Fiti Entraigas, el hombre que hizo de Huracán su vida
Fue jugador, entrenador, utilero, canchero, cuidador y hasta encontró refugio dentro del club. Una historia de pertenencia, gratitud y amor por el "Globo".
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Hay personas que pasan por un club y otras que son el club.
Luis Rodolfo Leandro Entraigas pertenece a ese segundo grupo. A los 53 años, puede decir que hizo prácticamente todo en Huracán de Ingeniero White, ya que fue jugador de inferiores y Primera, dirigió categorías menores, se sentó en el banco de la Primera, integró la barra en su juventud, marcó la cancha, fue utilero, canchero y hoy vive dentro del predio como cuidador.
"Siempre digo que Huracán me dio más de lo que yo le di. Estoy en deuda con quienes me cobijaron y todavía me siguen dando un lugar dentro de la institución", dijo Luis Entraigas, más conocido como el "Fiti".
Su historia comenzó de muy chico. Antes de llegar al "Globo" pasó por el baby fútbol de Ernesto Pilling, debajo del puente de Ingeniero White. Allí se formaron decenas de futbolistas de Huracán y Comercial. Sin embargo, cuando su familia se mudó al bulevard eligió Huracán y nunca más se fue.
"Arranqué a jugar en octava cuando tenía 12 años. Hice pocas inferiores porque enseguida me subieron a Reserva. A los 15 años ya estaba debutando en Primera. Esa etapa la viví con mucha intensidad, porque llegué muy joven a ser parte de muy buenos equipos", señaló.
"Oficialmente mi primer partido fue en 1992, aunque ya dos años antes integraba planteles e iba al banco. Estoy seguro que en algún partido jugué algunos minutos, pero pudo haber sido alguna copa no oficial", añadió.
"A ese Huracán lo dirigían Héctor Persevalli y Daniel Chico, contando entre sus principales jugadores Mario Fernández, los hermanos Gustavo, Germán y Gabriel Ginder, Daniel Bobadilla, el arquero Leo Andragnez y Pablo Roa, además de Luis Martín, que es el actual preparador físico de la Selección Argentina dirigida por Lionel Scaloni (ver aparte)", aseveró.
A la vez que se iba consolidando, a Fiti le tocó integrar uno de los planteles más recordados del club, como el que se consagró campeón del torneo Promocional en 1995.
"Jugaba con veraderos monstruos. Marcelo Nani era un crack; no llegó más lejos porque no quiso. También estaban Andragnez, Gustavo y Germán Ginder, Pablo Roa, Alejandro Sepúlveda, Barroso, Bobadilla, Barrionuevo, Alfredo Cortina... Era un equipazo".
"Le ganamos 3 a 1 a Libertad en canha de Bella Vista, con goles de Nani, Sepúlveda y Barrionuevo. Entré en el segundo tiempo y fue una alegría enorme; no me puedo olvidar de los festejos, algo fuera de lo común. La gente de Huracán vivía el fútbol de otra manera, con mucha pasión", precisó Entraigas.
Para Fiti, el cambio de época modificó gran parte de esa esencia.
"Antes la familia iba desde temprano a la cancha, se vivía la previa y se disfrutaba del partido de Tercera, era como la película previa al cotejo de Primera, un domingo entero de fútbol, con la gente pasando la tarde en las canchas. Hoy eso se perdió...", remarcó con nostalgia.
El lateral que atacaba
En 2001, Entraigas volvió a ser protagonista, aunque en una posición impensada.
"Agarra Chiquito Lliteras y me dice: 'Vas a jugar de cuatro'. Yo no lo podía creer. Pero enseguida me explicó: 'Vos no vas a marcar. De mitad de cancha para adelante corré todo lo que puedas'. Para mí era nuevo el puesto, pero no tenía miedo al desafío porque siempre me adapté a cualquier posición. Debo ser el jugador que más puestos ocupó dentro de una cancha, porque jugué adelante, al medio -en todas las posiciones- y atrás (risas)".
"La apuesta de 'Chiquito' salió perfecta. Hice seis o siete goles ese año porque me soltaba mucho al ataque, tenía libertad para subir y aparecer por sorpresa. Luego se hizo cargo Gabriel Ginder y el equipo quedó grabado en la memoria y en las paredes del club. Estaban Adrián 'Mona' Petersic, Gustavo Ginder, Sebastián Vázquez, Pedro Valle, Javier 'Quino' Sierra, Bobadilla, Nahuelhual, Germán Ginder, Marcelo Nani y Alejandro Sierra. Teníamos un equipazo; en la final también jugaron Ezcurra y Matías Vázquez".
