Casas que se despiden: el ocaso del sol de mayo
La vivienda es de 1932 y no está inventariada como bien patrimonial arquitectónico de la ciudad.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
“Hay que cuidarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí”. Italo Calvino, de Las ciudades invisibles.
Brown al 200, una propiedad en venta desde hace tiempo, un comprador, un nuevo destino para el terreno que ocupa. Es la ciudad que cambia, casi de modo inevitable. En ese cambio, esta demolición.
La casona es de 1932. Tiene un estrecho frente de 6,94 metros, con un local para negocio y una puerta de acceso a la planta alta.
Su fachada tiene un diseño particular, con un balcón quebrado, dos ventanas apareadas en altos y sobre ellas un arco ojival. Una moldura que se curva sobre esas aberturas recorre el frente.
El detalle singular es la presencia del sol naciente, de clara inspiración en el llamado sol de mayo que puede verse en la bandera nacional, un sol con cara humana. En este caso con 19 rayos rectos, a diferencia de los del símbolo patrio que sea alternan rectos y flamígeros.
Vecino al edificio supo funcionar la concesionaria de autos de la firma Corbatta y hasta estos días una congregación religiosa.
Los usos
No es simple seguir los usos que en el tiempo tuvo el local, que cierra su historia con una casa de comidas para fiestas. Pero si se puede rescatar que entre 1937 y 1942 funcionó allí la sede de Empleados de Comercio, antes de su mudanza a la actual ubicación de Rodríguez 60.
Cuando la ocupó la entidad gremial se mencionó la existencia del amplio salón al frente –que se destinó a asambleas y reuniones--. un local para secretaría, otro para biblioteca, una sala de juegos y, en el patio, una cancha de bochas.
La planta alta seguía siendo vivienda familiar, con tres dormitorios, cocina, living-comedor, lavadero y terraza.
El inmueble como testimonio y espacio contenedor de historias dejará de estar. Sobrevivirá un tiempo en la memoria de algunos, quedará en algún registro fotográfico y en el lamento de algunos por su pérdida. Luego aparecerá una nueva obra, la que conocerán las generaciones venideras, la nueva ciudad que crece sobre la que ya no está. Quizá sea una utopía pretender una ciudad quieta e inmutable.
Un detalle
La fotografía superior es de mayo de 1940. Está tomada frente al edificio, cuando funcionaba en el lugar la sede de Empleados de Comercio. Están en la vereda haciendo entrega formal del bellísimo automóvil Chrysler Plymouth, primer premio de la rifa organizada por la entidad en la búsqueda de reunir fondos para construir su sede propia. Sorteado por la lotería nacional el ganador fue Honorio Bayón, con el número 28554, 54 la vaca en los sueños. ,