La caída de la natalidad responde cada vez más a un cambio cultural que a razones económicas
Un informe de la Universidad Austral sostiene que el desplome de los nacimientos en Argentina no se explica principalmente por la economía, sino por un cambio en las prioridades y proyectos de vida.
Periodista y comunicadora digital. Forma parte del equipo de redacción de La Nueva desde 2022, donde cubre eventos locales, nacionales e internacionales, generando contenido para las ediciones impresa y digital, además de sus redes sociales.
La caída de la natalidad en Argentina dejó de ser un fenómeno que pueda explicarse únicamente por la situación económica. Si bien la incertidumbre y el contexto influyen, un nuevo informe del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral sostiene que el principal cambio se encuentra en las prioridades y proyectos de vida de las nuevas generaciones.
Entre 2014 y 2024, el país registró la caída de nacimientos más pronunciada de su historia. En ese período, pasaron de 777.012 a 413.135, lo que representa un descenso del 47 %. La tasa de fecundidad, en tanto, se redujo hasta 1,2 hijos por mujer, ubicando a la Argentina entre los cuatro países de América Latina con niveles de fecundidad ultrabaja.
De acuerdo con la investigación, la transformación va más allá de factores coyunturales. "El cambio es ante todo sociocultural", concluyen las autoras, quienes sostienen que las decisiones sobre tener hijos están cada vez más vinculadas con la forma en que las personas imaginan su proyecto de vida y menos con las condiciones materiales del momento.
Uno de los indicadores más significativos es la evolución de la valoración de la maternidad y la paternidad. Mientras que en 2015 el 77 % de los argentinos consideraba que tener hijos era un aspecto muy importante para una vida plena, en la actualidad ese porcentaje descendió al 46 %. Entre los jóvenes de entre 18 y 34 años, la cifra cae aún más: apenas el 34 % comparte esa valoración.
El informe también indagó por primera vez en las razones de quienes no tienen hijos ni desean tenerlos. El motivo más frecuente, mencionado por el 57,3 % de los consultados, es que la parentalidad no forma parte de su proyecto de vida. Luego aparecen la ausencia de una pareja estable (38,2 %), la preferencia por viajar o vivir otras experiencias (32,6 %) y la prioridad otorgada al desarrollo profesional o educativo (30,3 %). En cambio, el contexto ambiental, social, político o económico fue señalado como un factor decisivo por el 22,5 % de los encuestados.
Las investigadoras explican que predominan las razones asociadas con los proyectos personales, la independencia y el estilo de vida, "muy por encima de los motivos económicos". En ese sentido, sostienen que las decisiones reproductivas responden cada vez más a una determinada forma de proyectar la vida adulta que a las circunstancias económicas de cada momento.
El cambio generacional también se refleja en la forma en que la parentalidad comparte espacio con otras aspiraciones personales. Según el estudio, para una parte de las nuevas generaciones el desarrollo profesional, la autonomía, la movilidad y la búsqueda de bienestar ocupan hoy un lugar que décadas atrás estaba reservado casi exclusivamente a la conformación de una familia con hijos.
No obstante, las autoras aclaran que este fenómeno no implica una pérdida del valor de la familia. Por el contrario, la vida familiar continúa siendo la principal fuente de satisfacción personal para los argentinos. Lo que cambió, afirman, es el lugar que ocupa la maternidad y la paternidad dentro de ese proyecto familiar, que hoy admite múltiples formas de realización personal.
El trabajo también advierte sobre las consecuencias demográficas de esta tendencia.
La reducción sostenida de los nacimientos acelera el envejecimiento poblacional, modifica la estructura de las familias y plantea nuevos desafíos para los sistemas previsional, sanitario y de cuidados. A su vez, el estudio señala que las políticas destinadas a incentivar la natalidad deberían ir más allá de las ayudas económicas y priorizar condiciones que permitan compatibilizar la vida laboral con la familiar, como la flexibilidad horaria y una mayor autonomía en la organización del tiempo.