El legado de un equipo inolvidable
Mientras la llama del Mundial comienza a apagarse, quedan palabras que ayudan a poner las cosas en perspectiva.
Periodista, conductor y realizador televisivo, columnista en medios de difusión nacional. Nativo de Coronel Dorrego, alterna residencia entre Sauce Grande y Capital Federal. Conduce el ciclo ESAS PEQUEÑAS COSAS en BVC Bahía Blanca.
El Mundial ya es historia reciente y empezamos a extrañarlo.
No hay sueños ni Cenicientas eternas. En algún momento despertamos y la carroza vuelve a ser calabaza. Regresamos a la vida cotidiana, pero nadie podrá quitarnos lo bailado.
Vivimos momentos únicos e inolvidables. En cuatro años disputamos dos finales: campeones en Qatar, subcampeones en Estados Unidos. Y la épica victoria frente a Inglaterra cotizó en la bolsa de los sentimientos argentinos como otra final. Quizá la más esperada.
La Argentina produce y exporta jugadores y técnicos de fútbol. Los potreros y los clubes de barrio siguen siendo semilleros inagotables de donde surgirán los próximos Maradona, Messi y tantos otros que vestirán la camiseta de la Selección. También son cantera de entrenadores. El mejor ciclo de la historia del seleccionado difícilmente habría sido posible sin la humildad, la capacidad para conducir un grupo y la inteligencia de Lionel Scaloni.
Hoy una inmensa mayoría de los argentinos desea su continuidad. La decisión, naturalmente, será solo de él.
Mientras tanto, en las redes sociales y en algunos medios volvió a circular una versión tan llamativa como infundada: que en la final los jugadores actuaron condicionados por un supuesto ultimátum de la FIFA, según el cual, si Argentina ganaba el campeonato después de exhibir la bandera con la leyenda de Malvinas, recibiría una suspensión de diez años.
Umberto Eco advirtió que las redes sociales les dieron voz a "legiones de idiotas" y transformaron al "tonto del pueblo" en un supuesto portador de la verdad.
El periodismo, en cambio, tiene otra obligación: verificar la información antes de difundirla.
Eso fue lo que hice. Los hechos desmienten categóricamente esa versión.
La FIFA no contempla una suspensión de diez años por exhibir una bandera o un mensaje reivindicativo durante un Mundial. En estos casos, el reglamento prevé, eventualmente, sanciones económicas por incumplimiento de las normas de neutralidad política. En el caso argentino, la Comisión Disciplinaria descartó sanciones deportivas para los futbolistas o la descalificación de la Selección y limitó el proceso a un expediente que deriva en una multa económica. Las suspensiones prolongadas a una federación solo se aplican por situaciones de extrema gravedad institucional, como una intervención gubernamental sobre la asociación nacional, nunca por una bandera exhibida al finalizar un partido.
La peor campaña contra la Selección no siempre llega desde el exterior. A veces nace entre nosotros, cuando se instala la sospecha de que un equipo capaz de conmover a un país entero salió a jugar para perder.
Mientras la llama del Mundial comienza a apagarse, quedan palabras que ayudan a poner las cosas en perspectiva.
Harry Kane confesó que creció viendo a Messi redefinir lo que era posible hacer con una pelota y que jamás imaginó enfrentarlo vistiendo la camiseta de Inglaterra. "Ha sido un honor tenerte como rival. Respeto eterno", escribió.
Y Luis Enrique dejó una reflexión que merece ser enmarcada: "Ser subcampeón no es fracasar. Fracasar es dejar de intentarlo. Y si algo demostró este grupo durante años fue que siempre supo levantarse después de cada golpe. Los campeones del mundo volvieron a competir hasta el último minuto, dejando el alma por la camiseta y representando a todo un país con orgullo."
Las cosas en su lugar para que sigan siendo eternos los laureles que supimos conseguir.