“Lilán es el club de mi vida, pero el fútbol me dejó amigos para siempre”
Mario Ariel Fernández dejó su sello en clubes de la Liga de Sur, y hoy disfruta de su Laprida. Conduce una escuela para adultos y mantiene el vínculo con Bahía.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Hay personas que pueden alejarse de una cancha, pero nunca del fútbol. Mario Fernández es una de ellas. Después de una extensa carrera como jugador, entrenador y referente de su querido club Lilán, el exdefensor encontró una nueva forma de vivir su pasión acompañando al club de sus amores, formando futbolistas y disfrutando de los vínculos que la pelota le regaló durante más de tres décadas.
“Soy un enfermo de Lilán”, dijo entre risas.
La frase parece exagerada, pero alcanza para resumir una historia de pertenencia que comenzó desde muy chico y que continúa hasta hoy desde otro perfil.
La relación de Mario Fernández con Bahía Blanca comenzó en 1992, cuando todavía pertenecía a Cambaceres y jugaba a préstamo en Berazategui.
Después de un clásico ante Argentino de Quilmes, mientras se cambiaba en el vestuario, lo esperaba Salvador Cantaro, por entonces presidente de Huracán de Ingeniero White.
“Me habló del club, de la Liga del Sur y de lo que me ofrecían. Era tres o cuatro veces más de lo que cobraba en Buenos Aires, con casa, comida y hasta me preguntó si necesitaba algún electrodoméstico para mi familia. Me convencieron enseguida”, afirmó.
Pero la llegada tuvo una sorpresa.
“Pensaba que venía a un club grande. Cuando vi la cancha de tierra me quería morir. Decía: ‘¿Dónde vine?’. Después entendí lo que era Huracán y la calidad humana de su gente. Ahí me di cuenta de que había tomado una gran decisión”, aclaró.
Con el tiempo, Ingeniero White dejó de ser solamente un destino futbolístico y se convirtió en uno de los lugares más importantes de su vida.
Luego llegarían sus pasos por otros clubes bahienses, entre ellos Olimpo, Liniers, Tiro Federal, Sansinena, Comercial y Pacífico de Cabildo, donde también dejó una fuerte huella y construyó amistades que conserva hasta hoy.
Corazón granate
Aunque tuvo una larga trayectoria como futbolista y luego decidió seguir ligado al fútbol desde la dirección técnica, hubo un solo club que pudo ocupar ese lugar especial.
“Lilán es el club de mi vida. Me llamaron de varios lados para dirigir, pero siempre dije no. Nunca me vi sentado en otro banco. Jugué en Platense por una cuestión de necesidad, pero sufrí cada partido y triunfo al enfrentar a Lilán”, contó.
Fernández tuvo tres etapas como entrenador del lapridense, con un total de cinco años al frente del equipo. En ese camino consiguió el campeonato de 2018 y disputó otras finales que todavía recuerda.
“Me recibí de técnico en la Escuela de Bahía Blanca en 2006 porque quería seguir ligado al fútbol, pero nunca imaginé dirigir otro club”, remarcó.
Hoy ya no ocupa el banco de suplentes, pero continúa siendo una pieza importante dentro de la estructura futbolística.
“El técnico de este año lo elegimos entre Gastón Maldonado (presidente) y yo. Después me corrí para que trabajen tranquilos. No voy a los entrenamientos ni al vestuario. Voy a los partidos y durante la semana hablamos con el presidente sobre lo que pasa en el plantel”, aseguró.
Reconoce que antes tenía un rol más amplio.
“Hacía un poco de manager, conseguía médicos, medicamentos y ayudaba a los jugadores”, reveló.
El DT elegido para este proyecto es Oscar Lestarpe, a quien define como “excelente persona; confiamos mucho en él”.
Uno de los motivos de entusiasmo en el presente de Lilán es la contratación de Mauro “Topo” Sabatini, uno de los delanteros históricos de la Liga del Sur.
“Vino por el cariño que le tiene al club, porque su padre y su abuelo (Roberto) son de acá y los quería homenajear. Sólo recibe un viático para cubrir los viajes desde Bahía. El pase no costó nada y lo único que pidió fueron unos corderos para compartir con los chicos de Libertad. Es un fenómeno.”
A sus 35 años, Sabatini mantiene intacta su capacidad goleadora.
“Tiene un don dentro del área. Capaz toca tres pelotas y hace dos goles (lleva 4 en 3 fechas). No necesita mucho para aparecer”, resaltó.
Mario dirige una escuela de fútbol para adultos. “Entrenamos, jugamos y compartimos asados. Son más de 30 años ligado a lo que amo”, confesó.
Sus amistades de siempre
Entre las etapas que más recuerda Marito aparece su paso por Racing de Trelew, donde fue ayudante de campo de Luis Díaz entre 2012 y 2013.
“Nos fue muy bien; dos años espectaculares. Competimos en el Argentino B y hasta jugamos contra Vélez por la Copa Argentina”, dijo.
La historia terminó de manera inesperada cuando Díaz sufrió un problema de salud.