Sin embargo, el ascenso quedó a un paso.
"Le ganamos 4 a 1 a Libertad, pero después perdimos 1 a 0 -gol de Peña- y ascendieron ellos; terminamos segundos en el Promocional 2001. Con Adrián Petersic todavía nos cargamos por ese gol que nos hicieron a los 6 minutos del segundo tiempo, porque fue un gol de cabeza en un anticipo a la 'Mona'. Igual hicimos una gran campaña", aseguró.
"¿Cómo era 'Chiquito'? El mejor técnico que tuve. No hablo sólo por lo futbolístico; para mi era como un padre. Terminábamos de entrenar a la tardecita y nos quedábamos hasta las 20 tomando mate y hablando de fútbol. Era un adelantado, amaba dirigir. Me enseñó muchísimo", reveló
Diez segundo y a cobrar
Entre tantas historias aparece una que todavía hoy le provoca sonrisas a Fiti.
"Hice el gol más rápido de la Liga del Sur..., aunque no cuenta porque fue en Tercera. ¿Cómo fue? Antes del partido ante San Francisco le hablé al árbitro (Fons). 'Avisame cuándo vas a tocar el silbato'. Me preguntó qué iba a hacer. 'Apenas pites le pego desde acá'. Y no lo dudé, le metí con todo ni bien me tocan el balón y el arquero estaba adelantado. Habían pasado diez segundos; fue tan raro que ni lo gritamos (risas)", recordó.
Una deuda de gratitud
Entre todas las historias hay una que explica el vínculo de Fiti con Huracán. Cuando era chico, en su casa no había agua caliente, por lo que había que buscar un lugar donde bañarse.
"Vivíamos mi mamá, mi padrastro y mis tres hermanos. Venía al club y le pedía al canchero si me dejaba bañar. No sé si era porque me veía cara triste que siempre me decía que sí. Ese gesto me llevó a querer a Huracán como si fuera mi propio hogar", apuntó.
Décadas después, otra vez Huracán estuvo cuando más lo necesitaba.
Tras perder su vivienda durante una inundación, el club le dio una casa dentro del predio para vivir.
"Fui hincha, jugador, estuve en la barra, dirigí las inferiores y tres partidos en Primera; también utilero, canchero y ahora soy el cuidador del club. Todo lo que soy lo viví acá, en cada rincón del club. Por eso siempre digo que Huracán me dio mucho más de lo que yo pude dar", resaltó.
"Nunca cobré un peso mientras fui futbolista. Mis ganas de calzarme la camiseta superaba todo, con eso ya me pagaban. Acá veníamos a cortar el pasto, a pintar la cancha, a marcar las líneas. Si había que hacer algo, se hacía y jamás se pedía nada a cambio", amplió.
Hoy, mientras cuida las instalaciones del "Globo" y sigue cada partido desde adentro, siente que el círculo está completo.
"No me imagino mi vida sin Huracán. Entré cuando tenía 12 años y nunca más me fui. Mi historia se escribe en el bule y, seguramente, acá me voy a morir", resumió.
Un amigo que terminó en la Selección
Entre los tantos futbolistas que pasaron por Huracán hubo uno que dejó una huella especial, el platense Luis Martín.
El delantero llegó a Ingeniero White a comienzos de los años noventa, cuando el Globo reforzaba el plantel con jugadores de distintos puntos del país.
"En esa época Huracán traía cuatro o cinco jugadores para los puestos que necesitaba. Luis era un animal, tenía una potencia que te dejaba parado. Paraba en una casa frente a la Escuela Nº 21. Ahí estaban con Britos, Mario Fernández y Heredia. Eran todos muy buenos jugadores y muy buenas personas", dijo.
Con el tiempo, Martín dejó el fútbol, estudió, se convirtió en preparador físico y desarrolló una carrera que lo llevó a ocupar cargos de máxima responsabilidad.
"La primera vez que Martín volvió a White fue como responsable del Aprevide. Le tocó habilitar la cancha de Huracán, no lo podía creer. Después siguió creciendo hasta trabajar en la Selección Argentina. Me pone muy contento porque cuando jugaba ya era un fuera de serie", subrayó.
Aunque hoy el contacto es esporádico, Fiti sigue cada uno de sus pasos.
