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Reposición de vientres: una apuesta a la capitalización de los rodeos y a la mejor genética

El fenómeno se expresa en cifras: una vaquillona preñada cotiza, hoy en promedio, en torno a los $ 2,4 millones. Informe del Rosgan.

Hoy, el criador debe desprenderse de tres vacas de descarte para adquirir una sola vaquillona de reposición. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

La dinámica de la ganadería argentina muestra señales de una transformación estructural. Según el último informe del Rosgan, el mercado de reposición de hembras atraviesa un período de extrema firmeza, impulsado por una combinación de factores comerciales, una marcada retención en los campos y nuevos incentivos fiscales para la incorporación de genética de calidad.

Se sabe: la reposición de hembras es una pieza clave en la estabilidad del negocio ganadero. Cada año, el productor busca reemplazar los vientres que salen de producción para mantener el stock. Sin embargo, el escenario actual trasciende la mera estabilidad: los datos sugieren que los productores están ante una clara voluntad de expansión y mejora de los rodeos.

Uno de los puntos más destacados del análisis es el elevado valor que han alcanzado los vientres jóvenes. Actualmente, una vaquillona preñada cotiza, en promedio, en torno a los 2,4 millones de pesos.

Esta cifra adquiere mayor dimensión al compararla con la vaca conserva o de descarte, cuyo valor —por kilo— ronda los $ 2.000, lo que representa unos $ 800.000 por cabeza. Esta diferencia de precios establece una relación de reposición cercana a 3 a 1; es decir, el criador debe desprenderse de tres vacas de descarte para adquirir una sola vaquillona de reposición.

Si se analiza históricamente, esta relación se encuentra un 20% por encima del promedio de los últimos 15 años. Más impresionante aún es el valor de los vientres nuevos medido en moneda constante: hoy se sitúan casi un 70 % por encima de su promedio histórico de la última década y media.

Aunque la vaca de descarte también ha subido un 40 % respecto a su historia, el encarecimiento de la reposición responde principalmente a la fuerte revalorización de la hacienda de cría.

La decisión del productor de apostar al futuro se refleja en la escasa movilidad de las hembras jóvenes hacia la faena o el engorde. Los indicadores de traslado son contundentes:

—Salida de campos: durante los primeros cinco meses del año 2024 solo un 16 % de las terneras en stock salieron de los establecimientos de cría. Este porcentaje es notablemente bajo si se compara con años anteriores, donde la salida habitual oscilaba entre el 29 y el 30 %.

—Ingreso a feedlots: en los corrales de engorde, la participación de hembras (categoría terneros) se mantuvo por debajo del 40 %, marcando un descenso frente al 44 - 45 % de años previos. Esta retención masiva indica que el criador prefiere conservar sus terneras para asegurar su propia reposición y capitalizar el rodeo, confiando en las buenas perspectivas que ofrece la actividad a mediano plazo.

El impulso del RIMI

A este panorama de optimismo productivo se suma una herramienta clave de política fiscal: el Régimen de Incentivo para la Mediana Inversión (RIMI).

Este programa busca fomentar la inversión tecnológica en el campo, específicamente en la adquisición de genética registrada (animales de pedigree o ejemplares identificados por asociaciones). Los beneficios para los pequeños y medianos productores son significativos:

—Amortización acelerada: permite deducir del Impuesto a las Ganancias entre un 25 y un 35 % del valor del animal durante el primer año de la compra.

—Devolución de IVA: una vez cumplidos los plazos legales, el productor puede acceder al reintegro total del IVA crédito fiscal derivado de la operación.

El dato más alentador para la sostenibilidad del sector es la notable caída en la participación de las hembras en la faena total.

Para los próximos meses, el Rosgan prevé que la estacionalidad de la salida de vacas de refugo —cuya oferta empezará a escasear— podría otorgar mayor firmeza a esa categoría, mejorando levemente la relación de canje para el productor.

No obstante, el incentivo del RIMI y la voluntad de retención consolidan un escenario de alta demanda y valores sostenidos para la hacienda de cría, marcando un camino de fortalecimiento para el stock ganadero nacional.

Junio: un contexto de escasez

De acuerdo con la Cámara del Comercio de Industria y de la Carne y Derivados de la República Argentina (Ciccra), durante el sexto mes del corriente año la actividad de la industria frigorífica continuó operando en niveles bajos debido a la limitada oferta de hacienda para faena.

Sin embargo, el comportamiento de junio se diferenció de los meses previos: mientras que entre enero y mayo el nivel de actividad se mantuvo sistemáticamente entre los quince más bajos de los últimos 47 años para sus respectivos meses, la faena de junio logró posicionarse en el puesto 19º de esa misma serie histórica. En términos concretos, se faenaron 1,077 millones de cabezas en 344 establecimientos.

Al ajustar estas cifras por la cantidad de días laborables, la actividad de junio resultó un 2,9 % superior a la de mayo, aunque en la comparación interanual todavía se percibe una caída del 5,1 %, equivalente a unas 58 mil cabezas menos que en junio de 2025.

El dato más alentador para la sostenibilidad del sector es la notable caída en la participación de las hembras en la faena total, en una total coincidencia con el informe del Rosgan.

Tras tres años de una fase de liquidación intensa, la importancia de las hembras comenzó a descender en los últimos tres meses. En este mes de junio, el indicador se situó en el 45,3 %, la cifra más baja desde junio de 2021.

Este porcentaje es fundamental, ya que se encuentra apenas por encima del intervalo necesario para mantener el stock vacuno, lo que sugiere que los productores están comenzando a retener animales para incrementar la producción futura.

En el acumulado del semestre, la faena de vaquillonas cayó un 9,0 % anual, representando casi el 60 % de la menor faena de hembras, mientras que la faena de vacas retrocedió un 9,3 %.
Por otro lado, el cierre de la primera mitad del año refleja el impacto de la menor disponibilidad de hacienda:

—Faena acumulada: entre enero y junio de 2026 se faenaron 6,02 millones de cabezas, lo que representa una baja del 8,9 % respecto al primer semestre de 2025 y una caída del 17,8 % frente al pico registrado en el mismo período de 2023.

—Producción de carne: la industria produjo un total de 1,428 millones de toneladas res con hueso, una retracción del 6,2 % interanual (unas 93,86 mil toneladas menos). A pesar de la menor cantidad de animales faenados, la caída en la producción de carne fue menos drástica que la baja en la faena.

Durante los primeros cinco meses del año 2024 solo un 16 % de las terneras en stock salieron de los establecimientos de cría.

Esto se debe a un incremento en el peso promedio de la res en gancho, impulsado por procesos de recría a campo que permiten compensar parcialmente la menor oferta numérica con animales más pesados al momento del sacrificio.

Este escenario de transición plantea un desafío inmediato por la menor oferta de carne en el corto plazo, pero establece las bases para un crecimiento genuino del stock ganadero en los próximos años, cerrando un ciclo de descapitalización que afectó fuertemente a la cadena cárnica argentina.