“Empezó a sentirse mal y después le detectaron leucemia. Ahí se terminó todo y nos volvimos. Fue un momento muy duro”, recordó.
Pero aquella experiencia dejó algo que el fútbol siempre le dio, las amistades.
“Hablamos siempre. Es un amigo que me dejó el fútbol, como tantos otros”, aseguró.
Aunque hace años volvió definitivamente a Laprida, Fernández mantiene un vínculo permanente con Bahía Blanca.
Cada vez que puede viaja para visitar amigos, seguir a Olimpo y reencontrarse con quienes compartieron aquellos años.
Entre todos, hay una persona que ocupa un lugar especial y es Gastón Salas.
“Somos hermanos de la vida. Hace casi treinta años que nos conocemos y ya somos familia. Cuando voy a Bahía me quedo en su casa con toda mi familia y cuando él viene a Laprida para en la mía. Hace cuatro años que pasamos juntos cada 31 de diciembre”, remarcó.
También conserva el contacto con integrantes de aquel recordado plantel de Olimpo de 1996 a través de un grupo de WhatsApp llamado ‘Olimpo 96’”.
“El fútbol me dejó muchísimos amigos. Eso vale más que cualquier campeonato”, afirmó.
374 partidos jugó entre Liga del Sur, Nacional B y Torneo Argentino A y B. Marcó 20 goles, sufrió 9 expulsiones y 14 ejecutó penales (7 convertidos). Y jugó en Alem (Pringles) y Automoto (Tornquist). (Datos: Eduardo Cocho López).
Detrás del jugador y del entrenador hay una familia que siempre estuvo presente. Casado con Celeste Ríos y padre de Ramiro, Santiago y Galo, Marito asegura que todo lo construido estuvo acompañado por sus seres queridos.
En Laprida disfruta de su padre Mario Alfredo, uno de los históricos del club, y su hermano Mario Adrián, quien lleva 15 años como profesor.
Su madre, Graciela Beatriz Clark, también continúa colaborando con la institución junto a Ana y Caroli.
“Hacen un trabajo enorme y silencioso”, contó.
Fuera del fútbol conserva una amistad con compañeros del jardín: “Tero, Ricky, Sapo, Toro, Nano, Potro, Chelo, Chivel, Cabeza, Marro y Rodrigo. Todos los años hacemos un viaje de cuatro o cinco días por algún lugar del país. Este año nos toca La Rioja”, apuntó.
Una vida alrededor de la pelota
Hoy, además de acompañar a Lilán, Fernández dirige una escuela de fútbol para adultos en Laprida, donde combina entrenamiento físico, ejercicios con pelota y partidos recreativos.
"Entrenamos como un plantel de fútbol. Después siempre terminamos compartiendo un asado. La idea es que la gente siga haciendo lo que le gusta", dijo.
Anécdotas, de las buenas
-¿Qué anécdota tenés de la etapa de la "B" Nacional?
-Recuerdo un viaje con el "Negro" Adrián Marfil (carhuense), un gran amigo. Concentraba con él, el "Cota" Alvarez y Gastón Salas. En los tiempos libres nos gustaba ir a los casinos, era una enfermedad. Una vez, en Mar del Plata, ni bien arribamos, esperando que prepararan las piezas, juntamos unos pesos con Marfil y nos mandamos.
"Apostamos todo el dinero a fichas de chance y mandamos la mitad a rojo y la otra mitad a negro. ¿Qué pasó? Nos cantaron el cero. Nos queríamos matar. Y, encima, en el hotel y después nos comimos todas las cargadas habidas y por haber durante un largo tiempo".
-Alguna vez contaste una con el "Cota" Mario Alvarez.
-El "Cota" (foto) era un tipazo. Una vez, recién arribado de México, se apareció con un bolso lleno de ropa y una bolsa negra de consorcio. Le pregunté qué era; pero no me dijo. Cuando la abrí encontré un fajo de dólares. Enseguida se la devolví. Después de la cena insistió con la plata, me la quería regalar. Pero no acepté. La ropa sí, pero el dinero no. Le habían pagado los últimos dos meses de sueldo en Pumas de la UNAM.
"Es obligación recordarlo siempre a Mario, porque son contadas las personas como él, con tantos gestos de bondad. Y siempre los tuvo, en todos los clubes".
-Bueno, tuviste al Nano Areán como DT.
-Qué calentura me hizo agarrar. En una práctica de fútbol nos dividió con pecheras y un par de empujones. Cuando nos separamos, entre los titulares, éramos doce. Nos empezamos a reír, hasta que se dio cuenta. Decía: `Y acá quién sobra, quién sobra...'. En un momento me mira y me dice: `Usted en este partido no va a jugar' Nadie entendía nada y estaba recaliente porque Areán no reconoció su error. Hoy es para reírse y disfrutar, porque el fútbol también es eso, jajaja".
Después de más de treinta años ligados al fútbol, su balance de Marito no pasa solamente por títulos, finales o partidos ganados.
"El fútbol me dio una profesión, pero sobre todo me dio amigos. Eso es lo más valioso que me dejó", finalizó.