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Yazmín Pallottini y Martina Agudiak regresaron a El Nacional, donde todo empezó, y volvieron a sentirse como en casa

Las jugadoras de San Fernando y Banco Provincia regresaron a La Quinta, para brindar una clínica para los chicos y las chicas del Celeste.

Martina Agudiak y Yazmín Pallottini volvieron a El Nacional para brindar una clínica en el receso invernal. Fotos: Gentileza Club El Nacional

Con la amistad que las une como lazo y con la idea de transmitir algunas de sus experiencias como excusa, Yazmín Pallottini y Martina Agudiak regresaron a su querido Club El Nacional, ahora desde otro rol pero con el mismo cariño de siempre y con el sentido de pertenencia como bandera.

Luego de irse hace algunos años del Celeste para seguir su carrera en el hockey Metropolitano, Yaz y Marti realizaron durante el receso invernal una clínica dedicada a las jugadoras y jugadores de las formativas de la institución.

Si bien eran las encargadas de dar sus conocimientos o vivencias, fueron ellas las que también se llevaron un montón de cosas en su regreso a La Quinta.

"Volver a casa, para mí, fue un placer. Es mi club de la infancia, donde me enamoré del hockey por primera vez, donde hice a mis mejores amigas y donde pasaba la mayor parte de mi tiempo", contó Yaz, quien desde hace un tiempo defiende el arco de San Fernando.

"Tenemos un grupo de El Nacional en WhatsApp y les decía a las chicas, que nos preguntaban como habíamos vivido la vuelta al club, que había sido una experiencia increíble. Fue muy fructífera por todas partes", resumió Martina, jugadora de Banco Provincia.

El equipo de trabajo que participó de la clínica en La Quinta.

Jugadoras y jugadores de las formativas de El Nacional disfrutaron de una tarde distinta en La Quinta.

La idea se gestó rápido y para eso también fue clave el aporte de Trinidad Polchi, jugadora de Primera y también amiga de las chicas, Bautista Ríos, coordinador de la disciplina, y el apoyo de los profes del club.

"La clínica surgió de nosotras -contó Yazmín-. Hacía mucho que queríamos hacer una, pero nunca coincidíamos con la organización y las fechas. Esta vez fue fácil y rápido: dijimos “queremos hacerla” y enseguida Trini y Bauti, que fueron quienes se encargaron de toda la organización, se pusieron a trabajar para que saliera una linda tarde en el club", agradeció.

"Cuando surgió lo de la clínica -dijo Martina- sentí que era la oportunidad para volver a mi club de toda mi vida, para conocer a las chicas que hoy juegan. Les dije que era una gran oportunidad para conocernos. En el medio de la clínica me di cuenta que no era todos sólo hockey, por ahí me encontraba haciendo de apoyo moral, porque por ahí se frustraban o algo, y yo les contaba cosas o anécdotas mías. Aunque fue poco tiempo creamos un vínculo, que por ahí ellas no se van a olvidar nunca y yo menos que menos. La próxima vez que vaya al club voy a ir con otra energía, conociéndolas", se ilusionó.

Como menciona Agudiak, para ambas la tarde vivida en El Nacional fue un poco volver a conectar con mucha gente que hoy le da vida al día a día al club, mientras ellas transitan su carrera lejos de casa.

"Me pasaba que voy poco a Bahía -explicó Marti-, por el trabajo, la facultad, hockey... y que las últimas veces que había estado en el club había muchas caras nuevas, gente que no conocía. Me hacía sentir como alejada, me venía como... acá tengo un club que amo (Banco Provincia), pero El Nacional es el club de mi vida que me dio todo, todas las herramientas que tengo hoy: me formó como deportista y como persona. Yo a veces me preguntaba internamente si podría volver a jugar, si podría conocer a las chicas que están hoy, pero nunca me había puesto a pensar de qué forma podía hacerlo hasta que surgió esto y sentí que era una gran chance".

Bautista Ríos y Trinidad Polchi miran y escuchan a Martina.

Algo similar le pasó a Yazmín, en eso de verse reflejadas en esas chicas que ocupan un lugar por el que ellas pasaron con la misma ilusión.

"Para mí era muy importante volver y conocer gente nueva, ya sean profesores o nenas que, en su momento, yo era como ellas: soñaba con llegar a la Primera del club", remarcó Pallottini.