"Cuando podemos lo saludamos por Facebook. Sabemos la vida que lleva, que está siempre viajando y ocupado. Uno no quiere molestar, pero lo recordamos con mucho cariño", sentenció.
El fútbol después del fútbol
Aunque dejó la competencia oficial a los 38 años, Entraigas nunca pudo alejarse de una pelota. Siguió jugando en las ligas comerciales, en torneos de veteranos y hasta encontró una nueva etapa goleadora antes del retiro.
"No quería entrenar más, quería disfrutar. Entonces empecé a jugar en las ligas comerciales y en los torneos de veteranos", contó.
Una de esas historias nació casi por casualidad, mientras trabajaba junto a Martín "El Cuzco" Melcón.
"Estábamos haciendo un techo y me dice que en la UOCRA estaban buscando un nueve para veteranos. 'Preguntá si tienen ganas de que vaya'", le dije.
"El primer año salí goleador con 26 goles y, además, ganamos el campeonato. Me reencontré con viejos conocidos del fútbol liguista, como 'Rapita' Coletto y Emilio Martínez. Éramos varios que habíamos jugado en la Liga del Sur y terminamos compartiendo otra vez un vestuario", apuntó.
Entraigas jugó sólo para Huracán: 1992 Liga del Sur (5 PJ, 1 gol); 1993 Liga del Sur (1 PJ); 1994 Liga del Sur (1 PJ); 1995 Promocional (17 PJ, 1 gol, 1 expulsión); 1997 Liga del Sur (8 PJ); 1999 Promocional (14 PJ); 2000 Promocional (19 PJ, 2 goles, 2 expulsiones); 2001 Promocional (22 PJ, 5 goles, 1 expulsión); 2002 Promocional (8 PJ, 1 gol, 2 expulsiones, 1 penal ejecutado y convertido); 2003 Promocional (14 PJ, 4 goles); 2004 Promocional (8 PJ, 1 gol); 2005 Promocional (1 PJ, 1 expulsión). Total: 118 partidos jugados, 15 goles, 7 expulsiones, 1 PEJ y 1 PCO. (Datos: Eduardo López).
Del barro al sintético
Cuando Fiti recorre hoy el predio de Huracán, inevitablemente compara el presente con aquellos años en los que jugar de local era casi una prueba de supervivencia.
"Hoy tenemos vestuarios de primer nivel, no como antes que eran un desastre. Te tenías que bañar rápido porque se terminaba el agua caliente. No había ventiluz, no había vidrios. Cuando soplaba el viento del sur te morías de frío", aseveró.
"Más de una vez nos bañamos con agua fría. Había llaves de luz que daban corriente y para encenderlas agarrabas un palo o corrías riesgo de quedar electrocutado, jaja. Cuando veo las luces, la cancha nueva, la platea y los vestuarios pienso que estoy en otro club. Hace veinte años era impensado", aclaró.
"Todavía recuerdo que me peleaba con todos los técnicos y preparadores físicos para que me cuidaran el piso, que siempre estaba mal. Ahora me toca ser el cuidador del patrimonio del club y ya no habrá césped natural sino sintético; es como vivir en otro mundo", comparó.
Durante años, una de sus tareas era llegar antes que todos para tapar -pala mediante- pozos, sacar agua de los charcos, marcar las líneas y tratar de presentar la cancha de la mejor manera posible.
"Había que hacer milagros para que se pudiera jugar, jajaja. Las obras que se van a inaugurar transformaron completamente el predio; será un lujo para mucha gente y en eso también tienen que ver dirigentes como Marcelo Osores, Hugo Carlino, Pabo Roa, 'Elvio y otros que se arremangaron para cambiar la imagen de Huracán. No sé si me voy a emocionar, pero si puedo decir que me siento orgulloso de estar", adelantó.
El trabajo más duro
Durante algunos años tuvo que alejarse parcialmente del fútbol para ganarse la vida. Trabajó en el ferrocarril limpiando vagones cerealeros y también los que transportaban aceite.
"Nos podían tocar ciento veinte vagones en un día. Subía con el soplete de aire para limpiar el piso. Otros compañeros estaban abajo sacando lo que quedaba pegado", dijo.
Cuando llegaban los vagones aceiteros la tarea era todavía más sacrificada.
"Entrábamos por una abertura muy chiquita y sacábamos con baldes toda la borra del aceite. Siempre tenía que quedar uno afuera por si pasaba algo. Muchas veces arrancábamos a las tres de la mañana para evitar el calor. No había sábados, domingos ni feriados; si sonaba el teléfono había que ir", afirmó.
