogo, que fue becario mio, Rodrigo Tomassini, se contactó con otras personas y dieron cuenta que estábamos frente a los restos de un ave cuya amplitud de alas fue más grande que las de un cóndor, lo que representó el primer hallazgo para América del Sur. Se habían encontrado hace años en La Pampa, más grandes todavía. Pero lo de Pehuen Co no se había conocido y además se encontraron otros fragmentos en Mar del Plata y Santa Fe”.

Con esos datos, la geóloga determinó la importancia de realizar una réplica de esa especie y lo concretó mediante el arte de Fernando Cárdenas, quien realizó trabajos similares en la plaza Carrasco de la localidad balnearia.

“Así ocurrió y se agregó a la sala del Museo de nuestra ciudad para que sea una atracción más, además de continuar con la idea de crear conciencia y sentido de pertenencia”.

Haciendo memoria, Manera mencionó: “Creo que encontré estos restos antes que las huellas fósiles. Cuando bajaba la marea aparecían, hace mucho tiempo, unas rocas donde estaban las huellas. Ahora, cada vez se ve menos porque al subir el nivel del mar, va erosionado arriba, pero abajo se va viendo menos”.

“Es una cosa maravillosa. Estas especies vivieron hasta no hace tanto: 10 mil u 8 mil años y existieron de hace un millón de años, pero ingresó el humano y se extinguieron. Y eso nos hace pensar... Las huellas fósiles de Pehuen Co tienen entre 28 mil y 12 mil años, de acuerdo a una tesis reciente realizada por un profesional. En ese lapso, entró el humano porque hay restos de huellas humanas en la costa del balneario: esto no se sabe mucho, pero encontramos una pocas. Después, en Monte Hermoso están las huellas humanas que tienen 6 mil años, son muy valiosas, y ahí ya no había mega fauna. Y esto explica que entre los 6 y 12 mil años ingresó el humano y se extinguió la mega fauna”.

Divulgación científica

En una publicación de la página digital del Conicet se hace alusión al descubrimiento de restos fósiles de las últimas aves voladoras gigantes de Sudamérica, que fue publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

Allí se menciona el hallazgo de nuevos teratornítidos "cuya presencia había pasado inadvertida por muchos años, en parte porque se trataba de ejemplares muy fragmentarios y fácilmente confundibles con cóndores, pero hace unos 10 años, pudimos hallar nuevos y más completos especímenes confirmando que en realidad eran teratornítidos”, relata Marcos Cenizo, investigador de la Fundación Azara e integrante del equipo.

Se sostiene que los teratornítidos, pertenecientes a la familia Teratornis merriami (“ave monstruosa de Merriam”, como refiere su nombre científico), fueron aves voladoras gigantescas de hábitos carroñeros y predadores que habitaron el continente de América, durante casi 25 millones de años hasta su extinción hace unos 12 mil años, aproximadamente.

"Se han reconocido unas siete especies de teratorónitidos, entre ellos Argentavis magnificens, hallado en la década del ´70, en La Pampa, con un peso estimado en 70 kilos y una envergadura alar de hasta 7 metros. Argentavis se considera el ave voladora de mayor tamaño corporal conocida hasta el momento”, especifica Raúl Ignacio Vezzosi, investigador del CONICET y la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UADER.

Por otro lado, dice la nota, el análisis de la diversidad y cronología de las comunidades de aves carroñeras y predadoras de toda América parece indicar que los teratornítidos se habrían extinguido varios miles de años antes en América del Sur, mientras que en América del Norte llegaron a convivir con los primeros grupos de humanos entre unos 12 a 11 mil años antes del presente.

“El primer ejemplar que identificamos había sido hallado en los 80, en Playa del Barco, un yacimiento próximo a Pehuén Có, en la provincia de Buenos Aires. Luego el equipo halló dos nuevos restos, uno dentro de la proyectada Reserva Natural Centinela del Mar, próxima a Mar del Sud y Miramar; y el otro en afloramientos de aproximadamente 100 mil años de antigüedad sobre las barrancas del río Salado del norte, en la provincia de Santa Fe. Posteriormente, se adiciona un ejemplar más, reportado previamente como un cóndor, que fuera colectado entre 1930 y 1950, también en esta última provincia en depósitos de edades similares sobre el río Carcarañá”, detalla Cenizo.

Las dimensiones corporales de estas aves les permitieron ocupar lugares significativos en las redes tróficas del Pleistoceno en América del Sur, siendo de gran relevancia a la hora de comprender cómo habrían funcionado los ecosistemas pasados y de este modo interpretar con mayor profundidad el funcionamiento de los actuales. “Su extinción, relativamente reciente, debe haber influenciado en la dinámica histórica de las comunidades que hoy habitan estas regiones, ya que los ecosistemas son procesos históricos y debe ahondar también en el pasado para comprender su origen, desarrollo y estructura actual”, concluye Cenizo. https://www.conicet.gov.ar/descubren-restos-fosiles-de-las-ultimas-aves-voladoras-gigantes-de-sudamerica/