"Me da mucha felicidad -agregó- ver arqueras de todas las edades y categorías disfrutando de lo que hacen, porque yo a su edad lo vivía exactamente igual. Mi mensaje fue que disfruten de defender el arco del CEN, que valoren el lugar donde están y que defiendan siempre los colores del club y a sus compañeras, porque con el tiempo esas compañeras terminan convirtiéndose en amigas y en hermanas", dijo Yaz.

Martina también contó sus sensaciones al ver a esas pequeñas.

"Cuando pisé el club y las vi a las mas chiquitas, veía a muchas que yo había entrenado cuando eran jugadoras de Novena u Octava y ahora estaban mas grandes, eso me flasheó de darme cuenta cómo pasó el tiempo. Me removió muchos sentimientos, las veía a ellas tan contentas, con amigas, con el equipo y me fue inevitable en no pensar en todo lo que yo viví con mis amigas en El Nacional, el lugar que me dio a mis mejores amigas", remarcó.

Algunas de esas amistades aún las acompañan y ahora le sumaron un capítulo más a su historia, otra vez con el hockey y el Celeste como nexo.

"Y encima hacerlo con Yaz -continuó Martina-, que es de mi grupo de mejores amigas, con la que compartí viajes, experiencias, torneos, anécdotas, siempre graciosas y algunas tristes -porque nos tocó perder bastante-, pero la mayoría las recuerdo con alegría, así recuerdo al club, a Yaz, a Trini...".

"Haberlo hecho con Marti -remarcó Yazmín- y con mis amigas del club lo hace todavía más especial, porque compartí toda mi vida con ellas: torneos, entrenamientos, sábados y muchísimos momentos. Que hoy sigamos reencontrándonos y siendo amigas es un verdadero privilegio", agradeció Yaz, quien este tiempo también fue subcampeona mundial con Las Leoncitas y dos veces campeona del Metropolitano con San Fernando.

A lo largo de la jornada, los 64 participantes se dividieron en cinco estaciones, con dos o tres profes por sector, aunque el espíritu de la clínica pasaba por otro lado, que trascendía lo estrictamente de lo deportivo.

Bautista Ríos, coordinar de hockey en El Nacional.

"Marti y Yaz, al igual que todos los profesores que participaron, se brindaron al 100%", agradeció el coordinador Bautista Ríos.

"Me parece que lo más importante de todo esto -siguió-, que lo remarqué al inicio y al final, es el sentido de pertenencia de las chicas. Marti y Yaz eligieron venir a hacer la clínica al Nacio por sentido de pertenencia, por amor. La clínica fue toda gratuita, nadie cobró. Sólo le mandamos a hacer dos mates a ellas en forma de agradecimiento. Fue todo por amor al club, algo que parece que no existiera más, que es algo de antes, pero estas cosas demuestran que no es así", remarcó Bauti.

Así también lo vivieron las chicas, quienes no sólo compartieron el hockey en El Nacional sino en los distintos seleccionados de la Asociación Bahiense, juveniles y desde hace un tiempo en el Mayor.

"Mi objetivo en la clínica no era que aprendieran gestos técnicos o tácticos, porque con un solo día no alcanza, sino que pudieran ver el sentido de pertenencia que me dejó el club y lo importante que sigue siendo para mí el lugar donde me formé como jugadora y como persona", explicó Yazmín.

Además de todo eso, en cierta forma fue devolverle a El Nacional algo de todo lo que les dio a ella y que le da a miles de chicas y chicos, así como todos los clubes que componen un entramado social clave para nuestra cultura e idiosincrasia.

"Voy a estar agradecida con el club toda mi vida -avisó Martina-, es mi club desde que soy chiquitita. Me dio a todas mis amigas, me dio muchas herramientas para el hockey pero muchas mas para el día a día, para la vida", agradeció nuevamente Agudiak, quien también vivió un proceso con el seleccionado argentino juvenil.

"La verdad que la clínica fue increíble y me fui con muchísimas ganas de volver y hacer algo con más experiencia. La verdad que me encantó y lo volvería hacer mil veces más y si es para club con muchísimas más ganas", cerró Agudiak.

Seguramente habrá más, porque como dice la canción y así lo comprobaron Martina y Yazmín: no hay nada mejor que casa.