Después pasó por la empresa Vale, cuando se construía el proyecto de potasio frente al puerto. Allí permaneció cerca de tres años hasta que la obra se paralizó. y poco tiempo después volvió definitivamente al lugar donde siempre sintió que pertenecía.
"Un día el 'Mumi' Alonso me vino a buscar, eso fue hace diez años", contó, a la vez que sostuvo que su tía Miriam fue quien decidió apodarlo "Fiti".
"Había un dibujito que, según decía, se llamaba Fito y tenía el labio levantado, igual que yo. Empezaron a decirme Fito, después cambió a Fiti... y nunca más me llamaron Luis", dijo.
Los ídolos y el rival de siempre
Recuerda que incluso participó de la creación del nombre de la barra "La Fiel", junto a su tío Daniel Candel y un grupo de amigos que se juntaba para hacer changas y juntar dinero para seguir al equipo.
"Nunca hubo violencia, éramos todos amigos. Hacíamos cajitas para ganar unos pesos y poder viajar o salir. Todo era por Huracán", reveló.
Aunque muchos lo consideran un símbolo del club, él rechaza el rótulo.
"No soy ídolo, apenas un tipo muy conocido porque hace muchos años que estoy. Los ídolos de Huracán son muchos y el más reciente es 'Aguita' Alonso", sintetizó.
La humildad aparece otra vez cuando habla del clásico con Comercial.
"Tengo muchísimos amigos del otro lado. Nos cargamos, claro, porque así tiene que ser un clásico. Antes ellos traían jugadores de todos lados y Huracán jugaba con pibes del club. Hoy se dio vuelta, cambiaron las épocas", observó.
El viaje más largo, ni una palabra
Entre las cientos de historias que guarda de sus años como futbolista hay una que Fiti cuenta entre risas y que, según admite, es su favorita. Ocurrió en 2001, cuando Huracán peleaba por meterse en el cuadrangular que terminaría depositándolo en la final por el ascenso.
"No nos daban dos pesos. Nadie pensaba que podíamos llegar tan lejoos. El plantel estaba lejos de las comodidades que hoy ofrece el fútbol, no había colectivos para trasladarse ni concentraciones; cada jugador viajaba como podía. Y nos tocó ir a General Cerri", contó.
"Siempre viajaba con Adrián Petersic, mi amigo. Ese domingo visitamos a Sansinena, ganamos 2 a 0 y dimos un paso decisivo rumbo a la clasificación. Sin embargo, el resultado pasó a segundo plano por una discusión que tuve con Adrián en pleno partido", añadió.
"Yo jugaba de central y Adrián atajaba. En una acción quise rechazar una pelota, le pifié y casi meto un gol en contra. Ahí empezamos a discutir, hasta subir bastante el tono. Terminó el partido y seguíamos cara a cara. La gente de Huracán no entendía qué pasaba", graficó.
Entraron al vestuario sin dirigirse la palabra. Se bañaron y se cambiaron en silencio. Y cuando llegó el momento de volver a Ingeniero White apareció un detalle que hacía todavía más insólita la escena, porque tenían que regresar juntos.
"Viajábamos con él en un Citroën 3cv. Desde Cerri hasta la casa de Adrián no hablamos una sola palabra. Ni un comentario sobre el partido, ni una explicación, ni disculpas. Eso sí, prendía un cigarrillo, se lo alcanzaba a él, después prendía el mío... y seguíamos sin hablar. Encima el 3cv no tenía la manija para bajar el vidrio como los autos de ahora. La tensión duró todo el viaje", aclaró.
"Recién en el entrenamiento siguiente bajamos la guardia y empezamos a reír. Hoy lo recordamos y nos morimos de risa", agregó.
Fiti también hace una pausa para agradecer a su familia.
"Mi esposa Fernanda, mi hija Juana y mi querida sobrina Tiziana. Son la fuerza que necesito para despegar desde temprando cada día", expresó.
Mientras la charla termina, Fiti vuelve a caminar por el club como lo hizo miles de veces desde que era un chico. Saluda a todos; a jugadores, dirigentes y a los padres que llegan con sus hijos para un entrenamiento, varios de ellos amigos que se quedan a tomar unos mates.
Quizá por eso, cuando cae la tarde sobre el Bulevard y el movimiento empieza a apagarse, él sigue ahí caminando despacio entre el césped, los vestuarios y las tribunas. Como hace más de cuarenta años.